viernes, 4 de noviembre de 2011

Para la Fundación Marco Ojeda desde la tormenta

La acción es una oración sin palabras. La acción buena contiene todas las filosofías, todas las ideologías, todas las religiones.

Vicente Ferrer

Un dentista hijo de un barrio obrero que dedica su vida a ayudar a los demás, que se gasta mucho dinero de su bolsillo en causas nobles en el Sahara y otros países africanos, siempre con la única obsesión de cambiar estructuras injustas. La Fundación Marco Ojeda está llenando de esperanzas a algunos pueblos que sufren la miseria y el hambre en el mundo empobrecido, siempre con la excusa perfecta del cuidado buco-dental para llegar a otros terrenos y necesidades.

Marco no se conforma con quedarse en su casa ganando dinero sino que se implica para conseguir un mundo mejor en tiempos de crisis, en una época donde casi nadie apuesta por mejorar las condiciones de vida de la gente desfavorecida. Este vecino de Tamaraceite va más allá, volcándose en proyectos imposibles para hacer realidad la esperanza y la ilusión de las personas que sufren la desigualdad, y en muchos casos hasta el hambre y la persecución política.

Esta mañana de noviembre hablamos de proyectos solidarios en esta zona de Gran Canaria y enseguida se le iluminaron los ojos, se iba para Tejeda a pasar más de hora y media conduciendo y ofrecer siempre desinteresadamente atención para las bocas de los niños de este pueblito rodeado de almendros. Como un vendaval surgieron otras ideas todas para mejorar la calidad de vida de la gente, en definitiva para que la salud y la felicidad vayan unidas como granos de arroz en un mundo desolado.

Tiene tiempo y es capaz de ayudar y buscar salidas laborales, montando un centro de alto rendimiento de bajo coste para quienes desde niños solo jugaron al fútbol, futbolistas de elite que no sacaron mucho dinero y que se ven a la hora de la retirada sin saber hacer nada más que pegar patadas a un balón. Araña minutos al reloj para poner en marcha un nuevo proyecto de restaurante en otro barrio obrero en Jinámar, donde personas que estaban desempleadas ahora tienen una opción profesional con mucho futuro.

Sería largo de enumerar la labor de Marco, un hombre que podría literalmente pasar de todo y dedicarse solo a viajar y disfrutar, pero que ha optado por dedicar su vida a la gente humilde, por aquellos que han perdido la esperanza y sobreviven entre miseria y desesperación.

Me quedé reflexionando un buen rato después de mi encuentro con este amigo y he pensado que quizá todavía quede esperanza en la especie humana, que todo se pueda cambiar y que este planeta sea algún día un lugar más habitable, solidario y justo. Me vino a la mente aquel poema del genio literario alemán Bertolt Brecht, sobre las personas que luchan toda la vida como Marco sin pedir nada a cambio, quizá solo la sonrisa de un niño. Esos seres la verdad y sin duda que son los imprescindibles.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com/

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