lunes, 23 de abril de 2012

Un cuento de miedos y reformas

En aquella fantasmagórica pesadilla el miedo a los despidos inundaba cada lugar de trabajo, la incertidumbre calaba muy hondo en las personas que desempeñaban su labor. En aquella empresa la gente acudía con caras largas, se percibía tristeza, impotencia, pero sobre todo mucho temor a que llegara la siniestra decisión que les hiciera verse sin nada en la calle, con derecho a unos pocos días por año de indemnización y una hipoteca que pagar, hij@s a los que alimentar y una vida por delante que se avecinaba terrible y sin salida.

Aunque fuera primavera se percibía un ambiente tenso y sobre todo mucho miedo en cada compañer@. Todo el mundo corría cuando se aproximaban los minutos del fichaje, se sentían vigilad@s, casi no se podía ni hablar y en los pasillos había miedo, mucho miedo y el lugar de trabajo ya no era el espacio alegre de libertad de expresión y felicidad. Prevalecía el terror a verse sin nada, que al tecnócrata de turno le diera por pulsar el botón del despido. La indefensión era total y ya ni siquiera los juzgados de lo social podían salvarles del caciquismo feroz. Flotaba en el ambiente una sensación de que todo lo que dijeran podría ser utilizado en su contra, desconfiaban y veían caras cómplices con el poder, con la empresa y ya todo lo que decían era a media voz y mirando que no estuvieran cerca quienes filtraban toda la información. Seres sin escrúpulos que vivían de medrar, de pelotear y de chivar cada detalle, cada mirada, cada comentario, cada palabra escrita o pronunciada. Se movían entre mesas y ordenadores, vigilaban el coto privado de los que piensan que todavía debe existir la esclavitud.

Tantos años de luchas obreras en todo el planeta para acabar así, luchas implacables desde los años en que los héroes de Chicago entregaron sus vidas por la jornada laboral de 8 horas. Siglos de consecuciones históricas que parecen desaparecer en una nueva legislación diseñada a la medida de una patronal cada día más siniestra, conchabada con un gobierno que está imponiendo un nuevo régimen de terror dirigido desde una Europa manchada de miles de suicidios de personas desesperadas, de reformas y recortes sociales a los sectores más desfavorecidos, los que pagan en sus carnes la ira de un sistema abocado a su propia destrucción, la que viene de la respuesta combativa de los pueblos alzados.

Éste será inevitablemente el camino.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es/

El grito, obra de Edvard Munch, es una genial manifestación de angustia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario