viernes, 17 de abril de 2015

Reparación

Los niños estaban fuera en el salón, dentro Juan Carlos y Marisa hablaban de la orden de desahucio, al día siguiente vendrían los agentes judiciales y la policía para que abandonaran la vivienda, por lo que tenían que preparar cuanto antes las maletas y bolsas con toda la ropa y los objetos personales. La pareja era consciente de que ya era imposible una salida y todos los recursos estaban agotados, ni siquiera en la PAH se podía hacer nada ante la contundencia de las resoluciones de la jueza, solo montar algún ruido si ellos querían, realizar una concentración de gente solidaria en la puerta de la humilde casa del barrio de Tamaraceite en la isla de Gran Canaria.

La desolación en aquel hogar era terrible, los niños de 7 y 4 años, Bentor y Jonás, notaban la ansiedad, el miedo de sus padres, ambos en el desempleo desde que comenzó la crisis de la construcción y todo se vino abajo, sus ilusiones, la compra de esa casita con terreno en el barrio de La Milagrosa, con la idea de dedicarse a la agricultura, tener varias cabras para hacer queso con su leche, una docena de gallinas ponedoras para consumo propio, un lugar mágico para la esperanza.

Marisa sabía que les quitarían a los niños, no se lo había dicho a Juan Carlos, conocía su carácter y sabía que podía estallar y cometer una locura, que jamás consentiría que lo separarán de lo que más quería en el mundo, la idea era tratar de que no se  los llevaran al centro de menores, pero ya le dijeron en servicios sociales que sería imposible, que si iban a dormir en la calle los chiquillos estarían bajo responsabilidad del estado.

Esa noche de febrero sellaron aquel pacto, fue en el preciso instante en que los pibes se durmieron, cuando la pareja decidió tomar esa determinante decisión, recogieron lo justo, solo dos mochilas, un carrito de bebé adaptado a la paraplejia del más pequeño, no tenían dinero para una silla de ruedas, en la seguridad social se eternizaba aquella justa demanda.

Eran las cuatro de la mañana cuando salieron a la calle, Jonás dormía en la sillita, Bentor cargaba con un pequeño bolso de deportes con los juguetes que lograron rescatar, Juan Carlos se quedó dentro, la casa solitaria en medio de aquella urbanización inacabada, sin casi vecinos, solo algunas grúas, varios camiones y algunos tractores aparcados, quietos como monstruos dormidos, en espera de que llegara el bullicio de los trabajadores de la constructora, el cartel del BBVA presidía la entrada del barrio, era el banco que los iba a desahuciar, simplemente por no poder pagar la abusiva hipoteca, aquella estafa que le hicieron en los años del boom inmobiliario, cuando casi les pusieron una alfombra roja para que firmaran su anunciada sentencia de muerte.

El hombre roció metódicamente con gasolina cada rincón de la casa, incluso los muebles viejos que no podían llevarse, hasta la cómoda de más de cien años de madera de tea que heredaron de sus bisabuelos.

Luego en la misma puerta prendió una mecha elaborada con hojas de periódico y todo comenzó a arder, un fuego reparador, que calentaba el inmenso frío de aquella nueva injusticia: “Ellos son los terroristas”, dijo con voz rota Juan Carlos, “ellos nos han desgraciado la vida con sus estafas y mentiras”, los niños miraban con los ojos brillantes, muy asustados, Marisa se quedó sentada en el bordillo de la acera con la cabeza entre las manos, era una imagen surrealista, allí los cuatro, tan solos en la inmensidad de aquel barrio prefabricado, entre material de construcción, mientras a lo lejos, por la circunvalación, se escuchaban las sirenas de policías y bomberos, la casa ardía, todo ardía hasta la tristeza, un fuego rojo como la sangre, Juan Carlos y Marisa de la mano, los niños callados, mirando todo, la policía nacional los esposó violentamente, al hombre con una rodilla en la espalda entre golpes en su cabeza con la porras, Jonás lloraba: “No me quiten a mi mamá”, “No le peguen a mi padre”.

La madrugada se diluyó, alguien de la constructora evaluaba los daños con gesto muy serio y enfadado, la casa se derrumbó por el calor, los bomberos tardaron varias horas en apagar los restos de ceniza, la pareja fue detenida, los niños llevados al centro de menores de Tafira, la venganza estaba consumada, el aire del norte elevó los restos de aquel polvo negro, la ciudad era sembraba de rebeldía, un olor a victoria inundó aquel inmenso silencio, los periódicos no dijeron nada, alguien habló en la radio de un incendio provocado, la policía de terrorismo, la jueza de años de cárcel, Juan Carlos y Marisa cumplieron la heroica promesa, solo quedaba reparar, renacer.

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jueves, 16 de abril de 2015

El último viaje

Manuel y Rosa trasladaron los escasos bultos con ropa y objetos personales al viejo coche de Fabián, el viento del antiguo Polígono de Jinámar hacía todavía más desolada aquella calle repleta de piedras y baches, una especie de paisaje después de la batalla en medio de los enormes edificios.

Al otro lado de la calle un grupo de hombres repletos de tatuajes esperaban clientes en el cotidiano mercado de la droga, de lejos un vehículo policial observaba, las miradas se cruzaban en una especie de consentida  y premeditada complicidad, no pasaba nada.

La pareja de ancianos llevaba siete años en la vieja casa ocupada, alquilada a bajo coste por un conocido usurero y narcotraficante de la zona, que controlaba un número considerable de viviendas en aquel valle olvidado por la caterva política, que solo visitaba a los vecinos meses antes de las elecciones.

El coche avanzaba hacia la capital, los dos detrás, Manuel tomó la mano de Rosa, la mujer lloraba, delante Fabián y su hijo Doramas no decían nada, el silencio marcaba el recorrido hacia el centro de personas sin hogar que le habían gestionado en los servicios sociales, horas antes la furgoneta municipal de recogida de animales se había llevado a sus dos gatas, las dos amigas que tenían desde hacía casi diez años, cuando los dos trabajaban en el sur de la isla, él de vigilante de obra y ella de limpiadora en varios hoteles.

Con más de setenta y cinco años se hacía difícil buscar alternativas laborales, la exigua pensión del hombre casi no les daba para comer, aún menos para cubrir los gastos de alquiler de una vivienda en condiciones, por la ventanilla se veían las calles repletas de propaganda electoral, rostros sonrientes, todo tipo de promesas que los dos ancianos miraban con desgana.

El tráfico inundó de repente cada espacio urbano, el humo, el ruido, miles de personas en las calles caminando sin rumbo, la mañana se hizo eterna, las manos unidas de la pareja, el olor a salitre mientras el tiempo parecía no avanzar, como un agujero de tristeza, un laberinto sin salida que interrumpía el latir de dos corazones arrasados, dos almas atadas, abrazadas en la ternura de un sueño inacabado.

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martes, 14 de abril de 2015

El acoso de la vida digna

El acoso moral por razones políticas en España ya es parte del juego siniestro del conocido internacionalmente como “régimen de los sobres”, lo sufrimos quienes pensamos diferente y nos volcamos en la lucha contra las injusticias, se manifiesta en amenazas, traslados forzosos, recortes de sueldo y en muchos casos con despidos.

La idea es hundir las vidas de las personas afectadas, poner contra la pared, destruir la esperanza, meter el miedo en el cuerpo, asesinar lentamente, inducir al suicidio, a la enfermedad mental y física, en un proceso criminal a base de notificaciones, decretos y otros formularios, creados para destruir la existencia de las personas honradas.

Después de casi cuatro años tengo evidentes secuelas, pero no cejo en mi empeño de tumbar este sistema asesino, me anima cada día mirar los ojos cálidos y tiernos de mis seres más queridos, humanos y no humanos, de fuego y luz, amor eterno, la fraterna ternura de lo simple, el apoyo de mis verdaderos amigos, hermanos, camaradas.

Quienes promueven esta versión de terrorismo de estado son asesinos psicópatas en potencia, gozan, se corren de gusto con el mal ajeno, con el sufrimiento de los otros, se alegran cada vez que alguien sensible se tira por un puente, se corta las venas, se toma una caja de Valium en la triste soledad de su humilde habitación.

Toda persona que lo haya sufrido sabe bien de lo que hablo, solo hay que pasarlo para saber lo duro que supone estar en el ojo del huracán, que el mafioso de turno te enfile, te criminalice, se empeñe en asesinarte robándote la comida de tu familia, condenándote a vivir con una pistola en la sien cargada de miserables balas de odio.

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lunes, 13 de abril de 2015

Recordar quienes tienen las manos manchadas de sangre libia

Antes de la criminal intervención militar por parte de los Estados Unidos, la Alianza Terrorista OTAN y la Unión Europea en Libia, este país gozaba de una situación que nos ha sido ocultada por la comunidad internacional y sus manipulados medios de comunicación.

Una invasión imperialista apoyada y respaldada por el gobierno español de José Luís Rodríguez Zapatero, junto a un sector de la entrecomillada “izquierda” española, con organizaciones como Equo, Iniciativa per Catalunya Verds (ICV) y Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), que apostaron por este holocausto sobre cientos de miles de personas, en su inmensa mayoría población civil, víctimas de los bombardeos, de una masacre programada y planificada hasta el último detalle, cuyo objetivo no era la democracia, sino  quedarse con el petróleo de este desgraciado país, colocando un corrupto gobierno títere del mafioso y genocida poder financiero internacional.

En 1.951 antes de que Gadafi tomara el poder, Libia era el país más pobre del mundo, después de cuatro décadas y antes de la invasión de 2011, promovida por los Estados Unidos, Francia, Italia, Alemania, España, etc., Libia tenía el nivel de vida más alto del continente africano, incluso superior al de países como Arabia Saudí, Brasil, Rusia, Portugal, Grecia y otros del llamado “mundo desarrollado”.

La educación era gratis, la vivienda era considerada un derecho de la humanidad, los préstamos de cualquier clase eran a un 0% de interés por ley, la sanidad gratuita y de muy alta calidad, cualquier libio tenía derecho a tierras, casa, animales, etc., si hubiera querido dedicarse a la agricultura, además de un largo etcétera de datos ocultos, que con el asesinato del presidente cerraron un ciclo, instituyendo una de las zonas del planeta con mayor violencia política, miseria, hambre, represión, terrorismo y asesinatos de estado.

¿Es esta la Libia que querían estas organizaciones de la entrecomillada “izquierda” española?

¿Es esta la Libia que quería el gobierno español del PSOE, sus socios de la Unión Europea, el imperialismo gringo, el poder financiero internacional, las multinacionales del petróleo?

Los datos son vergonzosos, terribles, brutales y aún nadie ha pedido perdón públicamente por ser cómplices de estos crímenes de lesa humanidad, de una masacre humanitaria masiva que ha asesinado impunemente, que sigue asesinando cada día, ahora con ISIS y otras organizaciones terroristas creadas por occidente para seguir sembrando el caos, justificando más crímenes, nuevas guerras e invasiones.

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Niño asesinado por los aviones de la OTAN en Tripoli

Quienes abren las puertas

En un país gobernado por personajes sin escrúpulos para desahuciar, robar, matar de hambre, prevaricar, abusar del poder, meterse hasta el cuello en todo tipo de escándalos de corrupción, saqueos, pelotazos, tramas mafiosas, la lucha de cualquier colectivo de trabajadores supera todos los límites del heroísmo, precisamente en unos tiempos donde protestar te puede costar la persecución, la criminalización, la cárcel, el despido y la muerte.

Trabajadores y trabajadoras como los de Coca-Cola en su lucha contra la depredación de una multinacional podrida, amparada por un gobierno español con las manos manchadas de sangre, del dolor ilimitado de miles de personas suicidadas por él estado del saqueo, gente sin miedo, alzadas, rebeldes, revolucionaras de verdad, que se encierran, que montan un campamento de la dignidad durante más de un año, resistiendo los embates de un régimen esbirro del criminal poder financiero internacional.

Son tiempos de miedos infundidos, el miedo a tener sobre la cabeza los zapatos de lujo de estos criminales aplastando nuestra decencia, tiempos de rebeldía o de muerte, de barbarie o de esperanza, tiempos de luchas que marcan el camino, que nos guían entre la desolación y nos animan a batallar hasta el final, a enfrentarnos a una gentuza que solo se mete en política para robar, para matar, para asesinar el futuro y la esperanza de los pueblos.

¿Qué le vamos a decir a nuestros hijos si no hacemos nada ante este genocidio social?

¿Qué pensarán de nosotros las generaciones futuras si nos quedamos parados, si no confrontamos a muerte contra esta banda de maleantes que nos gobiernan?

Tomemos ejemplo de quienes luchan sin temor, seres que abren las puertas del amor, de la fraternidad universal, mi homenaje sincero y fraterno para estas mujeres y hombres, personas que hacen que la verdadera democracia pueda algún día hacerse real, esa ola de amor que levanta montañas de ternura, que entrarán en los libros de historia sin quererlo, por algo tan grande como alzar el puño, movilizar las conciencias, lanzar a los cuatro vientos que la justicia y la dignidad son posibles, que otro mundo mejor nos aguarda en la otra esquina del mañana.

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Un trabajador de Coca-Cola, en el suelo tras ser golpeado por la policía

domingo, 12 de abril de 2015

El hambre arrasa por la vida en España

Hay hambre en España, las colas de miles de personas esperan comida cada día en bancos de alimentos, parroquias y casas de reparto del indigno trozo de miseria, hay hambre y casi cuatro millones de niños/as sufren la inanición, la falta de comida, se desmayan en clase, sobreviven bajo el umbral del brutal empobrecimiento extremo y los Ciudadanos, los PP, los PSOE, nos siguen pidiendo el voto, el voto del hambre, de la desesperación, de la barbarie que ellos mismos han generado en estos años de corrupta democracia.

El hambre habita, trascurre entre pasillos de miseria, bloques de pisos, casas pobres, desahuciadas, dolor de barriga, fatiga, cabezas trastocadas en una espera marchita, sin esperanza muriendo cada día, sin nada, en un régimen español infectado de corrupción política y podredumbre moral.

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Fotoreportaje Samuel Aranda "España austeridad y hambre"

viernes, 10 de abril de 2015

Generaciones que siguen esperando

Tanto Domingo Valencia, como Diego González, Lola Tejera y su nieta Famara González, han sido testigos de los distintos tipos de represión, los mayores como testigos directos del holocausto franquista en Canarias, con más de 5.000 personas asesinadas, desaparecidas, tiradas en pozos, simas y en la propia mar atados de pies y manos, la pequeña de la cotidiana desesperación de su familia.

La mirada de los cuatro se parte en un lugar del horizonte, allí donde un estado que sigue siendo fascista bloquea cualquier posibilidad de recuperación, de reparación, de exhumación de los restos de sus familiares, camaradas y amigos.

Los más viejos con tanto tiempo en la tierra, ya se han acostumbrado a la triste opresión, los más jóvenes viven sin entender como algo tan simple como abrir sacar unos restos de una fosa se convierta en una odisea imposible, con todo tipo de obstáculos por parte de político y jueces del vigente nacional-catolcismo.

Famara sigue sin entender porque acosan laboralmente a su padre en el trabajo, porque le dañan su salud física y psicológica con todo tipo de represalias inmundas, más propias de países con dictaduras criminales que de una supuesta “democracia europea”.

Los cuatro juntos, a veces se encuentran, Domingo y Diego bromean con la chiquilla, saben que les queda poco en la tierra, que quizá no vean nunca esos huesos amados, le cuentan historias legendarias de tiempos pasados, en sus ojos ven la mirada heroica de su abuelo Pancho González, fusilado el 29 de marzo de 1.937 en el campo de tiro de La Isleta (Gran Canaria), junto al alcalde comunista del municipio de San Lorenzo, Juan Santana, al resto de camaradas, masacrados ante el pelotón de fusilamiento a las cuatro de la tarde.

Generaciones de una bisnieta, dos abuelos, un camarada intimo de los que asesinaron impunemente, de los que acribillaron a balazos por algo tan digno como la defensa de la democracia y la libertad.


Imagen durante el rodaje del documental "La memoria interior" de Carlos Reyes Lima

jueves, 9 de abril de 2015

Fuego reparador

Una bandera que solo nos da miseria prefiero quemarla, hacerla cenizas, destruirla para siempre, que nos dejen de robar el futuro, hipotecar nuestras vidas, matarnos de hambre, miseria y suicidios.

El olor de su tela azul ardiendo, las estrellas amarillas tintineando entre la hoguera de la libertad, mientras la brisa rebelde del sur de Europa  nos anuncia que ya está bien de abusos de poder, de corrupción política, de austericidio, de saqueos, de robos del patrimonio público, de desahucios, de muerte, de que millones de niños y niñas estén pasando hambre, de personas enfermas sin medicinas, condenadas a una muerte segura gracias a la mafia gobernante.

Fuego reparador que libera, que rompe cadenas, como la dignidad y la lucha sin cuartel contra un sistema criminal, culpable de millones de muertes por inanición en todo el planeta, cuyos responsables directos visten ropajes caros, se van de putas, viajan en coche oficial, vuelan en primera clase con el dinero de nuestros impuestos.

Ahora le toca a Europa, a las colonias del imperio norteamericano y del Fondo Monetario Internacional, imperios asesinos, criminales, genocidas, causantes del mayor holocausto de la historia de la humanidad, superior al de los nazis contra el pueblo de Judea.

Fuego a la injusticia, calor contra el frío de un invierno terrible, de una primavera de injusticia, de un verano negro y sin salida.

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miércoles, 8 de abril de 2015

Coca-Cola explota y mata derechos legítimos de sus trabajadores/as

Cuando una multinacional se convierte en un nido de víboras presentando un ERE en las siete embotelladoras españolas que existían hasta enero de 2014, demuestra su insensibilidad, falta de respeto y metodología carroñera, vulnerando derechos fundamentales de los trabajadores y trabajadoras afectados/as, que llevan sufriendo toda una tortura laboral inducida por esta morralla con sede central en los Estados Unidos, cargándose las vidas de miles de familias desde una marca que presume de original, progresista y liberal en su vergonzosa y manipulada publicidad.

Dicho cierre de cuatro plantas productivas españolas y la destrucción directa de 1.253 empleos directos, además de los indirectos, que pueden llegar a más de 1.000 familias, ha generado una lucha heroica en Madrid en defensa de los puestos de trabajo y de la industria, una acción sindical con un campamento de 15 meses de batalla por la dignidad y los derechos laborales que ha cruzado fronteras, que eriza la piel de las millones de personas de buena voluntad que seguimos creyendo en la democracia, los derechos humanos y la libertad.

Una clara vulneración legal cometida por la hipócrita empresa de “la chispa de la vida”, que fue constatada por el Informe de la Inspección de Trabajo de la Comunidad de Madrid, donde un grupo de inspectores desarrollaron un trabajo exhaustivo y profundo, desvelando todo tipo de irregularidades por parte de la patronal, hechos ratificados de forma contundente por la Audiencia Nacional, que el 13 de junio del pasado año y en una sentencia declaraba nulo el ERE y la nulidad de los 821 despidos, condenando a la readmisión de cada persona despedida.

Actualmente la patronal se niega a ejecutar y acatar la justicia española, incumpliendo cada plazo y el contenido, dejando a los/as trabajadores/as sin prestaciones de desempleo y salarios de tramitación desde el 30 de octubre de 2014.

Todos estos meses sin cobrar ni un céntimo en una clara estrategia empresarial de cargarse la lucha obrera, pasándose por el forro a la justicia, imponiendo su ley imperial y putrefacta, siempre por encima de los derechos laborales y la legislación vigente.

La complicidad del gobierno español del PP y de las distintas comunidades afectadas con esta empresa multinacional es manifiesta, colaborando en este generalizado quebrantamiento de la ley laboral junto a Magistrados que miran para otro lado por ser una empresa millonaria, dejando a este colectivo en huelga en la absoluta indefensión, sin un sustento económico al que tienen derecho por un clarísimo desacato judicial.

En este tiempo y ante la pasividad institucional y judicial la empresa ha tenido tiempo de desmantelar las fábricas, montarse su nuevo chiringuito en Camboya con trabajadores/as en condiciones de semiesclavitud y sin derechos, mientras convoca a cada trabajador/a de sus fábricas españolas por escrito a incorporarse a centros de trabajo que no son los suyos, en empresas distintas a las que trabajaban modificando el auto y la sentencia sin que pase absolutamente nada, sin que ningún político, ni ningún gerifalte de la justicia española intervenga.

El 15 de abril de este año 2015 el Tribunal Supremo se reúne para dictar sobre dicho ERE de Coca-Cola iberia Partners, que causó el cierre de las cuatro plantas de Asturias, Fuenlabrada, Alicante y Palma de Mallorca y el despido masivo de sus trabajadores/as.

Esta resolución será decisiva y mantiene en vilo a estos hombres y mujeres heroicos/as y a todas sus familias, personas normales con sus vidas, alegrías e infelicidades, que llevan tantos meses encerradas en un campamento levantado desde corazones puros y libres, defendiendo sus derechos constitucionales y laborales, ejemplo a seguir de dignidad y coraje, estremecedora batalla que llega al corazón de la gente de bien de todo el planeta, jamás a los de los capitostes del coche oficial, el sobre y la prebenda, personas honradas en huelga indefinida que entregan todo hasta la victoria, por la libertad, por los derechos sindicales, en contra de la barbarie programada desde el contubernio de empresas millonarias y gobiernos corruptos.

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La dignidad de Manuel Fernández, el periodismo como instrumento de cambio social

“(…) El periodismo es libre o es una farsa.”

Rodolfo Walsh (9 de enero de 1.927- 25 de marzo de 1.977)

Manuel Fernández, el periodista lanzaroteño comprometido con la causa de los empobrecidos, fue asesinado a golpes en el campo de concentración de La Isleta, en la isla de Gran Canaria, los cabos de vara por orden del Teniente Lázaro se cebaron en aquel cuerpo atlético, un hombre de más de metro noventa, fuerte, siempre atento a las injusticias sociales para plasmarlas en sus artículos. 

Había criticado duramente las proclamas golpistas del general Mola pocos meses antes del alzamiento franquista de 1.936, eso lo condenó a muerte desde que entró en aquel recinto del terror, el sátrapa oficial lo enfiló nada más bajar del “camión de la carne”, lo mandó separar del resto de presos, para delante del barracón número tres ser asesinado a palos, “murió de pie”, dice el testigo directo, Domingo Valencia, que junto al resto de compañeros vieron aquel horrendo crimen, como Manuel resistió hasta el final, como se mantuvo ante los brutales golpes, quedando muerto, paralizado, digno, sin caer al suelo, sobre un charco de sangre.

Llama la atención que en Canarias el periodismo, los periodistas, no lo tengan actualmente como un símbolo de coherencia, de compromiso social, de verdadera vocación profesional por contar la verdad, de no caer en las redes de la actual manipulación mediática, fiel cómplice del degenerado y corrupto gobierno.

Sus restos siguen sin ser exhumados, reposa junto a más de ochenta antifascistas canarios y del antiguo Sahara español, en la fosa común número cinco de cementerio de Las Palmas, ni el ayuntamiento, gobernado por el PP, ni los jueces autorizan que esos huesos salgan a la luz del sol, que se puedan estudiar, analizar, identificar y entregarlos a sus familiares, con el fin noble de que tengan una sepultura digna.

Manuel Fernández, “El conejero”, sigue vivo en cada texto que se escriba con el corazón, contra cada injusticia en cualquier parte del planeta, junto a la dignidad de Rodolfo Walsh en Argentina, José Couso en Irak, de tantos y tantas periodistas comprometidos/as en causas tan nobles como la justicia y la libertad.

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Imagen del documental "La Memoria Interior" de Carlos Reyes Lima