martes, 7 de febrero de 2012

La sombra del viento

Leyendo con detenimiento el texto del Consejo de Guerra que condenó a muerte a los cinco fusilados de San Lorenzo en Gran Canaria, podemos comprobar la coincidencia en parte de los apellidos de los militares que los juzgaron ilegalmente en 1937, con ciertos personajes actuales y relevantes de la llamada “sociedad canaria”. Una pandilla de cuidado que maneja los hilos de distintos estamentos públicos, sociales, culturales, económicos, que hacen y deshacen en terrenos de importancia capital, sobre todo donde se palpa la manija del poder, allí donde se mueve el dinero y los negocios. Con todos los respetos a los nobles y fieles canes, estos tipos son los mismos perros rabiosos con distinto collar que los que firmaron la sentencia de muerte del Alcalde comunista Juan “Machado” y sus camaradas asesinados por defender la verdadera democracia. Curiosamente estos individuos forman parte indirectamente del engranaje más siniestro que ha sentado en el banquillo al juez que quiso investigar los crímenes del franquismo. Bloquean desde los estamentos donde trabajan cualquier avance para la recuperación de la memoria histórica. Tapan las crueles andanzas de torturadores, criminales, psicópatas vivos y muertos, que tanto daño causaron en 40 años de dictadura.

En el incesante periplo de las familias de los fusilados por instituciones, registros civiles, parroquiales y de la propiedad, nos hemos encontrado en pleno siglo XXI con malas caras, silencios sospechosos, ocultación de documentos y sobre todo miradas de rencor, de sorpresa, reprobaciones, ante personas que lo único que buscamos es recuperar los restos de nuestros familiares asesinados y demostrar que eran hombres honrados. Algunos han preguntado con tono paternalista, que porqué no olvidamos unos hechos que pasaron hace tantos años, que mejor dejar todo como está, que les recemos un padrenuestro para que descansen en paz. Nos ha pasado casi de todo buscando recuperar la dignidad de nuestros fantasmas queridos, aquellos que dieron su vida luchando por un mundo mejor. No han logrado amedrentarnos y hemos seguido adelante en un camino abierto hacia la justicia y la reparación.

Ahora a pocos días del 75 aniversario del fusilamiento el 29 de marzo de 2012, se nos viene a la cara en forma de brisa fresca toda esa ternura revolucionaria, cada instante su energía vital nos hace sentir esa fuerza fraternal, un calor inundado de claridad durante muchos años de olvido, el miedo y una inmensa tristeza por dejar en el camino a sus seres queridos, a sus novias, hijos y madres de las que no pudieron despedirse, cuando los sacaron de madrugada del Campo de Concentración del Lazareto para asesinarlos.

Estoy seguro que la justicia verdadera, la que emana de la lucha de los pueblos colocará todo en su sitio tarde o temprano, que tantas victimas de la represión del franquismo en Canarias y todo el estado obtendrán el justo y merecido reconocimiento.

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