sábado, 17 de octubre de 2015

Hacia el mar del olvido

El párroco y el delegado de Falange en Tunte (1) se llevaron en el viejo cacharro motorizado a las niñas pequeñas de Chano Santiago, los dos fascistas sabían que sacarían mucho dinero con la venta de aquellas dos angelitas rubias con los ojos azules. Al pobre Chano lo habían tirado a la Sima de Jinámar la noche anterior, no murió solo, también arrojaron al agujero volcánico a cuarenta hombres más, todos del sur de la desgraciada isla de Tamarán (2).

Teresita y Saro Santiago no entendían nada, el viejo cacharro avanzaba hacia Las Palmas de Gran Canaria, atravesó el túnel de La Laja a toda velocidad, las dos chiquillas tenían siete y ocho años, nunca se habían separado de su amado padre, el carpintero y sindicalista de San Bartolomé, de su madre, la aparcera Mercedes Mejías.

El cura, conocido en los pueblos sureños como “Don Rafael”, iba eufórico, ya tenían una pareja adinerada de Tenerife, interesada en comprarlas, Arturo Cuenca el jefe falangista iba alabando la rapidez de la Iglesia Católica para la venta, para buscar familias que quisieran pagar por los hijos y las hijas de los rojos asesinados.

Llegaron a la sede de Falange en la calle Albareda, muy cerca del Puerto, allí les esperaba la pareja tinerfeña, un médico de La Laguna y su mujer, una gallega apellidada Iribarne, pariente del que varios años más tarde sería ministro de Franco y fundador de Alianza Popular.

La transacción fue muy rápida, la niñas lloraban arrinconadas en un cuarto rodeado de banderas azules con el yugo y la flechas, escuchaban los gritos de las torturas que se desarrollaban en la habitación contigua, olía mucho a sudor, a sangre, a pólvora, la que desprendían las pistolas y fusiles que brillaban en todas las mesas y estanterías.

Vieron desaladas (3) como sacaban a dos hombres muertos, dejando una estela de sangre y tripas en el suelo, dos muchachos que no superaban los veinte años, uno de los falangistas, que parecía un mando, llevaba en la mano una botella de ron del charco y lanzaba exabruptos, insultos y se reía a carcajadas. –Traigan ahora la hija de Tejera que voy a follármela por el culo a cuatro patas, -afirmó entre risas- Las niñas miraban mientras

Don Rafael el cura y el delegado Cuenca, hablaban en baja voz, casi susurros, mientras negociaban con la pareja que tenía varios flejes de billetes en las manos.

Teresita y Saro solo tenían fuerza para seguir abrazadas, las dos querían estar con su mamá, en paradero desconocido desde la noche de la detención de su padre, solo escucharon hablando al cura que dijo que se la habían llevado a una finca del Conde de la Vega, donde la habían dejado con más mujeres republicanas, al parecer para que los terratenientes, la soldadesca y los requetés, las utilizarán como descargue sexual.

Al rato vino Don Rafael a darles la bendición. –Hijas mías que Jesucristo en su inmensa misericordia las acompañe con esta nueva familia católica, donde podrán ser educadas en las santas escrituras y en el amor de una familia de bien, -dijo mientras se metía en el bolsillo bajo la sotana una buena cantidad de billetes- La pareja se las llevó en un coche negro directas al muelle, desde donde salía el barco en unas horas para Tenerife, la mujer las besó, un beso frio como el hielo, no les dijo nada, solo comentó algo sobre la belleza de sus ojos y el pelo tan limpio y cuidado. –Están bien cuidadas Honorio, solo les tenemos que dar un baño cuando lleguemos por la mañana a casa.

Las dos hermanitas se miraron y se tomaron de la mano en el asiento trasero del lujoso auto, Saro le limpió las lágrimas a Teresita, las dos miraban por la ventana como muchos hombres iban por las calles detenidos, golpeados por los militares y falangistas, el destino parecía envolverlas, engullirlas hacia el universo de lo desconocido.

(1) Nombre indígena del actual municipio grancanario de San Bartolomé de Tirajana.
(2) Nombre indígena de la isla de Gran Canaria.
(3) Expresión canaria definida como "miedo" o "terror".

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es/

1 comentario:

  1. Así son y han sido siempre los curas una pandilla de hijos de puta fascistas.

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