martes, 20 de junio de 2017

Rostros de mujer

Y aquella mujer se le aparecía con distintas caras, unas veces parecía una heredera originaria de mediana edad, otras alguien muy mayor aunque solo tuviera 30 años, a veces una niña entre la penumbra de las sabanas, la luz tenue de la noche, los rayos de la luna que se colaban por las grietas de las viejas persianas de madera.

En otros momentos mientras la amaba cambiaba el rostro, brillaba o parecía tan triste y desvalida como las muertas desperdigadas en la ladera del horror antiguo, del genocidio ancestral.

De repente cuando todo se tornaba irremediablemente triste resurgía del fondo de sus ojos un brillo de luz, una sonrisa que parecía iluminar la interminable noche del fuego y la semilla.

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Jorge Ignacio Nazabal, Pintor de La Habana Cuba  

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