lunes, 9 de agosto de 2010

Miradas de sangre

Asistimos con asombro este fin de semana al apoyo absoluto del gobierno del PSOE y de la oposición del PP a las corridas de toros, con la asistencia de Rajoy y el ministro, José Blanco, a uno de estos bochornosos “espectáculos” sangrientos en Pontevedra. Estos dos politicastros escenificaron ante los medios de comunicación su respaldo a este esperpento, sonriendo ante un toro ensangrentado que vomitaba sufrimiento. Estos partidos no respetan la democracia, pasándose por el forro la decisión del pueblo catalán de prohibir esta aberrante “tradición”.

Mientras en Gran Canaria el Centro Comercial Las Arenas prepara un año más una de sus exposiciones de animales vivos, esta vez le toca el turno a especies marinas venenosas, muchas en gravísimo proceso de extinción, seres secuestrados de su medio natural por traficantes de animales para exponerlos en peceras minúsculas, para goce y disfrute de un populacho que los podrá ver entre tienda y tienda, todo para aumentar las ventas en plena crisis en beneficio de los presuntos feriantes del maltrato animal.

Esto sucede en pleno siglo XXI, en la era de las comunicaciones, donde es muy fácil ver gratis animales libres en cualquier documental de la 2, observar su comportamiento natural sin jaulas, sin peceras, sin crueles domadores, donde los niños pueden aprender que la libertad de los seres vivos debe estar por encima de los negocios y los intereses de cuatro maleantes, secuestradores de la felicidad de individuos que nacieron libres para encerrarlos de por vida en jaulas o peceras.

El mismo Olarte, un político canario del oscuro franquismo, reciclado a la democracia como tantos otros, salió de su caverna para decirnos que en Canarias siguen siendo legales las corridas de toros a pesar de la Ley que las prohíbe, que es posible recuperarlas, rehabilitar la destrozada plaza de la autopista, para que lo más casposo de nuestra sociedad disfrute viendo sufrir hasta la muerte a un inocente animal. Este sujeto y otros de la misma calaña no escatiman esfuerzos en mostrar su apoyo incondicional a la tortura de un animal tan maravilloso, amparados en tradiciones feudales y medievales que para ellos justifican tanto sufrimiento.

En la misma tesitura se mueven los que respaldan la continuidad de las peleas de gallos en estas islas de bananaria. Elfidio Alonso de los Sabandeños y político de Coalición Canaria es uno de sus mayores defensores. Este prócer del nacionalismo derechoso nos sorprende de vez en cuando con declaraciones que apoyan esta aberración también llamada “tradición popular”, basada en organizar peleas hasta la muerte de unos pobres animales, mientras una cohorte de fanáticos hacen apuestas con dinero manchado de sangre.

Tenemos que aprender mucho de nuestros hermanos de planeta, de esas miles de naciones de animales que quieren vivir libres, felices, sin que ese otro animal al que llamamos humano los torture y los asesine, para regar su ego con la sangre y los bramidos de dolor. Estos seres tienen en sus miradas cuando son masacrados mucho que decirnos, miradas que Rajoy y Pepe Blanco vieron este domingo en Pontevedra y que seguro quitaron la vista avergonzados, miradas que nos avisan, que nos acusan de ir por el camino equivocado, que nos piden clemencia ante tanto dolor, miradas de sangre que sienten y sufren.

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