miércoles, 19 de julio de 2017

La sombra del tiempo

Valentina entonaba una canción junto a Locomotoro, el Capitán Tán miraba por un telescopio pequeñito las estrellas que podía abarcar la exigua pantalla de televisión en blanco y negro de la comisaría del viejo barrio de San Andrés, al sargento Cristo Fumero le gustaban los Chiripitifláuticos, aprovechaba los interrogatorios para hacer un descanso y sumirse en aquel sueño perdido. Los gritos y alaridos de los torturados no inmutaban su cara de niño realejero, todo lo contrario, se metía más en el papel, sentado sobre el banco de madera con las manos manchadas de sangre.

La rutina más siniestra cada día en aquellos finales de los 60, cuando habían llegado noticias recortadas del asesinato del guerrillero heroico, de que en París los jóvenes levantaban los adoquines para que crecieran flores entre el asfalto.

Detener, torturar, maltratar, vejar, humillar, encarcelar era la consigna y contaba con el beneplácito de gran parte del pueblo, de empresas, constructoras, curas y obispos que respaldaban al régimen fascista en aquellos años negros.

Las islas no despertaban de la pesadilla de los años 30 y 40, cuando el genocidio sin guerra se llevo la vida de miles de canarios, esa losa de horror sigue pesando, se lleva en las entrañas de la conciencia, allí donde el terror deja marcas eternas.

El sargento chiripitifláutico veía como los promotores del crimen iban reciclando ideas para el cambio que se avecinaba, seguir robando, enriqueciendo sus fortunas en lo que empezaban a llamar “democracia”, y no era más que una burda mentira para que los mismos asesinos y sus herederos siguieran en el poder para siempre.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

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