lunes, 13 de abril de 2015

Quienes abren las puertas

En un país gobernado por personajes sin escrúpulos para desahuciar, robar, matar de hambre, prevaricar, abusar del poder, meterse hasta el cuello en todo tipo de escándalos de corrupción, saqueos, pelotazos, tramas mafiosas, la lucha de cualquier colectivo de trabajadores supera todos los límites del heroísmo, precisamente en unos tiempos donde protestar te puede costar la persecución, la criminalización, la cárcel, el despido y la muerte.

Trabajadores y trabajadoras como los de Coca-Cola en su lucha contra la depredación de una multinacional podrida, amparada por un gobierno español con las manos manchadas de sangre, del dolor ilimitado de miles de personas suicidadas por él estado del saqueo, gente sin miedo, alzadas, rebeldes, revolucionaras de verdad, que se encierran, que montan un campamento de la dignidad durante más de un año, resistiendo los embates de un régimen esbirro del criminal poder financiero internacional.

Son tiempos de miedos infundidos, el miedo a tener sobre la cabeza los zapatos de lujo de estos criminales aplastando nuestra decencia, tiempos de rebeldía o de muerte, de barbarie o de esperanza, tiempos de luchas que marcan el camino, que nos guían entre la desolación y nos animan a batallar hasta el final, a enfrentarnos a una gentuza que solo se mete en política para robar, para matar, para asesinar el futuro y la esperanza de los pueblos.

¿Qué le vamos a decir a nuestros hijos si no hacemos nada ante este genocidio social?

¿Qué pensarán de nosotros las generaciones futuras si nos quedamos parados, si no confrontamos a muerte contra esta banda de maleantes que nos gobiernan?

Tomemos ejemplo de quienes luchan sin temor, seres que abren las puertas del amor, de la fraternidad universal, mi homenaje sincero y fraterno para estas mujeres y hombres, personas que hacen que la verdadera democracia pueda algún día hacerse real, esa ola de amor que levanta montañas de ternura, que entrarán en los libros de historia sin quererlo, por algo tan grande como alzar el puño, movilizar las conciencias, lanzar a los cuatro vientos que la justicia y la dignidad son posibles, que otro mundo mejor nos aguarda en la otra esquina del mañana.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es/

Un trabajador de Coca-Cola, en el suelo tras ser golpeado por la policía

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