viernes, 1 de febrero de 2013

Daniel y Strupi ya viajan juntos para siempre. Crónica de una tierra devastada

Strupi comprobó atónito como su amigo no podía más y caía desplomado al suelo tras salir de la tienda de campaña, solo pudo lamerle la cara, tratar de mostrar el cariño que solo los perros son capaces de trasmitir a un ser humano. Todo fue inútil y aquel hombre joven, de solo 39 años, dio su último suspiro. El can quedó desolado recordando en la soledad, entre palmeras canarias, a alguien que fue parte de su vida durante tantos años, con quien callejeaba entre turistas y hoteles en el enclave turístico de Maspalomas, allá en el sur de Gran Canaria. Juntos buscaban alimentos en la basura o conseguían algo de dinero vendiendo las pequeñas obras pictóricas de su camarada de sueños.
 
Daniel, su hermano del alma había muerto después de tantos años y el perrillo quedó solo, luego llegaron policías, periodistas, televisiones y muchos amigos y amigas, que como ellos vivían en la calle y dormían en la playa o en medio de aquel palmeral destruido.
 
El perro quedó desamparado cuando se llevaron el cadáver, se le veía en tv olisqueando confundido, acompañando el cuerpo de su compañero, aferrado a las escasas pertenencias que los dos tenían en aquel bosque perdido de las Islas Canarias.
 
A pocos metros de aquella triste escena un gigantesco hotel, a todo lujo, donde vienen visitantes de todo el mundo, en especial del norte europeo, a disfrutar de piscinas, discotecas, spas, bares, restaurantes caros, colindaban con aquel universo de indigentes, de personas sin esperanza de distintas procedencias: holandeses, ingleses, alemanes, suecos, finlandeses, isleños… Una especie de sociedad de naciones del desamparo, de la pobreza y la marginación social, que sobreviven cada día mendigando un trozo de pan, algo para vino barato y un pequeño espacio para dormir bajo las estrellas, donde el ruido de las olas y el olor a salitre inundan la existencia de la comunidad de los sueños perdidos.
 
En las mismas fechas de la muerte de Daniel Laupchea, se celebró en Madrid la Feria Internacional del Turismo (FITUR 2013), adonde acude la creme de la creme del destrozo ecológico de estas islas, empresarios millonarios, potentados del cemento y el soborno, que han construido impunemente en playas vírgenes, destruido parajes naturales únicos en el mundo, solo para satisfacer su depredación y su ansias desmedidas de ganar dinero a costa de lo que sea.
 
En esta feria del lujo y el ocio para unos pocos, se juntan con sus cómplices de la casta política de la bananaria autonómica. El sumiso y monárquico presidente cipallo, alcaldes, príncipes de la realeza corrupta, diputados y hasta ministros petroleros, todos acompañados de sus despampanantes secretarias, asesores listillos, cochazos y dietas para comer en lo más caro de Madrid. Todos unidos en ese objetivo común de seguir destruyendo un territorio de incalculable valor ambiental y cultural, mientras se llenan sus bolsillos a costa de un pueblo canario que bate récords de empobrecimiento, desempleo, fracaso escolar, desahucios, suicidios, hambre, miseria y malnutrición infantil.
 
El cuerpo inerte de Daniel pasó la noche acompañado solo por Strupi, que trataba de rebuscar en su alma un soplo de ternura. En la lejanía se rompía el silencio y se escuchaba la música estridente, los canticos de hooligans borrachos o alemanes cerveceros y barrigones entonando sus himnos. El olor a comida basura inundaba el ambiente y contrastaba con el silbido cadencioso y asustado de los alcaravanes. La humildad y la extrema sensibilidad a veces llevan a personas demasiado especiales a terminar como este pintor de soles y estrellas. Su padre que fue alcalde en una ciudad de Suiza y su familia adinerada no fueron óbice para que se marchara y abandonará todo, que cambiara la opulencia y el despilfarro por la vida en la calle, para vivir solo de sus humildes pinturas y artesanías recicladas, devorando libros y disfrutando de la inmensa poesía del infinito cielo estrellado.
 
Al otro lado los señores del dinero y los sobres disfrutaban de las noches de Madrid a todo tren, cerrando nuevos negocios, el próximo pelotazo, planificando entre copas de Chivas Reserva o Cava del más caro, la posible tala parcial de este palmeral, la nueva construcción millonaria de Riu Hoteles, en el mismo lugar donde murió el pobre Daniel, en ese paraje tranquilo que el viento arrulla, donde ahora siguen resistiendo el embate de la miseria otros seres abandonados, que junto a este perro solitario y triste conforman el paisaje de una tierra devastada.
 
 
Foto C7

2 comentarios:

  1. Copio y pego en facebook

    ResponderEliminar
  2. La casta del destrozo, el pelotazo y el dinero fácil a costa de la destrucción de la naturaleza. Prefiero toda la vida a Daniel y a Strupi que a toda esta gentuza del robo, el sobre y el saqueo.

    ResponderEliminar