lunes, 18 de septiembre de 2017

Voces desde el abismo

Desde la montaña sobre la playa de La Laja Mario Acosta vio llegar los camiones de plátanos cargados de hombres, no se escuchaba nada, le llamó la atención el silencio sepulcral de quienes iban a ser arrojados al mar, solo el ruido y el olor del combustible de los vehículos de la muerte.

Comenzaba a amanecer y el joven se quedó agazapado entre los cardones sin mover un músculo, si lo detectaban podría ser terrible, significaría su detención inmediata, torturas brutales y su asesinato.

Observó como llegaban varios coches de lujo con falanges dentro, caras muy conocidas, gente de la oligarquía agrícola isleña, terratenientes, curas, hasta dos hijos de la Marquesa y el Conde que vestidos de azul y pistola al cinto dirigían aquella especie de  “Operación masacre”.

Luego los camiones cargados y un grupo considerable de hombres en un estado lamentable, posiblemente los traían de los centros de detención y tortura de Arenales, Cardones y Alcaravaneras, de los campos de concentración de Las Torres, Gando o La Isleta, también muchos directamente de sus casas con paradas en el camino para golpearlos salvajemente, varias mujeres, pero en su mayoría hombres, entre los tres camiones podría haber como 54 personas.

Desde que se detuvieron los bajaron de los vehículos a golpes, a culatazos, a patadas, varios se quedaron al fondo aferrados al suelo, agarrados a los laterales o a las cuerdas con las que amarraban los productos agrícolas.

Cuando se resistían era mucho peor, subían los falangistas comenzaban a patearlos en la cabeza, en la cara, en el vientre, en sus genitales, hasta que los muchachos que en su mayoría no superaban los treinta años salían arrastrándose como serpientes.

Una vez todos alineados junto al acantilado de La Marfea, procedían a amarrarles los pies y las muñecas con el hilo de pitera, los falanges los introducían a la fuerza en los sacos de plátanos, los hombres se resistían, pero los fascistas los golpeaban, les daban culatazos con los máuser, latigazos con las varas de acebuche o las pingas de buey.

Un montículo de piedras y lajas de playa servía para introducirlas en los sacos con los hombres dentro, su objetivo era que se hundieran rápidamente en el fondo marino, que las fuertes corrientes de esta zona de Gran Canaria los arrastraran mar adentro y no salieran nunca más a la superficie.

Acosta parecía estar soñando, conocía a muchos de los jóvenes, algunos compañeros de reuniones sindicales, taifas y fiestas, identifico a Rosita Travieso la maestra anarquista del barrio de San Juan, se le erizó la piel cuando comenzaron a arrojarlos al abismo, los gritos de las mujeres y hombres, la frialdad de los falangistas, guardias civiles y curas, las risas de los terratenientes que no paraban de tomar ron de caña directamente de las botellas.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

Mujer encontrada  La Floresta (Uruguay), las fotos están acompañadas por un informe que dice que presenta
 "fractura de muñecas, como si hubiera estado colgada de ellas; quemaduras en ambas manos; 
derrame sanguíneo interno provocado por la rotura de vértebras"
 y "zona pubiana, anal y perianal destrozada con objetos punzantes.
Fuente:  Comisión Interamericana de Derechos Humanos

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