miércoles, 28 de octubre de 2015

La guerrilla de los lápices

Calle abajo corría el agua turbia de la tormenta, María miraba por la pequeña ventana como uno a uno subían a los hombres en el “camión de la carne”, los falangistas los golpeaban salvajemente, el maestro Rodríguez la miró un instante con el rostro ensangrentado, nunca olvidó aquellos ojos marrones, premonitorios de la muerte inminente.

El empresario tabaquero Eufemiano, el hijo del conde, el cojo Acosta, que tenía fama de pederasta en el municipio de San Lorenzo, encabezaban la comitiva del terror, los hombres vestidos de azul con correajes seguían maltratando a los reos, entre ellos el médico de Juncalillo, Sebastián Quintana, el maestro anarquista, José Esteban Rodríguez, Tomás Sánchez, Juanono Cubas y Pantaleón Gutiérrez, sindicalistas y jornaleros de los tomateros del terrateniente inglés apellidado Bonny.

Se los llevaron en la vieja cafetera que inundaba de humo el pueblo y los chiquillos corrían detrás, esta vez sin celebración, iban tristes, llorosos, solo despedían a su maestro, a Chano el honrado médico de los pobres, los niños parecían una guerrilla de luces, sus ojos brillantes volando como guirres (1) tras la nave del horror, el maestro sonrió por un instante viendo a sus alumnos, los saludó con la cabeza, recordó las clases de biología cuando se los llevó a la Caldera de Bandama para ver la flora termófila, los orígenes volcánicos de Canarias, allí estaba el pequeño Calderín, Pepito “El Botella”, Suso “La Vaca”, Juanjo “El Gurié”, los más pequeñitos, Saturnino, el hijo de Juan Carlos Tejera, arrojado hacía solo unos días a la Sima de Jinámar, todos corrían detrás del vehículo que dejaba tras de sí una estela de sangre de los golpes de los esbirros fascistas, los niños no paraban de correr hasta la salida de la última casa, cuando enfilaron hacia la carretera que iba para Las Palmas, vieron alejarse muy tristes el camión, los golpes de los fascistas, las risas de Eufemiano, del cojo Acosta, bromeando con follarse a los niños, a las madres viudas de los asesinados, bebían ron de caña, era su estimulo para seguir ordenando golpear, pegar, pisotear cabezas contra el suelo.

Los chiquillos se quedaron parados, desolados, viendo como se marchaban para siempre, se subieron a una loma rodeada de cardones (2) y tabaibas (3), el camión parecía ya una especie de animal mitológico por la carretera de tierra, se perdía por momentos, llegando a La Laja, casi entrando en la ciudad. Se sentaron cabizbajos, varias águilas volaban como cuidándolos, las nubes negras anunciaban que la tormenta de septiembre era inevitable, no decían nada, los pibes miraban al infinito, al viejo mar, un horizonte tan negro como el destino de aquellos hombres justos y honrados. Las luces de la noche los hicieron regresar despacito, al golpito, cada uno para su casa, con un trozo inexplicable de sus corazoncitos, perdido para siempre en aquel viaje hacia la nada.

(1) Subespecie canaria del buitre, alimoche europeo, ya extinguido en todas las islas, menos en Fuerteventura.
(2) Euphorbia canariensis, arbusto endémico de Canarias.
(3) Euphorbia balsamifera (Tabaiba dulce) o Euphorbia lamarckii (Tabaiba amarga), dos arbustos perennes endémicos de Canarias. 

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es/

Escena final de "La lengua de las mariposas" de José Luis Cuerda

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