domingo, 2 de octubre de 2011

Era lo que queda

El resplandor de la tarde abruma cada espacio de vida y la higuera clama al cielo agua de luz y colores en la más rotunda claridad. La araucaria la observa tranquila sabiendo que pierde sus hojas extrañamente hace unos meses, quizá la muerte la aceche de nuevo como en aquel invierno cuando no llovió. Todavía recuerda aquella tierra lejana donde su madre la engendró en el cerro lluvioso junto a los mapuches, cerquita del aliento a tomillo de sus mujeres resplandecientes que lavaban su ropa interior en un riachuelo helado como la tristeza.

Avisen a todos, aún queda un resquicio de luz en este corazón henchido, incluso a ese pájaro azul tierno y brumoso que hace días no viene a la mínima claridad de mi ventana.

¡Hasta los sueños nocturnos de cualquier lugar del tiempo!

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