martes, 17 de septiembre de 2013

El suicidio de Amparo en Madrid es un nuevo crimen de estado

Solo 900 euros de deuda en el alquiler de su vivienda separaban a Amparo de una muerte segura, una basura de dinero que el gobierno del PP del Ayuntamiento de Madrid quería a costa de lo que fuera, cayera quien cayera, muriera quien muriera.
 
Entonces Ana Botella tomo la brutal decisión de desahuciar a una nueva familia. La alcaldesa y esposa del siniestro ex presidente Aznar firmó la orden, por supuesto compinchada con una judicatura sin sentimientos humanos, fríos como la mierda congelada en los confines del sufrimiento popular, en los páramos del luto, donde no hay justicia sino para los millonarios que pagan en sobres sus donaciones a la mafia.
 
Amparo no tuvo salida, la orden de desahucio promovida por la patética y cruel alcaldesa “bilingüe” llegó a sus manos. La inundó la desesperación, el miedo de ver a sus 3 hijas y sus dos nietos junto a su marido pasando hambre, el terror de verse en la calle sin nada, sin trabajo, sin comida, sin esperanza.
 
En cambio Botella cenará está noche junto a sus seres queridos sus platos de lujo, seguirá con esa sonrisa falsa, tan inhumana como la de su consorte del bigote podrido. Igual hasta piensa irse de nuevo a un multimillonario spa para olvidar sus atrocidades y desvergüenzas permanentes, tal como hizo cuando la masacre del Madrid Arena. Su concepto de la responsabilidad lo tiene en el culo cuando caga, cuando se ríe junto a sus esbirros de partido de las millones de personas que pasan hambre en el estado español, de las familias que como la de Amparo están en manos de delincuentes de guante blanco, de bancos, de ayuntamientos o de corruptas empresas municipales de vivienda, que son capaces hasta de conducir a la muerte por suicidio a personas inocentes, que no han hecho daño a nadie, que son honradas y que han tenido una infinita mala suerte en la vida, que son víctimas de un gobierno de sátrapas, de buenos amigos del sobre y la prebenda fácil, que no se arrepienten ni se toman en serio los casi 20 suicidios diarios, la cifras escalofriantes de muertes inducidas por razones económicas, en cada rincón de un estado español miembro de la mafiosa Unión Europea.
 
Ahora los voceros del PP dirán que esta pobre mujer, esta compañera de sufrimientos y batallas por la dignidad humana estaba “desequilibrada”, que nadie hace eso por 900 euros, que la gente que se suicida están todos/as locos/as, que no son “personas de bien” como sus votantes, que se mueren de hambre antes de salir a las calles y criticar las vergonzantes políticas económicas del gobierno del ultraderechista presidente Rajoy.
 
Eructarán sin parar frases hechas, aprendidas en sus seminarios de formación en hoteles de cinco estrellas con juergas patrias, vicios pagos y priva gratis.
 
Debemos actuar de una vez ya que los estamentos del estado no lo hacen y permiten estas muertes masivas, convencer a quienes estén tan mal de no acabar con sus vidas, elegir tomar otro camino hasta el final por el futuro de nuestros/as hijos/as.
 
Será difícil pero no imposible, porque quien toma esta respetable y honesta decisión normalmente no da marcha atrás, debemos descubrir entre todos/as la verdadera claridad, el camino de la lucha, o ellos/as o nosotros/as y antes de regalar nuestras vidas a esta gentuza que se alegra cada vez que hay un suicidio, tomar otros senderos procelosos, duros, interminables, pero que serán la única salida digna para que exista una verdadera democracia participativa y abierta a todos/as.
 
Morir de pie, alzados y hasta armados/as si fuera necesario, antes que vivir arrodillados/as para siempre.
 
 

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