lunes, 7 de junio de 2010

Un algo mágico

Y allí nos perdimos entre ramas de pinos canadienses y un mar tan cercano que no era difícil presentir el canto alado de las ballenas mediterráneas. Toda esa ternura venía de una larga espera que pendía de las manos de nuestra esperanza, de los sueños de encontrarnos en la esfera del tiempo. No supimos buscarnos pero si nos encontramos a través de millones de cables, raíles y tormentas eléctricas que nos fecundaron en un encuentro esperado.

La noche no quiso dormirnos y paseamos en caminos sin rumbo entre vino y estrellas, perdidos, hablando de todo lo que había pasado antes de conocernos, de lo que ni siquiera sabíamos que podía pasar, que pasaría o que nunca sucedería. Andamos y descubrimos que no éramos tan distintos y decidimos recorrer senderos nevados, encumbrados en la nebulosa de aquella tarde. Buscamos una luz lejana y era aquel lecho cubierto de flores, una perra amiga, un lugar mágico más allá de la aurora.

Ese pelo enredado, un olor a flores nuevas y esa sensación de sentir una piel suave de mujer despierta mientras yo dormía, esperando el momento preciso para iniciar un amor desesperado, como agazapado entre manantiales y árboles centenarios. Un amor descarnado que había esperado siglos hasta encontrar la razón de su existencia. Pero el tiempo no pasaba y la noche avisaba de que todo era temporal, que el espacio alternaba con las ramas al viento del cariño, despiezaba cada instante y ya no sabíamos si era pasado o futuro el sabor de aquellos besos adolescentes o de ancianos apurando el último instante de un amor casi eterno.

Así nos saciamos el alma, volamos, cantamos, aquietamos el temor de los grandes sufrimientos, de las tristezas que nos rondan a veces entre soledades y miedos. Por la ventana todo era verde, el riachuelo arrullaba la brisa de la noche y la perra arañaba la puerta como queriendo estar cerca, no perdernos mientras el reloj avanzaba hacia una despedida programada para volver. Un reencuentro eterno, una búsqueda de raíces perdidas en lo más profundo de nuestra conciencia. Un algo mágico que nunca perderemos y que siempre viajará en el calor de nuestras manos y en una parte placida de nuestras miradas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario