martes, 17 de enero de 2017

Desde el frescor de la madrugada

La lluvia cae y el mirlo llega cuando todavía no ha amanecido, hoy estaba, siempre viene, quizá sus padres y abuelos también venían al viejo jardín, lo aprendió cuando perseguía a sus progenitores con el pico abierto y batiendo las alas en busca de comida, apenas una pequeña cría negra como el azabache.

Yo lo escucho cuando a las seis de la mañana comienzo el ritual para afrontar un nuevo día, se le escucha cantar, delimitar su territorio aéreo, cada rama, cada árbol, cada metro del suelo volcánico que un día mi abuelo convirtió en vivienda, lecho de amor, universo de sueños de esas vidas que pasan un tiempo en la tierra.

Cuando casi llega la noche aparece de nuevo, cada tarde crepuscular como anunciando que llegó la hora del descanso, no logro por mucho que lo observe ubicar donde duerme, territorio sagrado, escondite ideal de cualquier lechuza o búho chico.

Allí se oculta agazapado, abrigado entre las ramas invencibles al viento y las tormentas de un invierno de cemento, ruido y vehículos infernales.

Cada día lo espero, me preocupa que le suceda algo, pero aparece valiente, cantando entre el humo de las obras que construyen centros comerciales, esos siniestros templos de una nueva "religión" que llena bolsillos de políticos corruptos.

Mañana estoy seguro que cuando abra los ojos lo extrañaré unos segundos, agudizaré mis oídos, cada sentido y aparecerá de la nada con ese sonido alegre, la armonía más tenaz de lo salvaje y libre.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

1 comentario:

  1. Embajadores de esperanza sin la maldad congénita de la especie humana.

    ResponderEliminar