domingo, 5 de marzo de 2017

Robertillo solo quería lechita caliente

La pobre muchacha apretaba al niño chiquito Robertillo contra su pecho, tenía la esperanza de que no se lo vieran en el momento de la ejecución en el pozo de la finca de El Maipez, en el municipio grancanario de Telde.

El jefe falangista conocido como “Capitán Soria” fue el encargado de llevar al grupo de mujeres y hombres hasta la finca de los Ascanio, muy cerca de la Sima de Jinámar para arrojar al fondo del pozo al grupo de antifascistas.

Gloria Martel Rivero se aferraba a lo que más quería, aquel trocito de cielo de solo dos meses de edad, lo escondía envuelto en la mantita de lana de oveja, pero los falangistas se lo arrebataron en el momento preciso, justo cuando Soria dio la orden de lanzarles al abismo, el requeté Fernando Benitez de Lugo le quitó a su bebé de los brazos.

En el grupo de reos estaba el maestro republicano granadino Sebastián Hinojosa, el sindicalista de Aguimes Juan Ramón Morales y la anciana partera Mercedita Artiles, todas atadas con las manos a la espalda con la soga de pitera, las muñecas rotas, ensangrentadas por la presión del amarre de los criminales fascistas.

El chiquillo lloraba, el sonido de sus llantos desesperados penetraba molesto en los oídos de los asesinos, inundaba el silencioso paraje de madrugada, quería seguir mamando lechita caliente de los pechos de su madre, su protección, pero a Soria no le tembló la conciencia cuando ordenó que lo callaran.

Se lo dieron al policía local de Carrizal de Ingenio Antonio Bordón que lo apretó estrangulándolo, cada vez más fuerte, hasta que solo se escuchaba un chillido tenue, como el sonido que emiten los gatos cuando se acercan a la muerte, se trataba de callarlo como fuera, Gloria gritaba, casi aullaba.

-Denme a mi niño hijos de puta, denme a mi niño, dejen que se muera conmigo asesinos.

Bordón lo dejó en el suelo junto a las botellas de ron del charco que tomaban los fascistas para sus crímenes, un bulto pequeñito, inerte envuelto en la vieja manta de la abuela Susa, parecía un angelito que dormía.

Su madre caía al fondo del pozo junto a los compañeros, los falangistas salían en el camión del tabaquero Eufemiano Fuentes a buscar a más víctimas para otro pozo allá en la finca de La Noria en Jinámar del sureño Conde de la Vega, este ya estaba demasiado repleto de cadáveres.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

2 comentarios:

  1. Estremecedor relato, uno más de los miles de crímenes cometidos por esta mafia franquista en Canarias y sus actuales encubridores...

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  2. PAGARÁN POR LOS CRÍMENES Y NUNCA MÁS OCURRIRÁ LOS GENOCIDIOS.

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