jueves, 13 de abril de 2017

El partisano de la memoria

El jodido ictus le había borrado lo más íntimo de su memoria partisana, aquella parte heroica de cuando “El canario” galopaba entre los tanques nazis con los bolsillos de la raída chaqueta repletos de granadas. Parecía un leopardo indomable con su gorra y su barba cana, corriendo ágil, a una velocidad imposible de descifrar por los genocidas, aquellos fascistas que saltaban en pedazos entre la metralla y las humaredas de las calles rojas de sangre del bulevar parisino.

Le costaba recuperar el movimiento de la parte izquierda de su cuerpo, postrado en su cama en el sur de Tenerife, recordaba aquellos años de lucha por la libertad, donde junto a sus camaradas fueron capaces de arrinconar nada menos que a los ejércitos de Hitler en la Francia ocupada.

Allí en Las Galletas el olor del mar inundaba la blanca habitación, las sabanas frescas que cada día cambiaba la joven y bella Rocío, con la que mantenía conversaciones interminables sobre lo divino y lo humano, mientras recuperaba la entonación de su voz, la precisa colocación de sus labios y su lengua en cada palabra, tras el huracán de coágulos que destrozaron la parte más racional de su cerebro.

Miguel miraba por la ventana y pensaba en cuando decidió desaparecer sin honores ni medallas tras la operación en la batalla de las Ardenas, meses después de entrar victoriosos en Paris junto a La Nueve en agosto de 1944, liberando Francia de la “escoria nazi” como la llamaban entre sus compañeros libertarios.

El sueño guerrillero de volver a España para tumbar al franquismo se vio truncado, desilusionado y muy decepcionado después de haber dado lo mejor de su vida, de haber luchado heroicamente, para que luego los aliados le dieran la espalda y se negaran a ayudar a su país, arrodillar al fascismo español, liberar a tantos compañeros presos, torturados y asesinados durante la sangrienta dictadura.

Sabía que todo el mundo lo daba por muerto, era dulce esa sensación, como un cosquilleo agradable en la mente infinita de un anarquista, aquel que solo quería seguir viviendo en libertad los años que le quedaban en la Tierra.

Después de la visita y la charla interminable aquel sábado de abril fue el último que lo vimos, supimos meses después que había partido solo hacia la isla de La Palma, ahí se perdió la pista para siempre, quizá se disolviera como la niebla del atardecer entre los bosques infinitos, rememorando entre la brisa las sonrisas, los rostros de la esperanza.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

Despedida de la madre del hijo partisano (Unión Soviética)

1 comentario:

  1. Honor y gloria a nuestros héroes del pueblo!!!

    ResponderEliminar