jueves, 16 de febrero de 2017

Añicos de soledad

Saciados de amar salieron un momento de la tienda de campaña, Concha encendió un cigarrillo, el humo se extendía sobre la nebulosa de vapor que brotaba del agua enlodada del embalse.

Hacía varios días que no hablaban, solo expresiones cortas, monosílabos que surgían sobre todo en el momento de comer o besar, algún gemido en forma de palabra entre la mantas y los sacos rotos de dormir.

Llevaban días intentando subir al gigantesco pino de la leyenda, pero daban unos pasos y comenzaban de nuevo a besarse, los labios a veces sabían a ron con miel y saliva, a deseo, a sensaciones ancestrales de la adolescencia que ya habían olvidado, para volver una vez más al lecho sobre la hierba, al deseo sin medida.

Había tanto que contarse, tanto destrozo interior en aquel viaje antes de encontrarse en la casa de Julia, tantos laberintos de dolor de los que parecía imposible encontrar una salida, la eterna liberación desde el abismo, un huequito insignificante en el naufragio.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

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