jueves, 11 de julio de 2013

La lucha de la PAH ya está ganada porque representan una causa invencible

Me vinieron lindos recuerdos viendo anoche en directo por Internet en Bambuser, la ocupación del Banco Popular en Las Ramblas de Barcelona, donde la gente de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), desarrolló un heroico encierro en solidaridad con el señor José Antonio, un hombre mayor con una discapacidad, que lo hace ir en silla de ruedas, víctima de la mafia bancaria que pretende criminalmente desahuciarlo y condenarlo a una segura indigencia.

Las imágenes de esta acción solidaria y revolucionaria en una sucursal bancaria repleta de activistas de todas las edades, personas valientes, anónimas, honradas, sin miedo a la inepta y suburbial turba policial, que con el rostro tapado y armados cobardemente hasta los dientes, procedían al desalojo persona por persona, ejecutando ordenes en defensa de los intereses de la delincuencia financiera, olvidando y obviando de forma intencionada los derechos fundamentales de la ciudadanía de a pie, la que sufre los abusos de poder, los chantajes y amenazas de esta casta sanguinaria que se enriquece con la usura, el sufrimiento y la muerte por suicidio de miles, millones de víctimas de sus estafas.

La salida de cada activista era acompañada de gritos de apoyo, de risas, de brazos en alto, puños cerrados, manos encendidas y solidarias, de abrazos emocionados, de lagrimas de emoción y alegría por haber logrado pasar tantas horas encerrados, encerradas para que Don José no sufra ese expolio, firmado y diseñado en los oscuros despachos, olor a muerto, de una justicia entregada y arrodillada ante el poder del dinero, al servicio de personajes siniestros dispuestos a todo para seguir robando, masacrando, saqueando, pisoteando los derechos fundamentales de la ciudadanía.

Toda esa energía, ese amor inmenso, esa luz al final de este camino de oscuridad, me trajo a la mente visiones de otras luchas, de otros momentos en la historia donde se ha impuesto la claridad. Recordé las andanzas del Movimiento 26 de Julio (M-26) en la cubana Sierra Maestra, donde hombres y mujeres alzados luchaban por un mundo mejor en la alborada de los sueños y las mariposas de colores.

Cuentan las crónicas de esta guerra revolucionaria, que llegaron un día un grupo de militares del dictador Batista a un campamento guerrillero abandonado, un territorio de resistencia contra el genocidio del pueblo, que uno de los mandos fascistas percibió en su ignorancia como victoria, pero que otro de rango inferior más tenaz, con mayor capacidad de análisis le matizó que aquel recinto no era solo un lugar para dormir, comer o guardar armas, que aquel espacio era algo más, que habían escuelas, un hospitalito dividido en varias especialidades médicas, que aquel humilde enclave entre la selva serrana mostraba las señas de identidad de un movimiento invencible, que más temprano que tarde terminaría alzándose con la victoria.

Todo eso me pasó por mi subconsciente mientras veía las imágenes de la gente de la PAH siendo desalojada, de sus vítores, de esos abrazos impregnados en lagrimas de orgullo y dignidad.

Supe en un instante que su lucha ya está ganada, que por mucho que este corrupto gobierno de los sobres los reprima, por más que la casta judicial siga sentando jurisprudencia contra el pueblo trabajador, beneficiando al usurero podrido, al que se enriquece con la sangre y el dolor de los demás, de los débiles, de los nadies.

No había más que ver las caras de aquella gente luchadora para saber que la victoria es imparable, las miradas de complicidad, el fragor y la intensidad de sus palabras comprometidas, los mensajes del foro con frases de apoyo desde todo el planeta, acusando a los esbirros policiales de maltrato, de taparse cobardemente la cara, de defender los intereses de los delincuentes y no de las personas honestas y trabajadoras.

Dice la canción de la trova que “lo que brilla con luz propia nadie lo puede apagar”. No apagarán por mucho que quieran la luz brillante de la PAH, de STOP Desahucios. Sus activistas nos marcan el camino de la justicia y la esperanza.

No podrán con nosotras, con nosotros, con todas las personas que luchamos por un mundo mejor. Solo es cuestión de dar tiempo al tiempo, de que las pacientes agujas de los relojes se pongan de acuerdo para anunciar el imparable y glorioso día de la victoria.

Somos legión.


1 comentario:

  1. Todo mi apoyo a la PAH. Un ejemplo a seguir.

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