miércoles, 29 de mayo de 2013

Rajoy como Calderón y Uribe, condenándonos a la oscuridad y la violencia

El silencio sepulcral se siente en las calles de mi ciudad, ya casi nadie tiene trabajo, el tráfico disminuye, los taxistas se arruinan, cierran los negocios y el desaliento se palpa en cada esquina.
 
La capacidad de lucha parece extinguida y la droga inunda los barrios humildes, introducida por quienes todos sabemos, con el objetivo de alienar a la juventud, quitarles lo poco que les quede en sus castigadas neuronas de reivindicación y combate por un mundo mejor.
 
Esa tremenda barbarie que recorta las pensiones de personas mayores que han trabajado toda su vida como esclavos del capital, robarles parte de la prestación por desempleo a quienes no tienen trabajo, expulsar y desahuciar de sus casas a familias humildes que no pueden pagar las estafas bancarias de las hipotecas, condenar a enfermos dependientes a una muerte segura retirándoles todas las ayudas, obligar a marcharse al extranjero a toda una generación de jóvenes sin futuro.
 
Es la excusa de los mediocres gobernantes que se basan en agradar a la mafia de la Unión Europea y a la troika de ladrones compulsivos, ajustar los objetivos de la mierda del déficit, de la estafa de unas reformas planificadas para conducirnos al abismo del hambre y la miseria, mientras estos delincuentes se hacen multimillonarios a costa de nuestros derechos, de nuestras vidas arruinadas y en manos de criminales de guante blanco.
 
Este parece ser el camino elegido por el régimen español: avanzar hacia la estrangulación total de su pueblo, arrebatar hasta la última brizna de esperanza, convertir a la clase trabajadora en mano de obra barata para sus prostíbulos y casinos, como el que tienen previsto montar en la capital del reino en pocos meses, por supuesto, como no podría ser de otra manera, de la mano de la bien pagada lideresa ultraderechista y su comparsa del miedo y la muerte.
 
El sendero gubernamental de la represión roza ya el fascismo con todo tipo de embestidas, malos tratos, torturas, asesinatos impunes, agresiones a manifestantes que pierden sus ojos por las balas de goma, criminalización de las organizaciones y personas que defienden los derechos civiles, la persecución de quien difiera del estatus quo del latrocinio y el pelotazo, de lo mafiosamente correcto.
 
Ya lo venían haciendo desde hace muchos años en países hermanos como Colombia o México, donde presidentes como Uribe o Calderón asesinaron o desaparecieron entre los dos en poco tiempo a más de 80.000 sindicalistas, defensores de los derechos humanos o activistas de la izquierda revolucionaria.

Un premeditado genocidio en toda regla, crímenes de lesa humanidad patrocinados por empresas y multinacionales extranjeras, entre las que se puede destacar a varios emporios españoles del petróleo, la electricidad, la telefonía o la banca, que han conducido a estos pueblos a situaciones de inmenso empobrecimiento, para beneficio exclusivo de mafiosos millonarios sin escrúpulos, que han construido sus fortunas con las manos manchadas de sangre.
 
El capitalismo salvaje disfruta y crece entre la desolación y la basura sistémica, viviendo de la explotación de la empobrecida masa trabajadora, del hambre infantil, de los centenares de suicidios diarios de personas desesperadas que no aguantan más los chantajes y las injusticias.
 
Por eso este gobierno y los anteriores, desde los tiempos de la traición-transición, han pactado con la Europa de los mercaderes un futuro de esclavitud para nuestro pueblo, hipotecando el mañana en deudas impagables, en “rescates” para mafiosos banqueros que no se cubrirán en los próximos 200 años, que nunca podrán ser saldados, porque están diseñados para masacrar, para asesinar, para matarnos de miseria y desolación, para enriquecer a los que ostentan el poder político y empresarial, pisando la cabeza de la mayoría de la población.
 
Impresiona la dureza de los crímenes y ajustes de cuenta que se están produciendo en los últimos meses en un estado arrasado. A principios de esta semana vimos en los medios el de esa pareja holandesa torturada y descuartizada salvajemente hasta la muerte en Murcia.
 
La violencia de estado atrae la violencia criminal, como dicen los frívolos enriquecidos que  “dinero llama dinero”, la mafia campa a sus anchas en la España de las maravillas para unos pocos, premiando a los defraudadores, a los ladrones, regularizando sus estafas con vergonzosas amnistías fiscales.
 
Este parece ser el modelo a seguir en el futuro inmediato, el imperio del crimen en connivencia con la casta del sobre y la prebenda.
 
El tiempo estará a favor de la maldad si no somos capaces de inyectarle dosis inmensas de claridad, revoluciones y estrellas.
 
 
Democracia a la española

1 comentario:

  1. Asesinos criminales de estado. Un día pagarán todos sus asesinatos más temprano que tarde. Buen artículo. Saludos desde La Habana. Roque Tejero.

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