jueves, 17 de septiembre de 2015

La mirada de las águilas

La hurona se quedó atrapada dentro del majano de piedra. Ignacio Montesdeoca y Juan García, trataron de sacarla removiendo el escombro. De repente escucharon unos pasos detrás, eran cuatro guardias civiles, todos de Mogán, bajo el mando del teniente Sedano. Sus metralletas les apuntaban, los habían identificado en las inmensas montañas de Inagua (1), habían pasado tres meses desde que lograron escapar del pueblo, la misma noche que los falangistas tiraron por los acantilados del Anden Verde a todos sus compañeros atados de pies y manos.

El oficial dio la orden de amarrarlos con la soga de pitera, desarmarlos, solo un cuchillo canario en la cintura de Juan, una red para capturar conejos, la escasa alimentación refugiados en el inmenso pinar, en una cueva con restos de los antiguos indígenas, varios gánigos (2), la momia de una mujer, los restos de un pasado petrificado, cuando las islas eran habitadas por un pueblo legendario que también fue masacrado, atacado por otros hombres armados, ataviados de armaduras, dotados de espadas y cruces.

Tantos años después se repetía la historia con hombres vestidos de azul, uniformes militares, tricornios, que asesinaban en todas las islas a más de 5.000 canarios, que acabaron en pocos meses con la esperanza republicana, la que iba a cambiarlo todo, terminando con la miseria y el hambre, con el caciquismo ancestral de una oligarquía cipaya extremadamente cruel y criminal.

Ignacio y Juan sabían que era su final, caminaron entre golpes e insultos de los guardias, veían la Montaña de Tauro peinada por las nubes oscuras de la lluvia de septiembre, arriba estaban las tumbas de los antiguos, el tagoror (3), aquella magia donde los dos habían subido meses antes con María Rosa y Mercedes, donde pasaron aquella noche de pasión después de comerse la caja de sardinas saladas, el buen vino de El Monte, el ron de caña.

Las dos compañeras de partido eran también sus parejas, participaban juntos en las reuniones de Frente Popular en el sur de la isla de Tamarán (4). Celebraron aquel gran triunfo en las municipales, los avances sociales en tan poco tiempo, las posibilidades de que todo cambiara, que por fin aquel pueblo pisoteado fuera libre de la brutal explotación laboral, de la esclavitud, de los abusos sexuales a las mujeres trabajadoras por unos patronos sin escrúpulos.

Por un momento los dos hombres se miraron cuando dejaban atrás la montaña mágica, en el preciso instante en que el guardia Zenón Cabrera, golpeó violentamente la cabeza de Juan con la culata del máuser. La sangre brotaba como una especie de manantial rojo de su cráneo,  –Ya lo jodiste Cabrera, le diste muy fuerte a este hijo de puta, -dijo el cabo Montoya con su acento andaluz.

El muchacho de apenas 22 años tenía los ojos abiertos, respiraba, vomitaba una bilis oscura, la sangre manchaba el barro del camino que venía de La Aldea de San Nicolás, Ignacio lo miraba con los ojos desencajados, hizo un comentario inaudible, en el instante en que el teniente Sedano le dio un golpe muy fuerte en la cara con la pinga de buey –No mires cabrón, agacha la puta cabeza hijo de la gran puta, maricón.

Los guardias le tocaron el pecho, el corazón de Juan ya no latía, los ojos abiertos impactaban, parecían mirar hacia la montaña, un gesto de rabia pero a la vez relajado, como con una paz desconocida para quien odia y mata por matar.

El teniente dio la orden de que lo arrojaran por el cercano acantilado desde donde se divisaba la parte del sur de la isla. Lo agarraron entre los guardias y en un momento voló hacia el abismo, se escuchó un golpe seco, varias águilas que salían del risco huyendo de aquella violencia, volando despavoridas a toda velocidad hacia un destino desconocido.

Ignacio estaba arrodillado viendo como ocultaban el cuerpo de su amigo, la sangre le brotaba abundantemente de una de sus cejas, el hilo de pitera le cortaba las muñecas, impedía que la circulación fluyera, por lo que sus manos estaban negras y muy hinchadas.

–Ahora tenemos que matar también a este cabrón, no va a haber tiempo de llevarlo al cuartelillo y sacarle información antes de tirarlo a la Sima de Jinámar (5), -Dijo el teniente, mientras se limpiaba el sudor de su frente con un pañuelo que tenía una imagen bordada de la virgen de La Macarena. –Tráiganlo al recoveco del camino, allí nadie podrá vernos. 

Los guardias civiles lo arrastraron, lo llevaron casi en volandas al joven de 25 años, lo rodearon y comenzaron a darle patadas, golpes con las culatas de los fusiles con una violencia desmedida. El teniente Sedano sentado en una piedra miraba como sus hombres destrozaban la vida del sindicalista aldeano.

En menos de un minuto Ignacio Montesdeoca estaba muerto, la ropa destrozada, la cabeza deformada, la sangre que brotaba a borbotones de cada centímetro de su piel. Zenón Cabrera, el sargento, se reía a carcajadas, sacó de la mochila una botella de coñac, Sedano dio un grito de satisfacción. –Brindemos por este hijo de puta señores, esta noche nos follamos a sus novias en la casa del Conde.

Envolvieron el cuerpo en una manta vieja y lo echaron por el mismo acantilado donde ya reposaba el cuerpo de Juan García, las águilas habían vuelto, miraban desconcertadas desde el otro lado del abismo, aferradas a las ramas del pino canario que presidía el bosque de los sueños.

(1)Los montes de Inagua y Pajonales constituyen uno de los pinares naturales mejor conservados de Gran Canaria.
(2)El término Gánigo denomina en las Islas Canarias a un conjunto de pequeños recipientes de arcilla, moldeados a mano y sin torno, que ya utilizaban los antiguos canarios. Suelen ser vasos de fondo  cónico, generalmente lisos o con decoraciones muy sencillas.
(3)La palabra Tagoror en bereber significa “recinto circular de piedras” o “lugar de reunión”. En el lugar , cercano al poblado, donde se reunían los ancianos y dirigentes de la comunidad para tomar decisiones que afectaban a su pueblo.
(4)Nombre en lengua indígena de la actual isla de Gran Canaria.
(5)Agujero volcánico ubicado en el municipio de Telde (Gran Canaria), donde fueron arrojados por los franquistas cientos de canarios tras el golpe estado de 1936. Actualmente símbolo de la lucha antifascista en las islas.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es/

Fotograma del documental "Flores Tristes" del director gallego Teo Manuel Abad

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