martes, 6 de octubre de 2009

ETERNA

Supe de ella una de esas noches de poemas, rones y música con mi amigo y camarada, Chiqui Santana. Los dos aprendices de poetas y soñadores revolucionarios a la luz de la alborada. “La negra” Mercedes Sosa irrumpió en mi vida esa madrugada y esa voz potente y solidaria, esas canciones comprometidas han quedado en mi para siempre.

La seguí cada vez que venía a la isla con sus músicos de alto nivel, guitarristas que hacían que la voz de Latinoamérica se fundiera con los acordes de guitarras negras, blancas, rojas, de todos los colores del arco iris. Recuerdo a una niña de meses que lloraba y lloraba en casa de una compañera, Mercedes estaba invitada a cenar y no había forma de tranquilizarla. Pero “La negra” se acercó a su cunita y la cogió con sus manos fuertes de campesina tucumana, la niña miró sus ojos, sintió esa energía que brotaba de aquellos dedos mágicos y dejó de llorar, mirando asombrada aquel pelo negro, brillante, aquella sonrisa de la precordillera se durmió profundamente. Nuestra Mercedes ya no acunará más bebitas, ya no nos deleitará con aquellos conciertos masivos en la grada curva. Se nos ha marchado con Violeta Parra, con Victor Jara, con Atahualpa y con el “Che” Guevara, buscando la próxima aventura, el próximo acorde de lucha popular, sigue buscando su puesto en la fila del pueblo ahora desde un lugar donde solo habitan los recuerdos.

Latinoamérica está despertando, las canciones de Mercedes han sido parte de esa revolución de “los nadie”, sigue presente en los triunfos populares en Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, El Salvador y un largo etcétera de victorias silenciosas después de tanta represión, de tanta desaparición de inocentes, de tanta tortura. Todavía falta que en Colombia, en Perú, en México, florezca esa esperanza vestida con un poncho blanco, que tras el enorme sufrimiento de las clases populares se consigan mejoras sociales, educativas, sanitarias con gobiernos en manos del pueblo, democráticos, libertarios, donde los desheredados y desheredadas del continente hermano al fin consigan avanzar con dignidad y progreso.

“La negra” vino a entregar su corazón y nos lo ha dejado cargado de amor y no porque todo esté perdido, sino porque estamos ganando y venciendo al desasosiego, a la incertidumbre, a la tristeza de ver morir niños de hambre en Tucumán, en uno de los países más ricos del mundo, niños de la calle asesinados por los escuadrones en Bogotá, madres de mayo buscando todavía a sus hijos/as. Miles de luchas que Mercedes nos ha regalado para que sigamos su estela de luz, sembrando, germinando, mirando desde este hemisferio como la Cruz del Sur se ha teñido de luto y esperanza por un mundo mejor.

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