domingo, 3 de abril de 2016

La serenidad del camino de la justicia

El dueño de la empresa de seguridad que montó su imperio haciendo firmar en el lecho de muerte al legítimo propietario un acta notarial para quedarse con todo. El corrupto empresario vinculado al criminal partido de la Gürtel, presente en los papeles de Bárcenas, cantaba el “Cara al sol” en la intimidad, con sus amigos fascistas en los asaderos del chalé del gigantesco jablón de pájaros, traficaba con polvo colombiano y heroína, tenía carta blanca del facineroso gobierno para hacer lo que quisiera, siempre y cuando untara los besos de los corruptos ministros y jefes de la policía, en especial del psicópata de los tics nerviosos y los abusos de poder, al mejor estilo de su admirado prócer, el criminal de lesa humanidad, violador de obreras, el genocida tabaquero Eufemiano.

Tanta gentuza junta, tanta barbarie, la continuidad del genocidio franquista en pleno 2016, preocupados por si se abría la fosa del cementerio de la ciudad colonial, convocaron una reunión en la sede del partido del gallego fascista, los jóvenes de las generaciones nuevas les prepararon el café y las pastas, chocolate Cadbury y el descafeinado para el ministro, sus problemas de tensión alta tenía que cuidarlos, era necesario según le dijeron en la revisión en la clínica privada del marido de su buena amiga Cospedal.

Conscientes de que en una fosa que se abría los huesos eran lo de menos, que el verdadero problema era que se conociera la verdad, quienes participaron en las brutales torturas, quienes dieron el tiro en la nuca, quienes apadrinaron el genocidio, los fusilamientos, las desapariciones en simas, pozos, agujeros volcánicos sin salida.

Sabían que si se abría la fosa muchos nombres saldrían a la luz, que era imposible controlar a los medios de comunicación ante tremendo notición, el morbo mediático que estremecía los cojones de aquella gentuza reunida en aquella sede del Puerto de la Luz.

Al final decidieron que era imposible parar todo aquello, mover sus millonarios servicios jurídicos para posibles querellas, que no se supiera lo que sucedió, buscar las formulas para tapar algo imposible de detener.

Mientras en el cementerio se realizaba un homenaje a pie de fosa común, presentes los concejales de la izquierda verdadera, algunas de su partido,  preocupadas, no salieron a hablar, reservadas, caras de miedo. El alcalde no quiso estar, le avisaron que perjudicaba su imagen para el voto derechista, prefirió dar una conferencia en la capital, a miles de kilómetros, para mostrar cómo se puede gobernar con los descamisados, elegante, peinado con una especie de fleco ridículo, la última tendencia, pero con los calzoncillos cagados por las presiones de los herederos de los asesinos.

Esa tarde la fosa estaba ya medio abierta sin que el proceso de exhumación se iniciara, el irreverente viento marino hacía presagiar que la justicia histórica arrasaría por todo, comía pensativo, triste, inseguro, en el lujoso restaurante de la capital junto a la camarilla que encabezaba la procesión de la sangre, el pacto con la ultraderecha falangista, para que España siguiera siendo el nido de la impunidad.

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