sábado, 9 de septiembre de 2017

La profundidad del sueño

En la cueva del barranco de Tamaraceite era difícil aguantar el hambre, Octavio Travieso se debatía en si acercarse al antiguo ayuntamiento tomado por los falangistas para entregarse, o seguir resistiendo las condiciones infrahumanas de la evasión.

Por Juan Cabrera el pastor de cabras supo que el alcalde Juan Santana estaba condenado a muerte tras consejo de guerra sumarísimo, que habían desaparecido a unos quince hombres del municipio, que hasta el secretario municipal Antonio Ramírez y el jefe de la policía local Manuel Hernández iban a ser fusilados, junto a los sindicalistas Matías López y Francisco González el próximo 29 de marzo del 37.

Tantos camaradas ahora muertos o a punto de ser acribillados a balazos que el pobre muchacho se estremecía en el fondo de la cueva, en medio del barranco de Los Dragos, donde siempre sale el chorrito de agua fresca de su manantial eterno, un agua cristalina, siempre fría hasta los meses más duros de calor, un agua que le aliviaba el hambre, las heridas de su cuerpo desnutrido, al borde del colapso por la falta de alimentos, por las condiciones extremas de vida en la profunda caverna que casi nadie conocía.

Por el fondo del barranco Octavio escuchaba el estruendo de la botas de los falangistas y guardias civiles rastreando a sus presas, sabía que donde estaba era imposible que llegaran, la cueva era prácticamente ilocalizable, se confundía con el paisaje, además estaba en lo más profundo del espeso bosque de tarajales, tiles, palmeras, orovales, acebuches, cardones, tabaibas gigantes y eualiptos muy antiguos, plantados en los primeros años posteriores a la conquista de Gran Canaria.

Se entretenía al caer el sol viendo a los conejos que salían al claro del bosque a juguetear, daban saltitos con las orejas tiesas, los ojos brillantes de felicidad al margen de todo aquel drama que vivía el pueblo canario en aquellos años, los conejos desconocían que ya habían desaparecido a miles de mujeres y hombres, que un golpe de estado había acabado con las esperanzas de libertad, prosperidad y progreso de todo un pueblo, que ahora los cazados no eran ellos sino los isleños que pensaban diferente a los fascistas, que las brutales cacerías ya no eran con los podencos y los hurones, que ahora se organizaban batidas de cientos de hombres armados para capturar uno por uno a cada comunista, a cada socialista, a cada anarquista, a cada maestro, a cada abogado, a cada jornalero, a cada pensamiento libertario que pudiera suponer una amenazas para el nuevo régimen fascista.

Acurrucado en el interior se comía los tunos rojos, higos chumbos como decía su amigo Pablo Damián el gallego, salía de noche a recolectar el poco alimento que había en la zona, había aprendido a caminar en la oscuridad, parecía intuir los obstáculos, los precipicios, los agujeros profundos como el dolor de su corazón, incluso un día estuvo casi dos horas observando a varios falanges hablando junto a una hoguera en la finca de Los Molina, se sentía invisible, los miraba, escuchaba su verborrea repleta de odio, hablaban de los crímenes masivos, de las desapariciones de cientos, de miles de republicanos en cada agujero del terror, en los pozos, las simas, las profundidades marinas.

Conocía a varios de los falanges, pobres hombres que apenas aportaban en la sociedad, varios con antecedentes policiales por peleas y abusos sexuales a mujeres, incluso a menores. Tipos con fama de borrachos, de antisociales, de insolidarios, que ahora ocupaban un alto rango en el llamado “glorioso movimiento nacional”.

La noche del 27 de febrero de 1937 Octavio se adentró triste en la gruta, atravesó una grieta tan estrecha que había que pasar arrastrándose y tragando tierra, siguió andando hacia las profundidades, no paró hasta llegar a un lugar donde el agua brotaba del suelo, un gran lago de agua salobre, una cúpula de piedra tan alta como la montaña de San Gregorio, decidió tumbarse en posición fetal, ya no hacía frío, hasta dormirse profundamente y comenzar a soñar con mariposas.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

Gruta templo aborigen de Risco Caído (Artenara, Gran Canaria)

2 comentarios:

  1. Conocer la historia de las isla jamas contada pone los pelos de punta y hace estremecer el alma,que actos tan viles pudieran hacerlo personas a otras personas.....un saludo...esperando el libro....como agua de mayo.

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  2. Muchas gracias, me alegra mucho que te sirva para conocer un poco más lo que sucedió en nuestra tierra. El próximo libro "Oráculo del olvido" recogerá este y otros cien relatos. Un abrazo.

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