lunes, 23 de noviembre de 2015

Año nuevo en la oscuridad

Santiago Alcántara tenía plena confianza en sus camaradas, no imaginaba que Manolo De Armas era un infiltrado de la policía del régimen, había entrado recomendado por Alicia Tejera, el chivato tenía fama de activista, de salir de noche a poner pintadas anti sistema, romper cristaleras de los partidos fieles a la dictadura con varios colegas de farras y porros, pero era policía, somatén, los había delatado a todos, dando sus nombres, iniciando un proceso para cargarse la célula, enemistando a unos contra otros. Todo se plasmó la noche en que la policía armada fue casa por casa deteniéndolos, llevándolos a la comisaría de la Plaza de La Feria para torturarlos.

Allí se vieron todos menos Manolo, el traidor estaba en la entrada del patio interior hablando con el comisario Samsó. Los dividieron en dos grupos y los colgaron por los pies después de desnudarlos, a las mujeres las ataron en una mesa y les rompieron los pantalones para violarlas, les metieron porras en la vagina, hierros en el ano, luego fueron pasando varios de los policías, dos falangistas, incluso el mismo De Armas, que entre risas se pasaron la tarde abusando de las dos mujeres.

Con los hombres fue distinto, lo que hicieron fue golpearlos con pírganos y varas de acebuche, la sangre caía al suelo y bajaba por el desagüe, gritos ahogados por la música clásica a todo volumen, para que no se escuchara nada en la cercana calle de Tomás Morales, en Canalejas y aquel pequeño trozo del barrio de Arenales. El inspector Matute pedía datos, nombres, teléfonos, direcciones, acciones de lucha, días de reuniones, donde tenían las listas de afiliados del Partido, los hombres gritaban de dolor, a varios comenzaron a darles corriente eléctrica en los genitales, ese fue el momento en que varios comenzaron a hablar mientras el sargento Reyes tomaba notas, De Armas no salía de la sala de las mujeres, hacía tiempo que quería fallárselas, decía con sorna, al otro lado la sala de tortura era un infierno de dolor, de golpes, de gritos, de insultos, de firmas de declaraciones, falacias construidas por mentes criminales, todo tipo de falsedades en documentos redactados días antes, donde cada hombre menos uno firmó, Oswaldo Campos se negó, no cedió a las brutales torturas, al resto los soltaron y los llevaron a rastras al sótano, a las inmundas criptas del horror, donde los dejaron atados de pies y manos sobre charcos de orines y residuos fecales.

Con Oswaldo fue distinto, Matute dio la orden de aumentar los niveles de tortura, le hicieron de todo, le partieron las costillas, varias vertebras, el brazo derecho, el fémur de la pierna izquierda, hasta que en un momento dado el doctor Santisteban le tomo el pulso y ya estaba muerto.

Lo sacaron dentro de un saco de plátanos en un jeep policial con destino desconocido, en el coche iba el chivato De Armas, el todo terreno salió como una exhalación hacia el sureste de la isla, jamás se supo del pobre muchacho, su madre pasó varias veces por la comisaría y nadie le dio jamás ningún dato, ninguna información sobre su destino. Negaron que lo hubieran detenido, le dijeron que se había fugado en el momento de la detención.

Las mujeres siguieron varios días atadas, hasta que se hartaron de violarlas y las llevaron a prisión, los hombres en la oscuridad subterránea, podían hablarse entre ellos. –Fue este hijo de puta de Manolo De Armas, este nos delató, mira que se lo dije a Alicia que esta era un niño de papá que vivía de las rentas de su familia, -dijo Ramón con la lengua partida- Los tres se quedaron callados, no hablaron, no dijeron nada más, solo un murmullo de gemidos de dolor, afuera se escuchaba la celebración, los fuegos artificiales del fin de año de 1969.

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Dibujo. (torturado colgando de la barra)

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