sábado, 28 de febrero de 2015

La jauría de la luna llena

Los obligaron a caminar con las manos atadas a la espalda por la explanada de Los Giles, antiguo municipio de San Lorenzo, una oscuridad solo paliada por las luces tintineantes del viejo camión de los tomateros. Eran cinco hombres jóvenes y más de quince falangistas, el camino no era nada fácil por un terreno tan escarpado, cuando caían al suelo los golpeaban con palos y una pinga de buey, la que manejaba hábilmente el conocido como “verdugo de Tenoya”.

La idea era conducirlos al agujero volcánico conocido como “la fusnia”, un tubo creado por las erupciones de los tiempos remotos en los que la isla surgió del mar. Mientras avanzaban se hacía una especie de silencio, solo interrumpido por los gritos y golpes de aquellos infames personajes con correajes y pistolas al cinto.

Rubén Cabrera, militante comunista, Santiago Alcantara, miembro de la CNT, el joven, casi un niño, de apenas quince años, Dionisio Tejera y los viejos miembros de la Federación Obrera y el Frente Popular, Pablo Santana y el panadero valenciano, Santiago Verdú.

Todos avanzaban resignados, conscientes del cruel destino final, no había forma de soltarse de aquellas incomodas ataduras, ya sabían lo que les esperaba el terrateniente y empresario del tabaco, Fuentes, ya se los había adelantado mientras los torturaban en la finca de “Las Maquinas”: “Van a morir como perros en la sima rojos asquerosos”.

Detrás de la comitiva de la muerte venía un perro pastor, los había seguido desde que sacaron de su casa a Rubén en Tamaraceite, el peludo y enorme animal no entendía nada o quizá sí, solo se limitaba a perseguir lo que le habían quitado, aullaba cuando observaba los golpes, los gritos y gemidos de los hombres, el policía municipal Pernía lo había tratado de ahuyentar con varias patadas, pero el can solo se alejaba por unos momentos, para volver a seguirlos a cierta distancia, la que le daba la oportunidad de sentir el olor de su amo, posiblemente su calvario camino del sacrificio.

Un vez llegaron al agujero, los obligaron a arrodillarse, mientras el hijo del conde y el cacique Betancor ordenaba al "verdugo” que los golpeara más fuerte, Dionisio se tiró al suelo boca abajo, el muchacho no aguantaba ya el dolor, tenía el cuerpo lleno de sangre y un ojo casi arrancado por aquella especie de látigo, el perro los miraba desde la parte alta, una pequeña colina repleta de tuneras, el guardia Santos comenzó a darle patadas, el chiquillo dejó de gemir, de respirar, ya estaba muerto.

“Te pasaste cabrón”, dijo entre risas el millonario empresario inglés del sur de la isla, lo agarraron en volandas y lo tiraron a la sima, no se escuchó nada por unos segundos, lo que daba una idea de la profundidad, luego varios golpes secos y un silencio aterrador.

Los dos sindicalistas pedían por sus hijos, por sus mujeres, que se apiadaran, pero todo era inútil, Betancor arrastró al valenciano por las sogas de sus pies, el hombre se resistía, se revolcaba como una serpiente, hasta que se vio al borde del precipicio, el requeté Del Castillo agarró a Pablo Santana por las axilas, los colocaron juntos y a Eufemiano solo le bastó con un pequeño empujón, los dos cayeron al fondo, los golpes contra las paredes los destrozaron en pocos segundos.

Solo quedaban Santiago y Rubén que seguía de rodillas gritando, insultando: “¡Asesinos de mierda! ¡Fascistas! ¡Hijos de puta! Lo siguieron golpeando, entre los aullidos lastimosos de su perro, que no dejaba de mirar con asombro lo que sucedía en el borde de aquel barranco. El cabo Cisneros de la Guardia Civil los arrastró por los pelos, el joven seguía lanzando insultos: “Vas a morir perro comunista”, dijo el falangista De Lugo, en el momento que los empujaba para que cayeran violentamente al abismo de lava petrificada.

Luego se dedicaron a recoger los zapatos, limpiar los restos de sangre tapándolos con tierra, para regresar entre bromas y chascarrillos al camión que estaba junto al pequeño almacén de tomates.

El perro bajó lentamente la pequeña loma, se acercó oliendo el suelo, lamió con cariño las gotas de sangre de su amo que estaban sobre una pequeña piedra, se quedó sentado en el borde del agujero, allí pasó toda la noche, hasta que la luna dejó de brillar en el infinito.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es/

3 comentarios:

  1. Todos estos asesinos fascistas están protegidos por este corrupto régimen. Fundamental la difusión de cada uno de los crímenes franquistas y de sus herederos del Partido de los Sobres, los desahucios, la corrupción y el terrorismo de estado.

    ResponderEliminar
  2. Triste historia, que nos recuerda quienes herán y quienes somos, saludos y permiso para publicar en mi perfil Miguel Curro Santiago

    ResponderEliminar
  3. Enhorabuena por el blog. Trabajo necesario, ahora más que nunca ante la amnesia de tanto paniaguado y tanto "ciudadno" conforme.

    ResponderEliminar