miércoles, 29 de abril de 2015

España: Entre colas del hambre y corrupción política

La cleptocracia española está repleta en sus 40 años de vida de corrupción política, de todo tipo de saqueos del patrimonio público que han llenado copiosamente cuentas corrientes en paraísos fiscales, destruido vidas, condenado a gran parte del pueblo a la miseria y el hambre. Miles de casos, miles de tramas de todos los colores, donde el actual partido del gobierno bate todos los récords de escándalos, pelotazos y actos delictivos de guante blanco.

El asesino dictador dejó todo atado y bien atado para que los borbones se hicieran multimillonarios, para que los políticos del régimen de 78 robaran y roben impunemente, llenando sus bolsillos de dinero del pueblo, de la sanidad, de la educación, de los servicios sociales, de las personas enfermas dependientes, condenando en pleno 2015 a tres millones de niños/as al hambre y la desnutrición, al empobrecimiento extremo. Una mafiosa estrategia que asombra a una comunidad internacional que contempla a España como un nido de putrefacción política, de carroña trajeada que recorta, reformando y arrasando por derechos fundamentales, pasándose la Constitución por el forro de sus inmundicias mientras disfrutan de sus puteríos, de sus constantes saqueos, de sus negocios turbios, con los que han abocado a casi 20 millones de ciudadanos a una situación económica y social insostenible, donde millones de familias sobreviven sin ingresos, aguantando gracias a las exiguas pensiones de sus padres y abuelos, que según vayan falleciendo llevarán a cada unidad familiar a extremos dantescos y terribles, sin alimentos, sin dinero, sin esperanza, sin futuro, sin nada.

La marca España se llama corrupción, mafias políticas organizadas, desempleo, exclusión social. El nombre de este país está manchado para siempre de sangre obrera, de dolor, de inmenso sufrimiento, gracias a la brutal miseria humana de sus vergonzosos próceres, personajes sin escrúpulos para asesinar de hambre y suicidios a la honrada ciudadanía, la que paga religiosamente unos impuestos que mantienen a esta gentuza en su putrefacto nivel de vida, personas humildes que mayoritariamente sufren los comportamientos de una caterva de oscuros sátrapas, sanguijuelas que ostentan el poder político, que cobran en sobres de mafiosos empresarios a cambio de prebendas y favores, ejerciendo de agentes de la siniestra banca, del criminal poder financiero internacional del que son fieles y sumisos servidores.

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