miércoles, 20 de junio de 2012

La camisa roja de los mineros

Los mineros asturianos, leoneses y aragoneses están dando todo un ejemplo de dignidad y coraje. Emociona ver su organización en la lucha contra las violentas encerronas de las fuerzas represivas y su enorme valentía tras 23 días de huelga. Una movilización en defensa de su modo de vida, de su comida, de sus puestos de trabajo, del futuro de sus hij@s.

El martes 19 de junio sus mujeres alzaron los puños en el Senado y fueron desalojadas mientras cantaban “En el pozo María Luisa”. Poco antes la derecha del PP había votado en contra de una de las siete enmiendas del PSOE, donde se pedía el rechazo al recorte del 60% en las ayudas al carbón. La iniciativa proponía que las remanentes de las ayudas a las empresas privadas no pagadas en 2011, y que ascienden a 75 millones de euros, fuesen aplicadas como ayudas a los costes de explotación de las compañías productoras.

Este brutal recorte supondrá que más de 30.000 familias de mineros se quedarán en la calle sin nada, condenadas al desempleo y a que sus pueblos se conviertan en lugares desolados y fantasmas,

Resulta vergonzoso que para rescatar a la banca haya más de 100.000 millones de euros mientras los mineros están a punto de perder sus trabajos. El rescate europeo está reservado para una casta bancaria que ha cometido gravisimas irregularidades, premiando a los poderosos millonarios mientras pisotean los derechos de trabajadores honrados.

La absoluta carencia de sentimientos humanos del PP, contrasta con la lucha de estas mujeres heroicas y de sus hombres alzados contra la destrucción del estado del bienestar. Son la referencia de millones de personas de buena voluntad del estado español, las que no nos creemos los siniestros montajes de un gobierno manejado por el gran capital.

Lo que hacen ahora con los mineros es lo que nos espera al resto de trabajador@s si no luchamos. Esto es solo el principio de un plan estratégico diseñado para acabar con nuestros derechos sociales y laborales.

La lucha minera con sus camisas rojas de sangre nos debe marcar el camino. Si no seguimos su estela gloriosa estaremos condenad@s a un desgraciado futuro de hambre y miseria.



Pablo Hasél - La lucha que temen

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