jueves, 8 de junio de 2017

Paterna: sobreseimiento de la esperanza y la justicia

No solo políticos que tapan crímenes fascistas en Las Palmas de Gran Canaria, también juezas en Valencia insensibles a la sangre de las cientos de miles de personas asesinadas por el franquismo, echando cal viva sobre las cunetas y fosas comunes en forma de dilaciones, mentiras, autos judiciales vergonzosos y otras medidas, que lo único que pretenden es seguir manteniendo en el olvido el terrorismo de estado de un régimen criminal.

Sobreseer una causa que había ilusionado a las familias en su noble afán por recuperar los restos de su muertos es una muestra de cómo funciona un régimen podrido, un gobierno al servicio del fascismo, del genocidio, del holocausto que masacró las vidas de tantas personas inocentes, que torturó, que violó, que desapareció a lo mejor del pueblo español, imponiendo una dictadura que convirtió España en el segundo país del mundo después de Camboya con mayor número de personas asesinadas y enterradas en fosas comunes.

Este sobreseimiento supone que de los miles de asesinados en el cementerio de Paterna no quedará constancia de que los mataron sin respetarse sus derechos, un proceso que era la última oportunidad para que se hiciera justicia y que la jueza con apellido de general franquista ha vetado pisoteando los derechos constitucionales de las familias de las víctimas del terror fascista.

A igual que otra jueza de Las Palmas en otro Auto Judicial de hace unos años sobre las personas asesinadas en la fosa común del cementerio municipal se habla de “prescripción” al no encontrarse huesos de hace menos de 70 años, cuando la señora Moscardó sabe a la perfección que los crímenes de lesa humanidad jamás prescriben.

La mayoría de magistrados de la marca España siguen las directrices de un gobierno cómplice, sin vergüenza y con las manos manchadas de sangre, que trata de ocultar, de encubrir, de tapar los huesos de quienes fueron masacrados por defender la democracia y la libertad, seguir encubriendo los nombres y apellidos de los pistoleros genocidas que convirtieron este país en un cementerio.

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Esqueletos de una fosa común con las manos atadas con alambres, 
en Málaga. / JULIÁN ROJAS

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