jueves, 9 de junio de 2011

La montaña expoliada

Toca recordar como a principios de los 90 aprobaron un proyecto que significó la destrucción de parte de un patrimonio natural de la gente de este pueblo en la Montaña de San Gregorio. Todavía recuerdo los cardones enterrados bajo las palas de los tractores, cientos de miles de especies vegetales protegidas víctimas de las excavadoras, un territorio arrasado por una empresa constructora respaldada por políticos que gobernaban en aquella época el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. Más tarde todo se convirtió en hormigón y cemento, aquel paraje de árboles, pájaros y restos prehispánicos, se transformó en un erial de bloques y asfalto para beneficio de constructores y políticos cómplices del presunto pelotazo.

Ahora impera el paisaje de la desolación y las grúas con muchas viviendas que siguen vacías porque nadie las compra, pero les da igual siguen construyendo, planificando el próximo destrozo en una zona privilegiada y de alto valor ambiental, cultural y paisajístico. Un espacio natural que cuenta con un yacimiento arqueológico y conjunto histórico protegido con la categoría de Bien de Interés Cultural, conformado por varias cuevas de planta cruciforme excavadas en la toba basáltica por los antiguos indígenas canarios, dos silos abotellados de incalculable valor, canalillos posiblemente diseñados para la realización de rituales mágico religiosos, varias casas de piedra seca destruidas por las obras y los restos de una ermita del siglo XVII junto a un granero. Un oasis en medio de la destrucción rodeado de bloques de viviendas y sometido a la implacable presión humana y urbanística, sin que ninguna institución pública ni representante político se haya planteado hasta ahora su restauración y creación de un Museo de Sitio y Aula de Interpretación, que sirva para que los centros educativos de la zona cuenten con un recurso de alto valor pedagógico y cultural, un espacio para el rescate de nuestra historia y la conservación del patrimonio histórico y natural del municipio.

Cuando recorro la zona me invade la tristeza al ver las aguilillas sobrevolando la destrucción de su hábitat, la brisa limpia de esta montaña que forma parte de la memoria colectiva de toda la gente que ha nacido y crecido en esta zona de Gran Canaria, un lugar impregnado por los recuerdos de nuestros antepasados y que ahora es territorio comanche de la especulación desmedida.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com/









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