sábado, 19 de agosto de 2017

Premonitoria tristeza

El amarillento cielo no presagiaba nada bueno, el mar estaba más encrespado que nunca, su espuma impregnaba las pieles de cabra y las hacía más vivas, como si resucitaran los ancestrales animales mágicos, de lo lejos venían naves que parecían volar sobre las olas gigantes de Agaldar, el frío inundó la quebrada, el barranco dejó de oler a romero y los inciensos de los rituales de repente desaparecieron.

El paredón de La Isleta aparecía en aquel viaje por el tiempo, un grupo de cinco hombres iban a ser ejecutados, todo se mezclaba como en una nebulosa ininteligible, los gritos en una lengua perdida, las consignas de quienes iban a morir acribillados a balazos.

Adassa parecía ver el futuro, no entendía aquellos nubarrones, pero si veía como de lanzas negras salía fuego que destruía a los hombres vestidos con ropas extrañas, muchachos jóvenes que caían sobre un charco de sangre entre las cortantes piedras volcánicas al grito de hombres vestidos de azul, todo era azul en aquel siniestro futuro, se repetía el genocidio en otro tiempo, parecía que aquella tierra estaba condenada a seguir sufriendo el exterminio de su gente.

Las cruces, las espadas, las espingardas y aquellos seres de hierro a caballo asesinaban por toda la montaña hasta la cumbre, el universo se venía abajo, no quedaba nada más que huir después de la guerra de cinco años en inferioridad, la resistencia en la isla deTamarán de las almas amparadas por el Dios Sol, hasta que todo terminó en nada, las filas de mujeres y niñas entrando en los barcos para llevarlas más allá del horizonte como esclavas.

La muchacha daba a luz en la lúgubre bodega de la nave con una cadena atada al cuello, salía su niño amado, Pedro Gregorio, aunque ella prefería llamarlo Doramas cuando nadie la escuchaba. No desaparecía cada vez que cerraba los ojos aquella imagen premonitoria, hombres y mujeres arrojadas a los agujeros volcánicos, a los pozos, a los acantilados marinos, se repetía la historia tantos años después, aunque no sabía si era el pasado o el futuro, solo que de nuevo sucedía o quizá ya había pasado.

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Pintura de Ernest Descals

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