domingo, 10 de septiembre de 2017

Huesos y polvo

Las rayas de coca eran largas en el despacho del concejal de urbanismo que siempre llamaba a los colegas de otras concejalías para disfrutar del polvo colombiano, ese día se acercó hasta el alcalde con el bigote rasurado, casi en broma comentó sobre los huesos que habían encontrado al remover la tierra de las obras en la cuneta de la autovía junto a la playa cerca del antiguo istmo:

-Habrá que volver a enterrarlos y con unos buenos sacos de cal viva- dijo entre risas tras esnifar el concejal de distrito centro, el que siempre participaba en las misas en honor a Franco cada 20 de noviembre en la Ermita de San Telmo.

Los cuatro enchaquetados dieron cuenta en menos de cinco minutos de un gramo y medio de droga, llamando a dos de sus secretarias para que les acercaran los informes sobre el macabro hallazgo.

-Se trata de restos del franquismo, no son más que rojos hijos de puta que debemos tapar como hacen todos los constructores de la isla- comentó el concejal de Vías y Obras.

Los hombres se sirvieron una ginebra con tónica y llamaron al jefe del gabinete de prensa, había varios medios interesados en los huesos, la idea era que se estructurara una estrategia mediática para dilatar y dar a entender que los restos humanos eran recientes o que eran de animales, en unas semanas nadie querría saber esta cuestión.

-Mucho cuidado con que este tema salga a la luz pública- dijo el alcalde con una especie de tic en la boca por la cantidad de coca esnifada y el amargor de su boca.

Las periodistas dos chicas jóvenes de un medio digital y otro escrito, junto a otro de una emisora de radio escucharon la diatriba del concejal responsable de dichas obras:

-No hay nada demostrado sobre que puedan ser restos antiguos del tiempo de los aborígenes o de la guerra civil, son huesos recientes según el constructor, posiblemente sean de animales que alguien enterró junto al parque cercano a los locales municipales-

Las redactoras tomaban nota, el de la radio grababa con un móvil las tergiversadas declaraciones del edil, que también era consejero delegado de una constructora del sur de la isla, muy conocido por sus pelotazos y afición por aprobar planes parciales y campos de golf en zonas protegidas:

-En cualquier obra se encuentran huesos y en un 99% de veces son de animales ¿Cómo se van a encontrar restos humanos junto a una comisaría?- dijo entre risas ante los ojos asombrados de las dos reporteras y el locutor de radio.

El alcalde volvió a su despacho de la sexta planta acompañado de sus dos escoltas que lo esperaban en la puerta, el resto de concejales siguieron tomando gin tonic un buen rato, el director general de recursos humanos se acercó también a la “reunión-fiesta”:

-Pues si son del franquismo lo que hay que hacer es desaparecerlos de nuevo- comentó entre las carcajadas de sus colegas de partido.

El de urbanismo hizo una llamada al Cabildo para evitar que técnicos del Servicio de Patrimonio Histórico se acercaran al lugar de los hechos, había que evitarlo:

-No queremos arqueólogos revolviendo mierda hay que taparlo todo y que esos huesos se metan esta noche en un osario del cementerio o que las excavadoras los destruyan- dijo mientras el resto de cargos públicos del partido franquista asentían con la cabeza.

La borrachera comenzaba a hacer sus efectos y decidieron irse a pie a la casa de putas de lujo de Ciudad Jardín, desde la ventana una de las secretarias miraba con tristeza al grupo de fascistas, recordaba los ojos tristes de su abuela Julia, su mirada cuando le hablaba del asesinato de su padre en el centro de detención y tortura de la calle Luis Antúnez junto a la playa de las Alcaravaneras. 

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Un cráneo, con un tiro en la sien, en una fosa común en la provincia de Burgos. Álvaro Minguito

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