jueves, 17 de diciembre de 2009

Canción de amor para Aminatou

Me estremecieron mujeres que la historia anotó entre laureles y otras desconocidas gigantes que no hay libro que las aguante.
Silvio Rodríguez Domínguez

Ahora que ya está en la UVI de un frio hospital, con el estomago vacío pero el alma repleta de sueños y banderas, Aminatu siente cerquita a sus hijos, a su anciana madre. La arena del desierto sobrevuela Lanzarote entre un viento violento, impregnado de la tristeza de un pueblo masacrado, torturado, desaparecido por una dictadura sangrienta, encabezada por una monarquía alauita corrupta y asesina, muy amiga de la española, “hermanos” como dice el rey Juan Carlos I cuando visita a este maromo medieval, continuador del genocidio de su padre Hassan contra el pueblo hermano saharaui.

Esta mujer frágil, linda, comprometida, está estremeciendo al mundo, removiendo conciencias muertas. Entra en palacios lujosos sin estar presente y su fuerza llega a la Casa Blanca, al imperialista Parlamento Europeo en manos de la derecha y sus compinches de la socialdemocracia. Aminatu accede a lugares donde no ha llegado nadie, revoluciona solo con negarse a comer, exhibiendo una inmensa dignidad que ya quisieran para sí muchos políticos bisnosos de esta tierra canaria, mafiosos armados de mentiras para eternizarse en el poder, hipócritas que reniegan, insensibles al coraje de una mujer de fuego, enchaquetados zoquetes que solo piensan en sus suéldazos y sus coches de lujo.

Ella como otras mujeres de la historia está entregando su vida por amor a los demás, como hizo Dolores “La Pasionaria”, como está haciendo Hebe Bonafini en cada jueves de Plaza de Mayo, sintiendo cuando se pone el pañuelo en su cabeza a los treinta mil desaparecid@s de Argentina. Aminatu nos está dando una lección ejemplar, la lección que nos faltaba en nuestro cuaderno de bitácora, una lección de paz, de solidaridad, de ternura, de valentía invencible.

Una causa, una lucha de todo un pueblo por su liberación, por su independencia, ahora que tanto se crítica por la absurda tribu mediática canaria la soberanía de los pueblos, su derecho a la autodeterminación, a poder decidir libremente su futuro. Ella, humilde, sencilla, pura, nos manda este mensaje universal, un aviso a navegantes de que la brújula está equivocada, que se precisan muchas Aminatus para amanecer.

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