domingo, 7 de abril de 2013

El teleférico de la vergüenza al Roque Nublo, otro negocio para la casta político-empresarial

La misma codicia desmedida disfrazada de progreso que destruyó gran parte del territorio canario desde los años 60, el mismo modus operandi siniestro para apropiarse del patrimonio natural de nuestro pueblo, se materializa ahora de nuevo en el municipio de Tejeda, en uno de los parajes más hermosos y con mayor riqueza ambiental y cultural del planeta, donde el Partido Popular con mayoría en el Cabildo de Gran Canaria y la alcaldesa pepera de este singular paraje, pretenden recuperar el polémico proyecto de montar un teleférico que suba a miles de turistas al Roque Nublo, un espacio natural protegido de alto nivel, sometido ahora a las nefastas sombras del dinero fácil, de los constructores, los amiguismos y la complacida casta política siempre abierta al negocio sucio, aunque se arrase por el referente natural y cultural de todo un pueblo.
 
Esa manía perorata repetitiva y molesta como un guineo iracundo, que solo pretende seguir vendiendo humo entre la desesperación y la pobreza. El apestoso y mal entendido desarrollismo para que unos pocos se lucren del destrozo, los de siempre, los amigos del “sobrecogido” argumento de los puestos de trabajo, de la riqueza en pocos días, de la panacea económica, de la mentira que generó que la mayor parte de las playas de estas islas estén destrozadas, contaminadas, repletas de cemento y especulación.
 
El horrendo discurso de unos vergonzosos próceres del miedo, de las cuentas corrientes repletas, de los cochazos, chalecitos, secretarias lustrosas y móviles última generación a costa del erario público. Los generadores del hambre de nuestra gente, de que Canarias y su pueblo sufran la peor etapa socioeconómica de su historia, siempre gracias a sus recortes, reformas, pelotazos y un nivel de vida que avergüenza a la mayoría de las personas honradas.
 
Las políticas del PP con las construcciones de aeropuertos sin aviones, grandes palacios de la cultura que ahora se caen a pedazos en Castellón, Valencia y otros puntos de Españistán. Los miles de millones invertidos en nada para engordar una burbuja inmobiliaria que ha condenado a gran parte del pueblo español a la miseria, a la dependencia, a la esclavitud con una banca mentirosa y corrupta, que ha engañado a infinidad de familias con falsas promesas en forma de hipotecas basura, pestilencia, saqueos y robos de guante blanco.
 
Ahora de nuevo en una Canarias con más de un 30% de desempleo, con cientos de miles de familias bajo el umbral de la pobreza extrema, con uno de cada tres niños/as sufriendo malnutrición, según datos recientes de UNICEF, el presidente del Cabildo de Gran Canaria, José Miguel Bravo de Laguna, el mismo que tuvo que dimitir del Parlamento Español hace unos años por un presunto escándalo, se saca de la manga este nefasto proyecto claramente especulativo, que lo único que pretende es cargarse una zona emblemática de esta isla, llenarla de turistas, de basura, de cables que arrasaran por la avifauna, de ruido, de coches, de humo, con la excusa de un teleférico que acabará desde el primer momento con un paisaje espectacular, que Miguel de Unamuno definió en pocas palabras como “una tempestad petrificada”.
 
La prioridad de esta mediocre casta de políticos metidos a poceros no les permite ver más allá del sol y playa, de la borrachera colectiva de los hooligans, de la discoteca o el hotel con barra libre, del nauseabundo y machista boddy sushi. No valoran para nada las posibilidades de un turismo sostenible, ecológico, que fomente el respeto por la cultura canaria, que dé a conocer a los visitantes una flora única y endémica, una historia repleta de riqueza que viene de los tiempos de los antiguos pobladores, de su arqueología, del patrimonio etnográfico, de la propia idiosincrasia de un pueblo isleño que ha vivido siempre en la encrucijada tricontinental, hermanado con los pueblos del mundo.
 
Estos importantes valores no parecen importar a la rapiña que ha destruido esta tierra, que está llevando a su gente a un holocausto social sin precedentes. Una pandilla de la muerte que no se corta en promover nuevos planes en la misma línea de la destrucción, de la depredación sin límites, para conseguir dinero fácil en poco tiempo cueste lo que cueste, aunque lo que se venda y se destruya sea el Roque Nublo y la Caldera de Tejeda.
 
Habría que preguntarse en voz alta y clara ¿Qué empresa estará detrás de este nuevo saqueo? ¿Qué político o políticos se lucrarán y obtendrán buenos beneficios de esta nueva operación millonaria? ¿Qué vínculos tendrán con el poder los promotores de esta inversión de futuro para unos pocos?
 
Preguntas que seguramente se llevará el viento y que los medios desinformativos al servicio del régimen se encargarán de disfrazar, de ocultar y vender esta verdadera locura como la solución a todos los problemas de esta tierra, el sursum corda del progreso, al mejor estilo del otro montaje siciliano, despilfarrador de millones de fondos públicos que no se saben dónde coño están, ni quien los tiene, del Proyecto Monumental de la Montaña de Tindaya en Fuerteventura.
 
La baja catadura moral de la casta política canaria y española hace que surjan este tipo de propuestas nefastas para el medio natural, destructoras del patrimonio cultural de nuestro pueblo y del resto de la humanidad, sin molestarse para nada en buscar otras opciones que estimulen el desarrollo de zonas como Tejeda. Formulas alternativas al turismo de masas, que verdaderamente conserven y potencien la economía social, que beneficien al conjunto de la sociedad, a los agricultores, a los ganaderos, a los artesanos, no a los mismos depredadores de siempre, los que se lucran de la destrucción de la naturaleza, del desarraigo de nuestra gente, para seguir pescando en el río revuelto de la desolación y la miseria.
 
 
Al Roque Nublo se llega andando

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