domingo, 29 de noviembre de 2015

En el laberinto sin salida

El despido de Pablo Reyes no fue casualidad, llegó justo dos días antes del golpe de estado fascista del 36 en los tomateros de los Betancores en Los Giles, le vino el capataz más conocido como “El Verdugo de Tenoya” a decirle que se fuera, el torturador famoso por las violaciones a trabajadoras, acompañado siempre por el voyeur “Cojo Acosta”, que prefería a los niños o niñas, pero que también le gustaba ver como el falangista abusaba sexualmente de la chicas más jóvenes que venían a trabajar a la aparcería, muchachas de apenas 15 años, que no tenían otra salida que dejar los estudios para mantener a sus familias que pasaban hambre.

El recorrido perverso del verdugo, algunas veces acompañado por Eufemiano, era diario, miraban “el nuevo material” como decía entre risas, las chiquillas “que tuvieran más tetas, más culo” y “si eran vírgenes mejor”, atravesaban los bancales cultivados, aprovechando cualquier momento para meterse con las muchachas, para presionarlas, amenazarlas de despido en esa especie de derecho de pernada laboral, económico, que casi nunca conseguían una relación consentida, pero si las abordaban de madrugada cuando llegaban por los oscuros senderos al lugar de trabajo, las apartaban de sus compañeras si no iban solas, se las llevaban a los alpendres y allí las violaban salvajemente, sin tregua durante horas, eran amigos de las perversiones cuando se sumaba el sargento de la policía local de San Lorenzo Pernía, las pobres niñas no tenían salida, no podían denunciarlos, todo era un laberinto sin salida, trabajar, sufrir abusos, ganar una mierda de jornal para poder mantener a sus humildes familias.

El pobre Pablo fue detenido la misma noche del sábado 18 de julio, estaba paseando con su novia, Carmen Reyes Florido, por la carretera general de Tamaraceite, el coche negro paró junto a la casa consistorial, bajaron tres hombres vestidos de azul, entre ellos el mayordomo del Conde de La Vega, lo metieron a golpes en el asiento trasero ante la mirada atemorizada de la chica, se lo llevaron directo a la Sima de Jinámar, fue de los primeros en ser arrojado al agujero volcánico, allí estaba Eufemiano, el verdugo, Cazorla, el capitán Soria, Don Juan el cura de Telde con pistola al cinto de su sotana, el capitán Samsó, el hijo de la marquesa, que ya preparaban el genocidio, todo listo para llenar la fusnia de gente noble, buena, luchadora, lo mejor de la tierra canaria, las personitas que defendían los derechos civiles de las gente más desfavorecida.

Cuando Pablo llegó a la pequeña explanada junto a la sima vio a varios hombres atados y una mujer con las manos atadas a la espalda, identificó al médico anarquista, Salvador Guerra, al practicante gallego, Ernesto Sierra, a su enfermera, Lidia Hernández, que estaba medio desnuda, la habían violado mientras esperaban el siguiente camión con las personas que pensaban tirar al abismo. Se escuchaban los cantos de las pardelas, la madrugada olía a romero, al orégano cultivado en las pequeñas finquitas, el teniente Lázaro dio la orden de arrojarlos al agujero, uno a uno, la mujer al final, la chica lloraba, pedía clemencia, que tenía dos niñas, que por favor, que no había hecho nada, pero Eufemiano reía a carcajadas, le cogía el culo desnudo de su falda rota, estaba loco por sodomizarla antes de asesinarla, los falangistas, guardias civiles y militares tomaban ron de caña, fumaban Virginio y parecían disfrutar con los primeros crímenes, solo habían pasado unas horas de aquel sábado de 1936, pero ya comenzaban a matar, todo estaba previsto, las listas negras no engañaban, premeditadamente elaboradas meses antes en iglesias, cuarteles, bares de oficiales y las siniestras oficinas de la guardia civil, los locales de Acción Ciudadana, las casas de los terratenientes asando carne de cochino y tomando vino de El Monte.

Cuando ya todos estaban en el fondo de la Sima se escuchaban gemidos agonizantes en lo profundo de la oscuridad, los fascistas celebraron los primeros asesinatos, era el principio de un genocidio, el domingo 19 de julio amanecía con mucha calima, unos cazadores huroneaban en los majanos(1) de piedra de la montaña de Telde, los uniformados se fueron hacia sus vehículos, el jefe de falange del sureste, Arcadio Suárez junto al teniente de artillería Lucas Pérez, recordaba leyendo en una libreta a quienes irían a buscar a sus casas con la “Brigada del Amanecer” esa madrugada, todos se fueron a tomar el despertajo(2) a los bares de Telde, les esperaba una nueva jornada de asesinatos en pocas horas, el golpe se hacía presente.

Majano: Construcción de carácter agrícola.Tradicionalmente, las piedras que se iban retirando de los campos para facilitar las labores se amontonaban con diversas formas (cuadradas, circulares, cónicas...), predominando la forma circular por ser la más eficiente para el amontonado.
Despertajo: Mezcla de café con algún licor que se toma muy temprano, de madrugada, para espabilarse.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es/

3 comentarios:

  1. Algún dia se sabrá toda la historia de estos fascistas, la verdad no está oculta mucho tiempo, las voces del silencio comienzan a salir..

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  2. Me he permitido la libertad de incluir, en el blog del Ciudadano Plof, con fecha 17/12/2015, un enlace a esta magnífica entrada.

    Espero que no te moleste.

    Saludos.

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