lunes, 27 de julio de 2015

Brotes del alba

Rosita, la pequeñita de la familia, corría por los pasillos del Carrefour de Hoya de la Plata. Marcos Hormiga, su padre, la seguía con la vista, observándola con mucho cuidado por las recientes desapariciones de niños/as en la isla. Maribel su madre andaba con sus ojos verdes puestos en las estanterías mirando los precios de cada producto. Ambos llevaban en paro varios años, ya no tenían ingresos en la familia, solo la ayuda de alimentos de los servicios sociales, una tapadera insuficiente para cuatro bocas hambrientas. Afuera habían dejado el coche con el depósito casi vacío. Hormiga le echaba gasoil cuando podía, apenas cinco euros, lo que le daba para recorrer algunos km mientras echaba currículos en todos lados sin que nadie lo llamara.

La chiquitilla llegó a la sección de juguetes, en ese instante su pequeño mundo se llenó de colores, miraba, tocaba, palpaba, hasta olía esas fragancias que recuerdan a los envoltorios de los Días de Reyes, cuando había trabajo en la casa y se podían permitir que cada miembro tuviera su regalito, la colonia de Marcos y la espuma de afeitar, el vestido escotado de Maribel, los paquetitos de las dos hermanitas colocados ordenadamente junto a los zapatos viejos, él vasito de ron para el rey Gaspar, el pisquito de queso, unos polvorones, para que la noche se les hiciera leve a esos seres mágicos, montados en camellos azules, volando en su viaje por cada rincón del planeta, repartiendo regalos por la geografía del infinito.

La niña pedía, quería que le compraran todo, su padre y su madre la conducían con disimulo a las ofertas de no más de tres euros, las de cinco ya eran mucho para unas carteras vacías.

Al final un muñequito, un ratoncito enanito que no superaba los dos euros, la niña parecía comprender que no se podía gastar más, que no había recursos en aquella casa empobrecida: “¿No es caro verdad mamá?”

Salieron con mucha vergüenza por la caja de menos de diez productos, la cajera los miró, entendió todo, ella misma había pasado por lo mismo hacía menos de dos meses.

Partieron en el destartalado auto hacia el barrio de Zarate, en la cocina una nevera vacía, los tristes garbanzos guisados del almuerzo, varios huevos para hacer la tortilla francesa de la cena de las niñas, en la tv el presidente Rajoy hablaba de que Grecia les debía dinero, un discurso ininteligible para almas puras, las que nunca han robado el patrimonio del pueblo.

Las dos niñas jugaban entre risas con el minúsculo roedor, la vieja gata Rosa parecía mirarlas con mucha pena, afuera medio barrio gritaba el gol del ascenso a primera del equipo local. Maribel y Marco se abrazaron en el balcón, miraban el mar que se divisaba entre las torres de hormigón.

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Imagen vídeo situación pobreza en España de la ONG "Educo"

miércoles, 22 de julio de 2015

Diego enredado en el perfume de la araucaria centenaria

Este hombre con los ojos repletos de universos perdidos ha viajado en el tiempo desde los remotos años 20, pasó hambre, vio como asesinaba un falangista en Tamaraceite a su hermano Braulio de 4 meses en su cunita. Descubrió con solo 11 años el terror del fascismo en las Islas Canarias, como los franquistas se cebaron sobre todo un pueblo, provocando más de 5.000 asesinatos de estado.

Diego González García todavía no se cree que la fosa donde está enterrado su padre se pueda exhumar, que con 90 años pueda ver los huesos de su padre, de Pancho, del que me hablaba de niño, de lo bien que se portaba con ellos, de cómo su casa era un espacio de libertad, la República de la esperanza entre la pobreza y el hambre ancestral.

Tiene miedo cuando lee en los periódicos que hay políticos y personas que me atacan, que atacan a quienes luchamos por la memoria y la justicia, por lo mismo que tantas personas fueron masacradas por el terror franquista.

Diego muchas veces no entiende nada, se enfada conmigo porque sigo luchando, porque la gente le comenta por la calle que me vio en tv, en un periódico local, en cualquiera de las muchas batallas y polémicos enfrentamientos con personajes sin escrúpulos del régimen.

A mí me cuesta muchas veces no saber explicarle cien por cien lo que sucede. Es muy duro haber sido testigo directo del asesinato de su hermanito, sus visitas recorriendo muchos km al campo de concentración donde estaba su padre, verlo flaco, lleno de piojos, sucio, con todo tipo de heridas de las torturas. Recuerda siempre el día que fueron y no se lo dejaron ver ante los llantos de su madre y del pequeño Lorenzo abrazado a su pecho.

Supo pronto cuando la casa se llenó de susurros y lamentos silenciosos de su madre y de su tía Rosa García, entendió en el silencio del camastro compartido con sus dos hermanos, aquellos dos pequeñitos supervivientes, que habían fusilado a su padre un 29 de marzo de 1937 a las 4 de la tarde. Era inevitable percibir el dolor, mirar el viejo ropero con las camisas blancas de su viejo, los papeles del sindicato escondidos bajo el colchón de paja, la madre destrozada en el pequeño patio junto a los perros cazadores del pobre Pancho.

Diego supo hoy que un alcalde cuyo padre lo defendió en un conflicto laboral con los caciques Betancores ha dado una brizna de esperanza, que la fosa común se podía abrir, emocionado me dijo que conocía al padre de Augusto Hidalgo, que era un buen hombre, que en pleno franquismo se enfrentó a aquellos fascistas explotadores. Hoy el viejo Diego percibió que puede ser posible, que igual puede ver sacar los huesos de su padre antes de partir hacia el viaje final, que quizá hombres importantes, con trajes caros lleguen con sus coches oficiales al homenaje del entierro digno de los héroes de la democracia y  la libertad, que tipos enchaquetados traten de quedar bien inaugurando el “muro de la memoria” con los nombres de todos los camaradas enterrados en la fosa común del cementerio de Las Palmas, que el pueblo puño en alto reciba esta nueva alborada.

Tantos años de dolor y de tristeza, de burlas de los ignorantes del pueblo, esa mala gente que siempre apuesta por el caballo ganador, aunque tenga las patas manchadas de sangre, de ser marginado por ser el hijo de un rojo asesinado, testigo de la muerte de un angelito inocente con los ojos azules.

Hoy fue un día especial para este hombre del siglo pasado, flor de posguerra, del hambre, de las injusticias, de los abusos de poder, que vio como su madre se quedó casi ciega de llorar la pérdida de sus seres más queridos. Hoy la brisa movió más que nunca la gigantesca araucaria del viejo jardín, el miró hacia arriba, bajo la sombra de la higuera centenaria, el cielo estaba más azul.

Un orgullo que Diego sea mi padre además.

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Foto de Diego tomada por Carlos Reyes Lima, 
director del documental "La memoria interior"

domingo, 19 de julio de 2015

Marisa invadiendo de amor el abismo

Benicio Corbacho, Esteban Cabrera y Marisa Alonso, fueron sacados de sus casas de madrugada por la “Brigada del amanecer”. La encabezaba el viejo Guardia Civil Avelino Palma, acompañado como siempre por los niños ricos de Falange: Eufemiano, Bonny, el hijo de la marquesa, Juan Ignacio Del Castillo, Cayetano Manrique de Lara, Amadeo Bravo de Laguna, junto a otros miembros de la organización fascista de menor rango social.

Marisa era la novia de Benicio, el joven anarquista procedente de Cuenca, empleado de Correos en Las Palmas de Gran Canaria, la enamorada pareja pensaba casarse en septiembre si su hermano enfermo de tuberculosis mejoraba. La bella muchacha de ojos azules estaba embarazada de 4 meses en aquel julio sangriento, se lo dijo al tabaquero jefe del grupo de falangistas, pero su única respuesta fue un golpe con el fusil en su pecho, lo que la hizo caer redonda al suelo sin sentido en presencia de sus padres en el barrio de San José.

La muchacha hija del famoso luchador del vernáculo deporte isleño apenas contaba con 23 años, siempre había trabajado como jornalera, menos los dos últimos años que dedicaba a cuidar a su hermano desde que contrajo la grave enfermedad. No tenía casi vínculos con ningún movimiento político, solo se había dejado ver junto a su compañero en alguna reunión en la sede los sindicatos, portó una bandera en una manifestación por la calle Triana.

Esteban era empleado en los tomateros de los Betancores en Los Giles, jornalero de profesión pertenecía a la Federación Obrera, ni siquiera era un dirigente destacado, solo colaboraba en cada una de las asambleas, repartía propaganda en los lugares de trabajo, ejercía como defensor de los derechos de las mujeres aparceras explotadas por el caciquismo ancestral, por el derecho de pernada, por todo tipo de abusos y salarios insuficientes para poder vivir dignamente.

El viejo camión se dirigió hacia el Puerto de la Luz, la mujer iba delante entre dos de los jefes falangistas, detrás un grupo indeterminado de unos treinta hombres atados con las manos atrás con hilos de pitera. El tabaquero la manoseaba, le rompió los botones del camisón y le sacó los pechos, ella gritaba y Benicio la escuchaba entre maldiciones e insultos hacia aquellos abusadores. Al rato dejó de escucharse su llanto, los dos hombres la golpearon con una pistola en la sien y la dejaron semiinconsciente, aprovechando para quitarle el vestido entre risas, burlas y tragos de ron de caña.

El vehículo estacionó junto al muelle, allí esperaba un viejo barco militar, una especie de remolcador. Los requetés bajaron a los hombres a golpes y patadas, los tiraron al suelo y allí les ataron las piernas cortándoles casi la circulación de la sangre. Uno a uno los fueron metiendo en sacos de racimos de platano, se escuchaban los llantos, los lamentos de quien sabe que la muerte será inevitable.

En cambio a Marisa se la llevaron hacia el viejo almacén donde secaban las jareas, allí Eufemiano autorizó a los falangistas a violarla de uno en uno. Fue apenas media hora, pero por allí pasaron todos los hombres vestidos de azul y con correajes, pistola al cinto. Las risas y alaridos los escuchaba el pobre Benicio entre las burlas de los guardias civiles, militares de artillería y varios paisanos colaboradores del genocidio en Canarias: “Nos follamos a tu novia hijo de puta rojo, está buena aunque esté preñada”.

Al rato la trajeron atada, el guardia Pernía la tiró al suelo y le ató las piernas, estaba desnuda, sangraba por los muslos, casi no decía nada, solo gemía, lloraba entre balbuceos ininteligibles.

Los subieron al pequeño barco militar de uno en uno, los colocaron como fardos en fila tumbados en el suelo, la mujer aparte, Benicio le gritaba, trataba de animarla en medio de aquella tragedia anunciada, ella no contestaba.

El navío salió inundando el aire de un fuerte olor a gasoil, los fascistas se burlaban, hacían comentarios sobre cómo habían violado a Marisa en el derruido almacén de pescado salado. Una hora de viaje, hasta que apenas se veían las luces de la costa, un istmo lejano entre la Playa de Las Canteras y el barrio de La Isleta. En ese momento el barco se paró, se escuchó el ruido del oxidado ancla hundirse en el mar. Sin casi decir nada comenzaron a tirar a los hombres al mar, uno tras otro, entre gritos, algún insulto ininteligible, llantos,alaridos desesperados.

Los fascistas se burlaban: “Que valientes son estos rojos hediondos”. Solo quedó la muchacha: “De esta puta me encargo yo”, dijo el hijo de la marquesa, tomó el cuerpo en volandas, la mujer no decía nada, era ya un saco de carne y huesos inerte con olor  a perfume de lavanda, que caía en el inmenso océano.

La noche se perfilaba como llegando a su final en el horizonte, algo de claridad inundó la noche estrellada, como si el sol quisiera salir antes para iluminar la oscuridad del inmenso abismo.

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jueves, 16 de julio de 2015

¿Si eres nazi en España ya puedes tener lanzagranadas en casa?

Una justicia que tristemente no es justicia, que solo existe para firmar sentencias de desahucios de familias humildes, proteger a organizaciones nazis o a políticos mafiosos.

Con estas breves palabras podríamos sintetizar la sentencia absolutoria del Tribunal Supremo a los miembros del grupo ultraderechista de Valencia “Frente Antisistema” de ideología nazi. Una organización acusada de vender armas por Internet, de difundir la ideología fascista de Adolf Hitler, a los que la policía les intervino en un registro todo tipo de armas, incluido un lanzagranadas.

El alto tribunal consideró ilegales las escuchas policiales sobre las que se basaron las pesquisas. En las conversaciones grabadas por la policía algunos de los acusados hablaban de salir a “cazar” colectivos como “moros” y “guarros” (término con el que en medios ultraderechistas se alude a los antifascistas).

En dichas grabaciones efectuadas por la guardia civil algunos de los acusados fueron captados encargando cajas de munición del calibre 22 y hablando de “palizas”, de todo tipo de agresiones a personas migrantes y a gente de la izquierda. Además se les intervino propaganda negando el holocausto judío, pistolas, rifles, munición de mortero y armas blancas, incluidos varios puñales con el emblema de las SS.

Ninguna de estas contundentes pruebas fueron suficientes para que el Supremo condenara a este presunto “grupo armado”. La impunidad en plena Ley Mordaza contra organizaciones de la cuerda del régimen español es abrumadora. Toda una incitación a que los violentos grupos fascistas patrios hagan lo que quieran.

Esto comienza a adquirir tintes muy peligrosos.

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lunes, 13 de julio de 2015

Millares tu problema es el odio compulsivo, el no tener muertos en ninguna fosa

Primero nos mentiste en 2013 cuando te ofreciste de mediador en nuestro litigio con el alcalde Cardona por la fosa común de Vegueta, donde están los restos de mi abuelo junto a más de 80 antifascistas, nos dijiste que querías mediar, que te acababas de afiliar a Izquierda Unida después de tu paso por el PSOE, donde ocupas un cargo importante con buen sueldo en la Fundación Juan Negrín. Más tarde nos seguiste mintiendo cuando rompimos negociaciones con el ultraderechista alcalde, seguiste negociando a nuestras espaldas sobre los huesos de nuestros muertos. Nos generaste un conflicto innecesario con la buena gente de IUC. Luego como todo el mundo sabe fuiste expulsado de esta organización cuando también los traicionaste con tus ilimitadas ansias de poder.

De traición en traición y tiro por qué me toca, ahora después de salir elegido concejal en el pacto con el PSOE y Nueva Canarias de tu partido instrumental sale tu verdadero rostro, te quitaste la careta del todo compadre metiendo de nuevo tus garras en nuestra digna y honrada lucha.

Te vuelves a meter por medio en nuestro camino humilde por la exhumación de la fosa común del cementerio de Las Palmas. Todo iba bien, el alcalde Augusto Hidalgo manifestó meses antes de salir elegido que nos iba a apoyar para exhumar esa fosa, le pedimos reunión nos la iba a conceder en breve, pero tú de nuevo tu, nos convocas a una reunión donde tu secretaria nos dice que es para tratar el tema de dicha fosa, convocamos a la prensa para informarles al final, pensando que el alcalde había delegado en ti para negociar esta justa reivindicación.

Llegamos este lunes 13 de julio de 2015, aquello estaba lleno de gente, otras asociaciones de memoria convocadas por ti de otros puntos de Gran Canaria, asociaciones que respetamos y valoramos su trabajo, pero no entendíamos nada, luego viniste hacia nosotros con tu rostro de odio, ese odio de clase que tu bien ejerces con tus apellidos nobles. Nos increpaste que porqué habíamos convocado a los medios informativos, te dijimos que para informar a la opinión pública de los posibles acuerdos de la reunión. Te encochinaste mucho más, entrabas salías, hablabas entre exabruptos con unos con otros, luego ya nos viniste a joder diciéndonos que esta reunión la convocabas tu, que poco menos que se hacía lo que tu decías.

Te preguntamos Millares ante las cámaras y las fotos de los gráficos,si esa reunión era la que habíamos solicitado al alcalde Augusto Hidalgo, nos contestaste indignado que NO, que esa reunión la convocabas tu porque te daba la real gana. Entonces tomamos la decisión de marcharnos, hablamos con la prensa, le manifestamos nuestra repulsa con tu vergonzosa actuación indigna de un político elegido por el pueblo. Llamamos sobre la marcha al alcalde de Las Palmas GC, que nos comentó a través de su jefe de gabinete que la reunión con nosotros se mantenía, que se vería con nosotros de forma inmediata. Solo con nosotros Sergio, solo con nosotros Sergio Millares, no con el resto de tus amigos y fieles seguidores de tu particular forma de entender la memoria histórica. Tu alcalde Millares se verá con quienes le solicitamos la reunión, con quienes tenemos muertos en esa fosa común, con quienes tratará de llegar a un acuerdo satisfactorio para todas las partes.

Yo particularmente me he sentido hoy muy mal, mis problemas de salud generados por el acoso laboral han vuelto, he visto en tus ojos mucho odio, el mismo de tus antecesores que me tuvieron cuatro años con todo tipo de persecuciones por mis ideas, ese mismo odio que en otros tiempos, en otras circunstancias, asesinó a mi abuelo Pancho González, a mi tío el bebé de cuatro meses Braulio González en su propia cuna, ese odio que asesinó a más de 5.000 canarios a partir de 1936.

Quiero decirte Millares que tu compulsiva ira aunque hoy esté triste y decepcionado me da mucha más fuerzas para seguir, para no parar hasta la victoria de dignificar a nuestros amados muertos, a toda la gente que fue asesinada en Canarias y resto del estado por defender la democracia y la libertad.

El camino se demuestra andando, peores imperios han caído y tu inmensa maldad llegará un momento en que será justamente castigada. Al tiempo.

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miércoles, 8 de julio de 2015

El guerrerito alzado contra la muerte

Lo sacaron muerto de la incubadora, su prematuro nacimiento rompió todos los esquemas de su joven madre. Marie-Rose sufrió mucho desde que abandonó el campo de refugiados en las afueras de Mombasa. El chiquillo no superó los cuidados del empobrecido hospital, la doctora Mbaye no pudo hacer nada más, allí lo dejó envuelto en una sábana de bebé, los ojitos cerrados, dispuesto al último viaje, a ese rincón del universo donde van los recién nacidos, la santa inocencia de cualquier pérdida nebulosa interestelar.

Su madre acompañada de su abuela recogieron el cadáver, la pobre mujer no podía estar sin llorar, lo llevaba acurrucado como si tuviera frio, como si con ese calor maternal pudiera devolverle la vida, aquellos mágicos momentos cuando viajaba en su sangre o se alojó en aquel humilde espacio de su vientre.

Caminaron como 12 kilómetros hasta el poblado de chabolas más allá del aeropuerto, no pesaba nada, era como si llevará en sus brazos un ser del viento, un trozo de brisa africana. Llegaron a la humilde vivienda, afuera la gente se fue agolpando, le daban el pésame a su manera, las mujeres lloraban, las ancianas entonaban un canto en la lengua de los ancestros, de los tiempos en que vivían libres en la selva, cuando todavía no había llegado el hombre blanco a colonizar, esclavizar y asesinar.

Omboroko el viejo artesano trajo el pequeño ataúd de madera, blanco brillante, lo acababa de pintar para esa nueva muerte, siempre usaban el mismo, cada semana habían varias muertes de niños y niñas, de personitas recién nacidas que no aguantaban los tifus, las infecciones de estómago, las gripes incurables sin antibióticos disponibles en aquella aldea empobrecida.

Colocaron dentro al bebé, solo le dejaron fuera su carita, alrededor aparecieron como de la nada varios ramos de flores, ramos de hierbas aromáticas, de las pocas que quedaban de vegetación entre las hogueras y la basura de aquel barrio desolado. La habitación se inundo de olores salvajes, de llantos, rezos y oraciones a los antiguos dioses, los que prohibieron los invasores antes de imponer las cruces y las espadas.

Llegaba la noche, más allá del poblado se divisaba una puesta de sol roja como la sangre, las que solo pueden verse en el continente de la vida, en la casita de madera y planchas de latón nadie se iba, la madre sentada cerquita del ataúd, su abuela, varios hermanos de su marido fallecido de Ébola el año anterior.

Entonces llegó de repente Antoniette, la amiga de la misión, la joven estudiosa que tuvo que arrastrarse ante las humillaciones de la criminal guerrilla de la petrolera, la que cortaba manos, violaba mujeres y niñas, masacraba a los pueblos que se oponían a la destrucción de las selvas. Las dos mujeres se abrazaron, lloraban juntas, notaban el palpitar de sus sufridos cuerpos, miraban la cajita blanca donde reposaba el niño sin nombre, el angelito que iniciaba su viaje a la tierra de los antepasados.

En ese instante mágico la amiga de Marie-Rose pidió que abrieran la cajita, que quería conocer y despedirse del pequeño guerrero, de la sangre de su sangre. Omboroko mutilado de una pierna, víctima de las minas antipersona, se acercó lento apoyado en su muleta, destornilló la pequeña cerradura de alambre, abrió del todo y se escuchó un gritito alegre, todos se levantaron asombrados, hombres y mujeres rodearon la cajita y allí vieron la cara sonriente del chiquillo, la gente dio como un salto hacia atrás, la madre y Antoniette se pusieron de rodillas abrazadas, el bebé no dejaba de sonreír, de chillar como pidiendo comida. La madre lo tomó en brazos, se sacó un pecho y el chiquitajo se pegó del pezón, comenzó a mamar ansioso con los ojitos entreabiertos de placer.

La gente se quedó sentada, miraban, sentían el amor indescifrable, la ternura infinita. Nadie quería marcharse del entorno de aquel milagro, afuera la noche era distinta, olía a flores de la montaña, la claridad de la luna emergió entre las nubes, solo había silencio, nadie hablaba, solo se escuchaba la respiración lenta del guerrerito dormido. 

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lunes, 6 de julio de 2015

Canto que ha sido valiente siempre será canción nueva

Joan llegó a la morgue la acompañaba aquel hombre taciturno, antiguo carabinero, con el que habló en la oficina del viejo cuartel cerca del Estadio Nacional de Chile. Entraron en la pestilente habitación, cientos de muertos en el suelo, amontonados, gente de todas las edades, hombres y mujeres, algunas caras conocidas, rostros cegados por la muerte, ojos abiertos como si buscaran un cielo estrellado tras el sucio techo del siniestro recinto.

Al rato entre varios cuerpos, pegado a la pared ensangrentada vieron a Víctor, las manos destrozadas, acribillado a balazos, el mismo rostro de tantos años de amor, una especie de sonrisa congelada, la de la satisfacción de morir sin espanto, como mueren quienes abrazan la esperanza.

La mujer se quedó sentada, el viejo policía no decía nada, solo miraban los ojos del cantor, todavía brillaban, era extraño pero afuera alguien cantaba, un sonido desconocido, una voz rota, gutural, alcohólica, entonaba entre unos balbuceos anónimos, casi muertos, que salían de las cámaras de tortura de aquel septiembre, una especie de lluvia helada se escuchaba en la azotea de la muerte, el brillo de una noche ausente en aquella ciudad con el corazón destruido.

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domingo, 5 de julio de 2015

El surco del sol hacia Bolivia

La cena transcurrió tranquila, como aquellas noches cuando Ernesto llegaba e inundaba la casa de aquel olor a tabaco negro y fragancias del verano en la selva. Aleida lo miraba con aquel disfraz del alma, solo ella lo conocía, los chiquillos jugaban con la comida, se entretenían viendo las manos taciturnas de ese hombre desconocido. Luego en el sillón Celia con sus cuatro añitos no se separaba de él. Al rato partió de repente, el abrazo final con su amada para no verse nunca más. La chiquilla se quedó sentada mirando el globo de colores: “Mami ese hombre estaba enamorada de mi”.

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viernes, 3 de julio de 2015

Su odio de clase es vitamina para seguir luchando

En varias ocasiones me ha ocurrido que personajes del lacayo y falso progresismo, siempre vinculado a las élites, me mandan sus recados directos o indirectos. Recuerdo una vez en la que un periodista con apellidos de la nobleza canaria llamó a compañeros/as encerrados y encadenados por una causa ecológica en unas dependencias del Gobierno de Canarias, pibes/as jóvenes del Colectivo Ecologista Atamarazayt, a los que el ínclito plumilla disfrazado de falso informador de un rotativo isleño les pidió que yo entregara las llaves de sus cadenas. Por supuesto para amedrentar, cargarse la acción y respaldar el atentado y el destrozo ecológico, el pelotazo que llevaron a cabo con total impunidad en el Espacio Natural Protegido de la Montaña de San Gregorio, donde una empresa constructora pudo edificar sin estudio de impacto ambiental, posiblemente llenando bolsillos de algunos estómagos agradecidos.

En los últimos años he sufrido todo tipo de acosadores y paternalistas mensajes, comentarios en artículos o noticias vinculados a cada una de mis batallas por los derechos civiles, en otros casos directamente al abordarme en cualquier acto público o en plena calle, cuestionando, en algunas ocasiones de forma agresiva mi trayectoria, esa militancia en la lucha revolucionaria, lo que suelo escribir en mi blog “Viajando entre la tormenta”, en distintos medios de comunicación de la prensa alternativa donde suelo publicar habitualmente.

Lo último que parece no gustar a estos hipócritas personajes tiene que ver con la fosa común del cementerio de Las Palmas, en la que reposan los restos de mi abuelo junto a más de sesenta antifascistas asesinados por la mafia franquista. Ahora parece que molesta que se haga justicia con las personas asesinadas, que se pueda exhumar e investigar cada resto, que pueda existir la posibilidad de darles una sepultura digna.

Sinceramente no entiendo nada ¿Es acaso envidia? ¿Complejo de superioridad? ¿Considerar inferiores a quienes luchamos sin pedir nada a cambio? ¿No ver bien que alguien ejerza su activismo escribiendo con el corazón, sacando a la luz los crímenes del terrorismo franquista en Canarias?

Esta aristocracia barata que ha ocupado y ocupa cargos públicos, que están bien colocados socialmente, otros son ricos de cuna, que ganan pastones en medios de comunicación del régimen, en la universidad, en estamentos públicos o privados que han destruido nuestra tierra, que han conducido a nuestro pueblo al terrible drama de la miseria y el hambre.

Estos ladridos me dan mucha más fuerza, no me desaniman, me hacen cabalgar con la velocidad de los sentimientos arrebatados de pasión y esperanza. No siento miedo, no me inmutan, no me afectan, pero si he considerado por pura higiene mental interesante escribirlo, que quede constancia de esos bastardos abusos de poder, de los intentos de manipulación, de ridiculización, de vilipendiar, desprestigiar mi trabajo desinteresado y altruista.

Señores el camino se demuestra andando, otros revolucionarios han sufrido y sufren también esos ataques de seres mediocres, acomodados al sistema, palanganeros de empresarios mafiosos, de políticos corruptos.

Un orgullo que hablen mal de mí, que traten de destruir mi dignidad, sus rugidos de rabia estimulan mis ansias de cambiar el mundo.

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martes, 30 de junio de 2015

Amordazad@s pero jamás hemos robado el dinero del pueblo

Se trata de amordazar la democracia, la escasa libertad que hemos atesorado como quien se agarra a un clavo ardiendo, un débil rayo de luz en estos años, tristes tiempos de esperanzas destruidas después de la muerte del criminal dictador, el mismo que colocó en el poder a una corona heredera de los 40 años de fascismo.

Ahora los hijos y nietos de los que vivieron plácidamente en esos tiempos de crímenes, torturas, robo de niños, represión y sentencias de muerte sacan a relucir su casposa y represiva “Ley Mordaza”, la vergüenza del mundo, la forma perfecta de perseguir a quien piensa diferente, de encarcelar, llenar las cárceles españolas de presos políticos, hipotecar con multas millonarias la vida de personas honradas que nunca han robado como roban ellos, que no saquean las arcas del estado, que jamás han cobrado en sobres como cobran ellos entre misas, ostias, comuniones, casas de putas y esnifadas de miseria humana.

Esta gentuza que promueve desahucios de familias enteras a palos y patadas de sus esbirros uniformados, que retiran ayudas a la dependencia generando la muerte de cientos de miles de personas en pocos meses, que condenan a más de cuatro millones de niños al hambre y el empobrecimiento extremo, que generan dolor, suicidios masivos, más de 20.000 en los últimos cuatro años aunque lo traten de ocultar, que destruyen nuestras vidas, las vidas de la gente honrada, la que solo quiere vivir tranquila, con un sueldo digno, la que no quiere robar como roban ellos, que solo quieren disfrutar de los escasos años que nos da la suerte de haber nacido.

La mordaza, su asquerosa Ley, las multas millonarias, la persecución de las ideas, la cárcel nos espera a quienes no pensamos como ellos, a lo que ellos entre gim tonics y puteríos llaman “violencia”, mientras planifican destruir las vidas de millones de ciudadanos para seguir asquerosamente enriqueciéndose, arrasando por la democracia, por la libertad de expresión, por la felicidad que buscamos, por la dignidad que mantiene nuestras vidas entre sueños y dulces miradas.

Ya pueden encarcelarme, aquí estoy, vengan si quieren, vivo en una casa humilde, no tengo casi nada, solo seres queridos, flores nuevas, unas perras que me acompañan, muchos pájaros libres, un pequeño jardín, un sueldo de miseria. Vengan no tengo miedo, no voy a callarme, seguiré diciendo lo que pienso, jamás he robado como ustedes, jamás he matado, vivo feliz, tranquilo, con la conciencia y el sueño inalterable.

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