jueves, 29 de octubre de 2015

El sagrado ritual

Asaltaron a las dos niñas de 14 y 15 años a la salida de la discoteca junto a la vieja gasolinera Texaco, las metieron a la fuerza en el Land Rover, las ataron y las llevaron por el camino de tierra al recóndito y lujoso refugio de caza de Don Jaime, el psiquiatra del Opus, en la casa esperaban varios miembros destacados del partido fundado por el antiguo ministro de Franco, reconvertido ahora en pleno 1978 en “demócrata” de toda la vida, dos jefes de la policía armada, Ignacio Regus, secretario del obispo, el teniente coronel de la Brunete, López de Alcántara y el manco juez, Rodrigo Barberá.

El banquete con vino español, cosecha del 67, estaba servido, a las niñas les colgaron dos cruces de Caravaca en el cuello, el “ritual” estaba a punto de comenzar, los dos toxicómanos secuestradores se quedaron en el hall, pobres cabezas de turco, dispuestos a todo por los gramos de heroína y farlopa que les entregó “por sus servicios” el capitán de la Guardia Civil del pueblo. Dentro se escuchaba el bullicio, los gritos, casi aullidos de dolor de las desgraciadas muchachas, mientras las encadenaban en el estudio donde el psicópata dueño de la finca tenía los trofeos de caza, cuernos de siervos, cabezas de jabalís, colmillos de elefante de gran tamaño, una bandera de España con el aguilucho, simbología falangista con sus yugos y flechas, además de todo tipo de diplomas, placas de reconocimiento de cofradías y organizaciones paramilitares vinculadas al viejo y al nuevo régimen monárquico.

La comilona sonaba con todo tipo de brindis, un discurso patriótico del anfitrión, risas, carcajadas y burlas a las chiquillas. –Son hijas del ferretero Damián, ese rojo de mierda que estuvo preso en el Penal de Santamaría, -dijo con sorna el miembro de la secta religiosa más poderosa del mundo- El resto reían, entonaron un intento de “Cara al Sol”, que se vio interrumpido por los llantos de las niñas. Miguel y Servando desde fuera escuchaban como se producía la violación múltiple, el olor nauseabundo de los inciensos que quemaban, una especie de misa negra, satánica, los golpes, el ruido del descuartizamiento en vida.

Luego el silencio, todos fueron saliendo afuera uno a uno, se subieron a varios coches oficiales de color negro, hombres con las caras, agachadas, medio ocultas para que no los reconocieran, dentro solo quedaron el secretario del obispo, el psiquiatra y propietario, junto a uno de los jefes de la policía armada, llamaron a los drogadictos, les ordenaron meter los restos esparcidos por la sala de armas en sacos blancos de plástico. –Cojan la furgoneta del garaje, llévenlas y entiérrenlas en el vertedero en las afuera de la ciudad. Servando, conocido como “El canario”, miró asombrado la sangre, las vísceras en suelo y paredes, mucha ceniza, estrellas de muchas puntas escritas en el suelo, túnicas negras colgadas en las sillas, varios cuchillos con empuñadura de crucifijos clavados en los cuerpos de las adolescentes, pequeñas cruces de Caravaca usadas a modo de pinchos en la frágiles pieles.

Marcharon con las bolsas y un maletín con más de 100 papelas de “caballo”, cinco gramos de cocaína, avanzaron atravesando la ciudad por el extrarradio, hasta proceder al enterramiento, lo hicieron, rápido comenzaba a llover fuerte, para luego marcharse al bar de Facundo, asustados, muy colocados, se echaron varias rayas por el camino en el mismo coche del hacendado. Se quedaron en la barra, parecía que la droga nos les subía, solo tenían en su mente los cuerpos de las niñas destrozados.

En los días siguientes salía en todas las televisiones y periódicos la desaparición de las jóvenes, carteles en cada esquina, en los comercios, sus padres hablando en programas televisivos de ámbito nacional, todo tipo de reality shows con el morbo añadido, el sensacionalismo de una violación cuando encontraron sus cuerpos masacrados, primeras páginas en todos los rotativos del estado.

A los pocos días el psiquiatra y el Teniente Coronel tuvieron una reunión en Madrid con el ministro del Interior, todo estaba controlado, hablaron también del proyecto de introducir droga en los barrios de Euskadi, Cataluña, Asturias y Canarias, para que esa juventud revolucionaria se enganchara de una puta vez y dejará de joder, de cómo todo había quedado “atado y bien atado” tras la muerte del Generalísimo.

Brindaron con cava después de la copiosa comida en el palacio ministerial, luego se quedaron charlando hasta altas horas de la madrugada, nada nuevo bajo el sol, en los informativos se hablaba esa misma noche de la detención y encarcelamiento de uno de los secuestradores, un tal Miguel, del otro nunca se supo, todavía dicen los medios del régimen español que lo siguen buscando.

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El criminal fascista de lesa humanidad Francisco Franco en Barcelona

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