martes, 29 de septiembre de 2015

La santa unción de los crímenes de D. Juan

El cura de Telde sacó la pistola del cinto para dar el tiro de gracia a los cinco hombres, el más joven, casi un niño, se retorcía de dolor en el suelo volcánico. D. Juan se subió la sotana para agacharse y hacerle la seña de la cruz en la frente – Por esta santa unión y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu santo, -dijo- mientras con la otra mano cargaba el arma para dispararle en la nuca.

Aquel joven párroco había estado con Eufemiano varias noches de agosto del 36 en la Sima de Jinámar, en la Mar Fea, en los pozos de Arucas y Tenoya, acompañando a las “Brigadas del amanecer” en su miles de asesinatos. Se mantenía siempre en segundo plano con un crucifijo en la mano, bendecía rezando en baja voz, un susurro que llegaba a los oídos de los que iban a ser arrojados al vacío, simplemente por pensar diferente, por defender la democracia, la legalidad republicana.

Le gustaba al sacerdote salir a media noche, reunirse en la sede falangista de la calle Albareda del Puerto de la Luz, donde organizaban los grupos y revisaban las listas negras con las direcciones de las personas que esa noche serían ejecutadas. Bonny siempre lo miraba sonriendo, le gustaba que un sacerdote alumbrara la noche de la sangre, los hijos del Conde y la Marquesa lo invitaban a un trago de ron de caña antes de salir hacia el norte o el sur de la isla, los viejos camiones no paraban, su ruido inundaba las humildes viviendas de La Isleta, su gente atemorizada casi no respiraba para evitar que estos genocidas se acercaran a sus puertas.

El Teniente Lázaro bromeaba con el capellán cuando en la casa de algunos de los detenidos había mujeres –¿Nos las follamos padre? Los conejos rojos son los mejores, -decía entre carcajadas- D. Juan callaba con una media sonrisa en sus finos labios, absorto miraba las violaciones múltiples desde fuera de los habitáculos, como mucho se asomaba por las ventanas, no se inmutaba ante los gritos de las mujeres, algunas niñas, menores de 10 diez años, que sufrían los abusos sexuales de la soldadesca fascista, junto a guardias civiles, requetés y civiles, que hacían cola para entrar uno a uno donde las tenían retenidas, en muchos casos atadas a la parte posterior de las cabeceras de las camas.

Al clérigo ya no le temblaba la mano en las ejecuciones, su función de tirador de gracia parecía gustarle, asistía a los concejos de guerra, visitaba a los reos poco antes de ser fusilados para ofrecerles confesión, acompañamiento en los instantes finales, su pistola destacaba en su delgada cintura, siempre por fuera de la sotana sucia, manchada de huevos fritos y aceite de pescado. Su mirada parecía escrutar a los hombres detenidos, no se inmutaba ante los gritos y llantos de dolor, ofrecía misericordia mientras apadrinaba el crimen.

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Cura condecorado por el régimen franquista

1 comentario:

  1. Algunos bendecían los campos de la muerte, colaboraban en los Centros Clandestinos de detención y ayudaban a las embarazadas a despedirse de sus vidas o de las vidas que llevaban dentro para entregarlas al pueril negocio de la adopción de aquel contexto, esos mísmos ofrecían la paz en hipócrita de complicidad ante lo mas bajo del ser humano: La tortura la sumisión y la total destrucción de otro ser humano en campos de exterminio. La mayoría callaba, por miedo o complicidad, Otros en silencio exponían sus vidas ante una maquinaria atroz de genocidio y de vejación que no podían aceptar, así de día miraban en silencio y de noche luchaban salvando vidas protegiendo las victimas a quienes escondían en la cajuela de sus autos o refugios, para luego sacarlos al exterior, Alguien de ese grupo jamás sospechó que casi cuarenta años después daría misas en Cuba, con Raul y Fidel castro, Condenando en los EEUU este esperpento llamado Capitalismo y el bloqueo vil sobre la condena a un pueblo maravilloso. Condenando la Guerra y todos los fundamentalismos, combatiendo la pedofilia y la prostitución, luchando por la Humildad y la transparencia enfrentando hoy a los poderosos y deteniendo la invasión de una potencia, sobre suelo de medio oriente en Siria. Muchos de los que apostaron allá por los setenta, no vivieron la suerte del anonimato pagaron su salud en encierro penal o la condena de la propia Iglesia como institución por defender lo que consideraron justo y por defender a aquellas personas más desamparadas que nosotros, se jugaron fueron pocos pero fueron, muchos compartieron la suerte de las víctimas que intentaban salvar. Otros frente a esta enorme atrocidad no pudieron con su rol pacífico de "observadores" y pasaron en forma clandestina a la acción, Así murieron, en villas o fueron asesinados esta es la crónica de la realidad Argentina 1976, . Que vivan los Curas, Moreno, Monseñor Angeleli, Mujica , Jorge Omar Las Monjas Francesas, que vivan los curas tercermundistas y la opción por los pobres y así muchos otros más. Que viva Francisco!

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