jueves, 10 de marzo de 2016

El fulgor del infierno

El joven falangista apellidado Penichet, salió a la carretera general de Tamaraceite con la intención de encontrarse en la barbería de maestro Pedro al resto de la “Brigada del amanecer”, Bravo, Santos y el cojo Acosta tenían intención de seguir deteniendo hombres y mujeres de sus casas de madrugada. Esa noche el criminal y torturador fascista, Penichet, tenía unas especiales ganas de asesinar, las torturas nocturnas, noche tras noche, en Los Giles ya no saciaban sus ansias de sangre, quería más, esperaban el camión de los Betancores, el que usaban para los racimos de plátanos y las cajas de tomates para llenarlos de rojos esa noche, casa por casa, acera por acera, caminitos de tierra perdidos en barrios remotos como Casa Ayala, El Dragonal, Tenoya, Santidad, Jacomar, Guanarteme, en cada uno de esos pagos habían nombres en la lista negra, el siniestro objetivo: sacarlos de sus casas a golpes, violar a sus mujeres, llevarse a sus hijos, niñas y niños indefensos para incluirlos en el mercado de venta de la Iglesia Católica, el lucrativo negocio que daba mucho dinero, el cual se repartían entre los pervertidos curas y monjas, entre los miembros destacados de la brigada.

El viejo teniente de la Guardia Civil de La Isleta el canario De Armas, los escoltaba con el vehículo militar, un coche negro sin matricula, comprado por los sediciosos al tabaquero Eufemiano Fuentes, uno de los autos de lujo que coleccionaba en el patio de su mansión de Santa Brígida. Dos días antes Penichet había participado en el asesinato en su cuna del hijo de Francisco González Santana, el evadido sindicalista del Frente Popular y la Federación Obrera. El niño Braulio fue sacado de su cuna en un registro ejecutado por esta gentuza para ser arrojado de cabeza contra la pared, dejándolo mal herido, hasta morir a las pocas horas.

Para el cacique Penichet, la muerte del bebé, hijo de Lola y Pancho era una anécdota más de la “Santa Cruzada”, le importaba una mierda que sus hermanos Diego y Paco González contemplaran el brutal asesinato, en Tamaraceite todos le temían, sabían que era un violador de mujeres y de menores, su pederastia tenía connotaciones sociopátas, hacer daño por hacer daño, matar, violar, torturar salvajemente, descuartizar hombres y mujeres con la pinga de buey o la vara de acebuche. Solía llevarse a los detenidos cuando no eran mujeres al barranco de Chanica, a la finca de Las Maquinas cerca de Tinoca, allí los torturaba hasta la muerte junto al verdugo de Tenoya, capataz de los Betancores al que llamaba “los amos”, mientras descuartizaba a sus víctimas entre tragos de ron aldeano.

Los dos asesinos, terroristas de estado, De Armas y el sanguinario Penichet, iban al mismo prostíbulo en la zona de El Lugo, allí multitud de hijas de republicanos ejercían obligadas a punta de pistola la prostitución, niñas de menos de 15 años, condenadas a los abusos sexuales, a las enfermedades venéreas de las que estos criminales disfrutaban cuando las veían morir enfermas y sin atención médica.

La noche, aquella madrugada de septiembre, era muy fría, el camión de la carne humana iba parando de puerta en puerta, se llevaron a Mortes Rufino entre los llantos de su mujer, a Dieppa en La Montañeta de Tamaraceite, luego recorrieron el resto del barrio para partir por la carretera de La Laja hacia la Sima de Jinámar. Allí los esperaba Eufemiano Fuentes con su chaqueta blanca, impecable, elegante, perfumado, acompañado del Capitán Soria, el hijo de la marquesa de la ciudad de la piedra de cantería del norte de Gran Canaria, los dos hermanos Bravo de Laguna, el Coronel Bombín, el Teniente Samsó, era un espectáculo para ellos ver como tiraban a los hombres al vacío, al negro abismo volcánico, sacaban de las bolsas las botellas de ron teldense, una de coñac, pan de leña caliente y queso de Guía, comenzaba la fiesta de la sangre con Penichet y De Armas como organizadores y anfitriones de primer orden.

Uno a uno los lanzaron al vacío, incluso a los gemelos Morales Alcantara de Cardones, que los separaron para que uno viera caer al otro entre alaridos y llantos. Penichet bromeaba con Eufemiano y Soria con su bigote y medallas de las campañas de guerra en Marruecos, iban brindando mientras los hombres caían, morían o se quedaban atrapados en las repisas para agonizar durante días destrozados, desangrándose lentamente hasta cerrar los ojos para siempre.

Luego De Armas organizó la salida a la casa de putas de Doña Flora Mercader, la vieja catalana falangista, que tenía el chalé de lujo en Tafira, sesión gratis de sexo para “los héroes”, el descanso de los guerreros con las ropas manchadas de sangre. Penichet no dejaba de reírse a carcajadas, borracho como una cuba, en el recorrido mientras subían la empinada cuesta de Marzagán. Al otro lado de Bandama (1) los gemidos, gritos y llantos, inundaban la soledad de la Sima, en la Mar Fea flotaban cientos de cuerpos, los pescadores pensaban que venían de las profundices de la tierra, desconocían que el origen a pocos kilómetros, eran los acantilados de la Mar Fea donde tiraban a cientos vivos, dentro de sacos, atados de pies y manos. Penichet se acostó embriagado, apestando a sudor, tabaco de Virginio y ron con la hija de Dionisio el manco maestro anarquista de Galdar, la chiquilla de solo 13 años borracha del embudo de ron en su garganta, casi inconsciente. El fascista acababa de asesinar a su noble padre, eso le causaba una excitación sexual fuera de lo normal, la que solo pueden sentir los criminales más terribles de la historia.

(1) Caldera volcánica de grandes dimensiones y paredes escarpadas situada en el norte de la Isla de Gran Canaria.

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 'Sobre Alemania (1800-1939), de Friedrich a Beckmann'

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