miércoles, 20 de septiembre de 2017

Corazones de cielo

El recién nacido no paraba de llorar cuando el viejo falange Vitorino Socas lo llevaba en brazos al coche de Acción Social de la organización fascista, Carolina Sánchez reclamaba a gritos que le devolvieran a su hijo, la custodiaban varios hombres de azul que habían detenido a su marido Juan Acosta militante de la CNT, la partera miraba anonadada, casi no le dieron tiempo de cortar el cordón umbilical, ni siquiera que el chiquitín tuviera sus primeros instantes de amor en la vida sobre el pecho, los brazos y los besos de su madre.

El teniente de la Guardia Civil Francisco Samsó ordenó que llevaran a Carolina a la conocida como “Casa de mujeres” en los terrenos de la Marquesa en las afueras del municipio de Moya, una vieja mansión con una fuente seca a la entrada, utilizada como prostíbulo por los mandos del alzamiento en la isla de Gran Canaria.

Retuvieron a la partera con intención también de detenerla hasta que fue reconocida por uno de los falanges que dijo “que era mujer de bien”, colaboradora del sacristán de la iglesia de El Pino en Teror en los cuidados del manto y las joyas de la Virgen.

Al momento le desataron las sogas que ya le tenían los brazos casi paralizados por la interrupción de la circulación sanguinea.

El vehículo donde llevaban al bebé no arrancaba, uno de los falanges le daba a una manivela en la parte delantera, los llantos del niño anulaban los gemidos del viejo motor ante los intentos de que pudiera salir hacia la cercana mansión de Casablanca, el punto clave de la venta masiva de las niñas y niños robados por los fascistas en cada rincón del territorio insular.

Carolina casi no podía caminar y la llevaron entre la partera y dos falanges dejando gotitas de sangre que salían de su vientre a cada paso, la muchacha seguía gritando, intentaba zafarse para ir al coche a recuperar a su niño:

-Quiero a mi niño, quiero a mi niño, ladrones, quiero a mi niño- decía con la voz rota, hasta que por detrás el cacique Armando Rosales la golpeó en la cabeza con la pinga de buey.

La muchacha cayó al suelo fulminada con una brecha en la nuca por donde manaba abundante sangre, la partera trató de cortar la hemorragia con su delantal, pero uno de los requetés la agarró por el pelo y la arrastró fuera de la columna de falangista que rodeaban la casa de la joven pareja.

Dos hombres de azul sacaron a Carolina en volandas hacia uno de los camiones donde había varios hombres detenidos, sangraba copiosamente, los hombres con las manos atadas la miraban sin poder hacer nada, el mínimo movimiento podía suponer un culatazo en la cabeza, incluso un disparo de las pistolas Astra que brillaban en las cinturas de los falanges.

Entre los detenidos estaba el médico Santiago Jiménez Luján nacido en Artenara, que sabía por el color de la piel de la mujer que ya estaba muerta, no dijo nada, se mantuvo callado, era consciente que de allí los llevarían a cualquiera de los centros de detención y tortura, donde posiblemente a los dos o tres días de sesiones diarias de maltrato brutal los asesinarían y desaparecerían.

El bebé paró por un instante de llorar, se le veía su cabecita dentro del coche negro, buscaba con su boca el pecho de su madre, el falangista lo tenía agarrado como quien lleva en sus manos un pequeño saco de tomates, no existía un mínimo de cariño, de ternura, se incorporaba Santiago Cubas el viejo cura nacido en El Palmar, cuando lograron arrancar el fotingo que salió a toda velocidad dejando una estela de polvo y humo, las nubes formaban pequeños corazones.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

Imagen de la  mano atada de una mujer encontrada en la uruguaya Laguna de Rocha,
 con salida al mar, el 22 de abril de 1976, tenía pintadas las uñas del pie, presentaba
 lesiones de violación vaginal y anal, víctima de los asesinatos fascistas de la dictadura.
Fuente: Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

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