sábado, 27 de agosto de 2016

¡Salvar las playas de Medio Almud y Los Frailes!

Los mismos herederos de la dictadura fascista española que han destruido gran parte del litoral canario, constructores de baja reputación, desprestigiados por explotar a sus trabajadores, por sus llamaditas al político de turno con el tan cacareado “¿Cómo va lo mío?” Los que financian parte de las elecciones de los partidos del régimen, invitando a sus eventos, cumpleaños y fiestorros varios a una casta de cipayos de coche oficial, corrupción y pelotazo, sin escrúpulos para vender su tierra por un plato de lentejas, siempre en forma de maletines y sobres repletos de billetes de 500 euros.

Ahora le toca el trágico turno a dos playas vírgenes de la casi arrasada isla de Gran Canaria, las playas de Medio Almud y Los Frailes, situadas en la desembocadura de los barrancos homónimos, donde está permitido el nudismo, reductos de paz y tranquilidad, alejadas del turismo de borrachera, puterío y narcotráfico.

Un patrimonio de la humanidad que ahora peligra seriamente, para verlas, si no somos capaces de pararlo, destrozadas en pocos meses, repletas de cemento y hormigón, como gran  parte de este perfecto territorio comanche, bufete libre para especuladores en connivencia con cargos públicos, donde si no hacemos nada no quedará nada, solo sus grandes complejos, sus “todo incluido”, sus vallas con seguritas y acceso restringido, sus basuras y destrozos, vendiendo como siempre puestos de trabajo, que en su mayoría son ocupados por personal foráneo, dejando algunas plazas de camareras y freganchines para nuestro pueblo.

Ese “progreso” rancio y falangista que solo sirve para llenar los bolsillos de gentuza, a costa de la desaparición de los últimos parajes mágicos de unas islas víctimas de la depredación, la corrupción política y las organizaciones criminales.

Dos constructoras muy conocidas y a cual más destructora, pugnan por este nuevo proyecto urbanístico, las dos ofrecen el oro y el moro, lo de siempre: “respeto ecológico”, “mantenimiento del ecosistema”, “mejora y preservación del entorno” “crecimiento económico”, “negocio”, etc, etc, todo falacias, palabras bonitas, que lo único que persiguen es ocupar un territorio repleto de biodiversidad para enriquecimiento de unos pocos, la creación de dos playas artificiales con toneladas de arena de otro lugar, destruyendo lo que durante millones de años ha sido un espacio inalterable, repleto de vida, de especies animales y vegetales, que de no evitarlo sufrirán el brutal impacto de las excavadoras, los tractores y la dinamita.

Espero, esperamos, que la sociedad canaria, los grupos ecologistas isleños y de todo el mundo, los movimientos sociales, los sindicatos, partidos políticos honestos y el Cabildo de Gran Canaria, ahora presidido por un hombre honrado, seamos capaces de que esta nueva locura no se lleve a cabo, por las generaciones futuras, por las personas de bien del planeta.

¡SALVAR LAS PLAYAS DE MEDIO ALMUD Y LOS FRAILES!

¡FUERA ESPECULADORES DE NUESTRA TIERRA!

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Playa de Medio Almud (Foto Alejandro Ramos-Canarias Ahora-El Diario.es)

miércoles, 24 de agosto de 2016

Mercedes y el amor eterno

-Tenía una piel tan suave, el corazón le latía cuando me abrazaba y sus besos sabían a bienmesabe. –Le dijo la anciana Mercedes a su bisnieta Lucy aquella tarde de agosto

Hablaba de su primer amor, del joven Ramón Hernández, cuando fueron novios en los años 30, las enormes coincidencias en sus formas de pensar, como les decía el viejo sindicalista aldeano, Ñito Polo, “esa fragancia libertaria que se percibe en cada mirada, en cada caricia, pero también en cada acción de lucha”.

Antes de la detención de su compañero siempre pensaron que eran almas gemelas, que se conocían de otras vidas, encontrándose en los sueños sin todavía conocerse, que solo con mirarse veían en el fondo de sus ojos momentos, escenas, sensaciones del pasado remoto, quizá del futuro, una especie de viaje en el tiempo, un periplo alucinante donde siempre habían estado juntos sin saberlo.

Se le llenaron los ojos de lagrimas cuando le contó como los padres del joven le avisaron de que ya no estaba en el centro de detención de la calle Luis Antúnez, que seguramente lo habían asesinado y desaparecido después de sufrir torturas atroces, en ese lugar donde colgaban por los pies a los hombres para descuartizarlos lentamente, donde violaban salvajemente a las mujeres, pasando uno por uno por cada chica toda la tropa de Falange, la Guardia Civil, los Guardias de Asalto o los civiles que participaban en la brutal represión.


-Daba igual que ya hubieran confesado. –Decía-

-La tortura era sistemática, seguían maltratando hasta la muerte, no importaba que todo ya se supiera, que el detenido abrumado por el dolor y el sufrimiento diera nombres, direcciones, lugares de reunión, miembros de la organización política o sindical. El ejercicio de psicopatía era continuo, pero no solo en aquel triste recinto de Las Palmas, sino en cada rincón de Canarias, en cada espacio de terror, de violencia extrema ejercida por quienes dieron el golpe de estado fascista del 36.

-Esas noches mientras torturaban a Ramón sueños extraños invadieron de forma extraña mi mente. -Susurraba Mercedes-

-Vi a hombres de hierro, con cascos y mascaras infernales, espadas que cortaban las extremidades de nuestros hermanos en un palmeral, justo donde ahora es Vegueta y la catedral, miles de hombres armados, muchos a caballo con lanzas, frailes con parte de la cabeza afeitada en forma circular que violaban a mujeres y niñas indígenas. Allí estaba yo, también Ramón, tratábamos de huir hacia la cumbre de la isla, pero nos cercaban, eran demasiados.

-Los cinco años de guerra de resistencia tocaban a su fin, llegaban barcos cargados de soldados, de curas, de monjes, de espadas, de cruces y estatuas de sus dioses, de un polvo que se convertía en fuego cuando lo prendían, veíamos desde los bosques de laurisilva como se destruía nuestro universo, el fin del mundo anunciado por Adassa, la anciana harimaguada, la que mantenía guardado en su cueva de Guayadeque el fetiche traído de más allá del mar hacía miles de años, la mágica señora que años antes, en el ritual mensual del Almogarén del Bentayga, nos habló de los hombres blancos y barbados que vendrían, de un solo dios vestido de mujer con sotanas, gorros de varias puntas y abalorios.

-Era lo mismo que pasaba a partir del 36, hombres armados, ahora vestidos de azul, militares sin armadura, curas con sotanas negras y pistola al cinto pegando tiros en la nuca en los fusilamientos, terratenientes violando a las mujeres detenidas, a las esposas e hijas de los asesinados.

-Todo se repetía mi niña, la misma masacre, el mismo genocidio, el mismo horrible miedo que nos atenazaba las entrañas, el mismo silencio después de las ejecuciones masivas, el mismo mar acogiendo los cuerpos de los héroes y heroínas del pueblo. –Decía la noble y dulce mujer a su bisnieta-

En la mente de Mercedes se visualizaba el similar holocausto de la mal llamada “Conquista”, relataba la venta de niñas y niños por la Iglesia Católica, igual que los Castellanos vendieron como esclavos a los sobrevivientes del exterminio en los mercados de seres humanos de Sevilla y Valencia.

Ella sabía que esa maldad venía de atrás, de cientos de años de crímenes de una monarquía y una Iglesia corrupta, que Canarias solo fue un breve “ensayo” para luego invadir el continente americano, masacrando en pocos años a más cien millones de indígenas.

Recordó también los tiempos felices, cuando se perdían juntos para bañarse en las lejanas playas de las dunas gigantes de arena del sur de Tamarán, los delfines y zifios que llegaban casi hasta a la orilla como para saludarlos y jugar, enormes bancos de peces de todas especies, las noches de estrellas en las dos épocas, la misma playa igual de virgen, antes del genocidio indígena, antes del golpe fascista.

Instantes de amor inolvidables, una pequeña parte de lo que Mercedes creía que era una vida eterna juntos, la que en los años 80 rememoraba en el Hospital Insular junto a su adorada bisnieta, ya desahuciada por la medicina, pero con ganas de seguir viviendo en la inocencia de los ojos de su amada Lucía.

-Mira mi niña querida yo sé que me queda poco, pero estoy segura que nos encontraremos de nuevo, que el viaje no puede acabar aquí, quizá en otro lugar del universo, donde podamos ser felices y libres de nuevo.

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viernes, 19 de agosto de 2016

La piel salada de Aruma

Ya había dado todo por perdido, deambulaba por la playa de El Confital sin rumbo a las tres de la mañana, buscando un lugar donde quitarse la vida, siempre ese miedo le venía a la mente, el momento de la muerte, ser capaz, tener la suficiente valentía de arrojarse al vacío, adentrarse en el mar y ser absorbida por las olas, imaginó esos segundos en que el agua salada se le metía en los pulmones, pero sabía que aunque se asfixiara sería una muerte dulce, una especie de sirope de sabia, pero había que vivirlo, todo eso pasaba por la mente de Aruma mientras caminaba en la noche viendo las hogueras de los isleteros, los que burlando a la policía local hacían los asaderos en el terreno baldío del antiguo barrio de chabolas.

La muchacha había sido desahuciada de la casa del barrio del Atlántico semanas antes, sola después de la separación del hijo de puta de su marido, los tiempos de violaciones y palizas sin atreverse a denunciar por miedo, quizá por pena o por resquicios de aquel amor lejano, atávico, el que la recogía las tardes de sábado en el viejo Alfa Romeo con la puerta rota, la nave de los sueños, para irse a los lugares oscuros donde los amantes dibujan los parajes embravecidos de la ternura, la pasión, el sexo ilimitado. En resumen, el potaje de los sueños, una vida de cardenales, golpes, penetraciones a la fuerza, la boca de Ramón oliendo al barato ron Carta de Oro, el tabaco negro y el amargor de la coca en su saliva, la violencia que destrozaba las entrañas de aquella niña de pelo rubio rizado, la que fue apreciada en los tiempos de los Comités Anti OTAN, admirada por su capacidad de lucha en cada acción nocturna, en cada asamblea interminable en los rincones perdidos de Vecindario.

Se adentró en la húmeda arena, las olas parecían acariciarle las piernas, las estrellas se reflejaban en el manto oscuro y marino, el agua le llegaba al pecho desnudo, un frescor que no generaba frío, más bien un calor que parecía envolver su cuerpo bajo aquella noche de agosto.

Cuando ya decidió dejarse hundir y llevar por el líquido eterno algo tropezó con ella, un bulto grande que golpeó su cadera, un material rasposo, un saco pesado que flotaba, nadó hacía donde las piernas se mantenían en la arena y vio en la orilla el inmenso fardo. 

Lo arrastró hasta la tierra seca como pudo, pesaba mucho, envuelto en varias capas, en la última de plástico estaba el hachís, como cien kilos, un olor profundo, muy fuerte por la pureza de la droga.

Hizo un enorme agujero y enterró aquel misterio que venía del horizonte, se fue vistiendo lentamente, sintió ganas de volver a vivir, allí había mucho dinero, pensó, recordó como en las noticias la gente avisaba a la policía cuando encontraba algo parecido, ella jamás les avisaría, tenía la oportunidad de enmendar su vida, tener un techo, pan, dinero para vivir dignamente.

Marcó con piedras y uvillas de mar el lugar secreto, partió lentamente a la casa de Jonay, se presentía un tiempo clandestino, vender trocito a trocito el regalo del inmenso gigante acuático, la noche se inundó de una brisa perfumada, entre salitre y flores de los riscos, la metralla de los sueños parecía incrustarse en el rincón misterioso y desconocido de su corazón destrozado.

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Ilustración de Neil RODGER, “seated woman looking at the sea”

Pacto de sangre, saqueo y muerte

El paripé del régimen español para mantener el estatus y el saqueo constante de los “dueños” del país viene desde los años de la dictadura. El asesino psicópata, general Franco, dejó “todo atado y bien atado”. Las mismas empresas que utilizaron presos esclavos explotándolos hasta la muerte, los mismos apellidos de los criminales de lesa humanidad que se llevaron por delante las vidas de medio millón de luchadores y luchadoras por la libertad son actualmente los que ostentan el poder, las mismas constructoras, empresarios millonarios, los mismos ministros, alcaldes, concejales, jueces, jefes de la policía, de los ejércitos, casi todos tienen directa o indirectamente que ver con el sanguinario régimen franquista.

Ahora el partido gobernante metido hasta el cuello en todo tipo de escándalos de corrupción ha conseguido el respaldo de su marca blanca para intentar gobernar, un nuevo montaje, una burda mentira, una farsa para seguir engañando a la ciudadanía, dando un nuevo barniz a la mafia, a miles de delincuentes que con sus políticas y robos han asesinado y destruido las vidas de millones de personas en todo el estado.

Hablan de “pacto anticorrupción” que no se concreta en nada, mentiras y más mentiras, los mismos delincuentes siguen y seguirán sueltos, veraneando en sus yates, esquiando en Baqueira, disfrutando de lo robado, aforados, protegidos por unas leyes diseñadas a la medida del latrocinio, del genocidio social, del robo programado de cada recurso del patrimonio público en cada nueva trama, cientos, miles de intrigas, que cada día podemos ver en las televisiones y otros medios de comunicación del reino de los chorizos.

En su deriva sodomizan la democracia, vilipendian el estado de derecho, la amañada Constitución, se ríen de la gente decente que en muchos casos por miedo a lo nuevo les votan, nos emplazan para una investidura que de acuerdo con el otro gran partido del régimen quizá no salga, nos convocan a una navideña, surrealista y vergonzosa jornada electoral el 25 de diciembre, donde la mayoría de la gente no votará, generando que los de la Gürtel puedan sacar una holgada mayoría absoluta.

Nos esperan cuatro años terribles, con un aumento estremecedor de los suicidios por motivos económicos, 25.000 en los últimos cinco años, con más enfermos dependientes asesinados por la retirada de las ayudas, cientos de miles en pocos meses, desahucios a punta de pistola, porras y botas policiales, hambre infantil,  desempleo, reformas laborales, asesinatos de estado también de la gente que ya se está muriendo de hambre, aunque la falsimedia lo oculte, recortes brutales marca troika, Bundesbank, Unión Europea, OTAN y otras organizaciones terroristas.

Soy consciente de que resulta absurdo hablar de tomar las calles con un pueblo domesticado, alienado, acobardado, arrodillado, ansioso de que comience la liga de fútbol para aislarse de la realidad viendo a unos ricachones sin cerebro corriendo detrás de un balón, pero es que es la única salida. Mientras no seamos capaces de movilizarnos, incendiando de lucha y revolución cada rincón del estado solo tendremos barbarie y abusos de poder, una banda criminal que viaja en coche oficial seguirá enriqueciéndose con la muerte y la miseria de nuestras familias.

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Desahucio con violencia policial en Oviedo

lunes, 15 de agosto de 2016

Gobierno por narices

En el baño del Congreso era muy discreto consumir, menos cantoso que en  la oficina parlamentaria. Los dos diputados se tomaron antes unos gim tonics en la cafetería, un par de euros, precio especial para sus señorías. La noche anterior habían estado de putas en el Gran Hotel Gran Vía, la resaca era grande “pero unas rayitas lo curan todo”, dijo con sorna el valenciano con su traje de Armani, olor a channel. “Es del camello de Correa, máxima pureza”, comentó sonriente mientras entraban al lujoso lavabo.

Abrumadora inactividad y aburrimiento “esperando la puta investidura”, repetían como un guineo constante, “más de medio año sin gobierno cojones”.

Esa noche tenían juerga con cena, Dom Pérignon y “señoritas de compañía” en la discoteca de la Castellana. Picaron la coca con inmensa concentración, parecían disfrutar mientras machacaban el material colombiano, estaba muy rocosa, al lado se escuchaba el estruendo de la cagada de uno de los secretarios de la Comisión de Interior. Se miraron en silencio con una sonrisa cómplice antes de comenzar a esnifar el polvo blanco.

Llevaban tantos años consumiendo que un gramo “se lo comían” en un par de rayas, se las hacían en espiral, “mucho vicio”, decían, la droga era la cotidianeidad en su gestión política, las fiestas, las vacaciones de verano en yates de narcos gallegos, siempre sin sus católicas esposas, disfrutando de la “barra libre” y de las prostitutas que aportaban los capos, pobres chicas esclavas sexuales de aquellos criminales traficantes, buenos amigos y donantes de sobres con dinero en negro, entregados “discretamente” en Madrid al contable del corrupto partido de sus excelencias.

Pasaron los dedos por el cagadero y se frotaron las encías, les gustaba esa sensación, la anestesia, la erótica de un poder corrupto, salieron eufóricos, miraron los culos de la ujieres que estaban saliendo del despacho del zoquete presidente que leía un periódico deportivo, siguieron descojonados, las pupilas dilatadas en su ritualizado colocón, iban como motos, hacían comentarios sobre “las perro flautas” diputadas y como les debía oler el chocho, entraron en la reunión del grupo, miradas cómplices, la ministra que no había cotizado en su puta vida en la SS los miró con un guiño de ojos, había que salvar a “La Rita” de la crucifixión, el aforamiento era necesario, se burlaron un rato de las raftas de un canario, hablaron de que fumaba marihuana y Soraya dijo algo sobre las fosas comunes y cunetas, la necesidad de “recuperar la esencia del pasado”, de "aquel 36 glorioso cuando nuestros padres y abuelos dieron la taya como La Roja en los mundiales de Sudáfrica”. Luego todo fue resacón, un nuevo wasap al camello, “más polvo para animar la fiesta”, mientras el primo de Rivera se acercó un momento a la reu, sonrisas, “está todo hecho dijo Bocanegra”, María Dolores recalcó la seriedad, “señores por favor”. Demasiadas bocas amargas.

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martes, 9 de agosto de 2016

En el circo del paredón

Era la hora de los fusilamientos en el campo de tiro de La Isleta en Las Palmas, cientos de falanges, curas, damas de la oligarquía, militares chusqueros semianalfabetos, requetés de apellidos nobles, no podían perderse el espectáculo. Conocían los horarios, sabían en qué momento asesinarían a los paisanos, a los defensores de la democracia, los que detenidos esperaban el dictamen del Consejo de Guerra, el día y la hora de la masacre, del momento en que iban a ser atravesados por las hirvientes balas del pelotón.

Varias mujeres bien vestidas llegaron en coches negros lujosos subiendo e camino polvoriento desde el bario de La Isleta, los falanges les lanzaban piropos a las hembras bien vestidas, la soldadesca disfrutaba con la inminente muerte, con la sangre y las pantorrillas limpias y blancas de las damas de la alta sociedad.

Los paisanos eran sacados atados de los barracones, la multitud aplaudía el inminente fusilamiento, parecía un partido de fútbol del Victoria contra el Marino en el Campo de España, insultaban a los reos: “Hijos de puta”, “rojos de mierda, maricones”, era el grito, mientras los curas con toda su parafernalia de cruces, monaguillos, crucifijos, rosarios, sahumerios y bendiciones inundaban el recinto del campo de tiro, algunos ensotanados pistola al cinto para dar el tiro de gracia en la nuca después de la extremaunción.

Luego solo la sangre, los tiros de gracia, vivos o muertos, algunos cuerpos con horribles contracciones acribillados por los esbirros del pelotón, los estruendos emocionaban a la multitud, las familias de la nobleza que traían hasta niños para ver el “acontecimiento”, como quien acudía a una selecta fiesta de la muerte, para ver las vísceras y masas encefálicas inundando el suelo volcánico.

A la recogida de los muertos llenos de agujeros de bala, introducidos en el “camión de la carne” que recorría la calle La Naval, Albareda, Faro, el Parque de Santa Catalina, para seguir dejando un reguero de sangre hasta el cementerio de Las Palmas, donde las fosas esperaban abiertas, saladas por la proximidad del mar, los cuerpos ensangrentados de sus hijos.

El selecto público partía cada día al final de los asesinatos a tomarse algo a los bares de La Isleta, a veces algo de pescado asado con mojo verde y papas arrugadas a El Confital en la Playa de Las Canteras. Comentaban como había estallado la cabeza de algunos, la sangre a chorros desde el pecho, los que quedaban vivos pidiendo por sus hijos y esposas agonizando, todo un show para mentes criminales, que luego se iban a sus casas a dormir a sus hijos como si vinieran del circo o la verbena.

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Criminal fascista de lesa humanidad y compinche  heredero

sábado, 6 de agosto de 2016

Ejerciendo la profunda podredumbre del terrorismo

Incitan a la violencia cada día con sus hipotecas y desahucios pistola en mano. Esta gentuza no tiene escrúpulos para expulsar de sus viviendas a madres con niños recién nacidos, a gente enferma en fase terminal, a personas mayores octogenarias, nonagenarias siempre a golpes, patadas, empujones, balas de goma de los tristes esbirros de un régimen corrupto y desprestigiado en todo el mundo.

Estos son los que quieren formar gobierno “por el bien de España”, de su puta España diría yo, heredera del fascismo, del dictador impotente que asesinó a más de medio millón de demócratas. Su “responsabilidad” es seguir llenándose los bolsillos de dinero robado al pueblo, la saqueada hucha de las pensiones, de la sanidad y la educación pública, los servicios sociales, de los enfermos dependientes que están siendo asesinados a millares por estos criminales de lesa humanidad al retirarle las exiguas ayudas.

Si el PSOE entra en ese juego se pondrá la soga de la horca al cuello al mejor estilo de sus compadres del PASOK griego. Quizá acaben sacando los tanques a la calle como su buen colega el criminal de lesa humanidad Erdogan, a la turca o a la “Campechana” del 23F, tipo montaje de autogolpe para seguir cuarenta años más robando el patrimonio del pueblo.

No tienen remedio, esto es lo que hay, solo basura y putrefacción mientras millones de niños y niñas pasan hambre, más de 600 familias son desahuciadas cada día de sus casas por la mafia, 20.000 suicidios por motivos económicos en los últimos años de esta pseudodemocracia franquista.

Rivera, Rajoy, Sánchez, “¡Organícense!”, como el famoso chiste de la orgía, no se den por culo tan pronto, esperen a otro montaje electoral para seguir masacrando las vidas de millones de familias que no llegan a fin de mes.

Todo este tinglado siniestro es una puta mierda y es una pena que la mayoría de la población no sea consciente.

Sus mentiras ya no convencen sino a quienes cierran los ojos por miedo a lo nuevo, a que todo pueda cambiar y gente decente lleve las riendas, repartiendo el bienestar a una mayoría de población destrozada por esta mafia gobernante.

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jueves, 4 de agosto de 2016

Las entrañas ancestrales del misterio

Mientras se arrastraba con la pierna ametrallada, Ambrosio Ruano, recordaba el momento preciso de la detención en la casa de Dolores. El dolor no lo dejaba pensar y el torniquete en el muslo le hacía muy difícil mover los dedos de los pies, no sabía dónde estaba, solo que cerca del barranco de Tenoya, en medio de una vegetación frondosa, transición con laurisilva, el piso de vegetación canario donde el agua y la humedad inundan las hojas y el barro de la tierra colorada.

Logró desatarse y lanzarse del camión en marcha horas antes, en aquella curva después del cruce de Cardones, los fascistas le dispararon cuando se abalanzó barranco abajo en plena oscuridad, en ese instante notó como las balas le atravesaban él fémur, un fuego que le quemaba toda la pierna desde los dedos a las ingles.

Un grupo de falanges partieron tras el al instante, disparaban a cada sombra que se movía, parecía una guerra pero perseguían a un hombre solo y herido, el atronador ruido de los máusers que despertó a todo el pueblo tenoyero, a los escasos vecinos que habitaban la barranquera por donde corría el agua de la Fuente Agria de Teror.

Por un rato dejó de escuchar los disparos, parecía haber despistado a los perseguidores, se recostó bajo los tiles, vio a un búho chico mirándolo a pocos metros, la madrugada comenzaba a inundar aquel paraje legendario, el canto de las lechuzas blancas, que parecían brujas volando en silencio, impresionaba al joven Ruano, el olor a tierra mojada, a estiércol ancestral, los restos de la antigua Selva Doramas, el luchador indígena, guerrillero de la resistencia contra la brutal invasión castellana.

Le vinieron a la mente muchos momentos de su vida, el cariño de su madre, la muerte de su padre de tuberculosis con seis añitos, el primer día de colegio con Don Manuel, el buen maestro anarquista que le mostró lo importante que era respetar la naturaleza, aprender del vuelo de los cernícalos, el universo que había en los ojos de cualquier ser vivo. Todo se le venía a la mente en medio del inmenso dolor de la pierna destrozada, la sangre negra seguía saliendo mojando el barro ancestral.

Siguió rectando cuesta arriba hasta encontrar un pequeño agujero, parecía una madriguera de conejos que su cuerpo flaco y pequeño pudo atravesar, introduciéndose en una cueva que se agrandó al traspasar el estrecho espacio, una oscuridad total pero notaba que estaba en un lugar con los techos altos. Allí se quedó quieto, se apretó más la venda, puso la pierna en alto para evitar desangrarse y se quedó dormido, seguían escuchándose los disparos de aquellos enloquecidos criminales sedientos de sangre.

Al amanecer un hilo de luz entró por la minúscula rendija que despertó al pobre Ambrosio, alucinado vio que estaba en otro mundo, pensó que estaba muerto, que había hecho un viaje en el tiempo. Al fondo de la caverna había un camastro de piedra con pieles de cabra, en el suelo de arena roja varios recipientes de barro intactos, algunos con cereales dentro casi fosilizados, en la pared varios garrotes colocados ordenadamente por tamaños, en un rincón varios restos humanos, huesos de cinco cuerpos, al observarlos eran de una mujer con pelo largo y rubio en el cráneo, collares de caracoles en su cuello, pulseras de huesos, restos de las vestimentas, tres niños de varias edades y uno vestigios de alguien mucho más alto. El perseguido observó que eran de un hombre, quizá una pareja con sus chiquillos escondidos de la persecución de las tropas de los llamados “conquistadores”, que vinieron del otro lado a esclavizar y asesinar a un pueblo libre, quedarse con sus tierras y destruir una cultura originaria, la que habitaba las Islas Canarias hacía más de tres mil años.

El muchacho evadido encontró el lugar ideal para refugiarse mientras más de cien fascistas lo buscaban por toda la zona, desde Tenoya hasta Arucas, Firgas, Moya, Teror, Bañaderos, sin encontrar rastro del militante de la CNT, el libertario que estaba en todas las huelgas agrícolas, odiado por terratenientes y poderosos.

Siguió andando apoyado en uno de los garrotes hacia el interior de la gruta que cada vez se hacía de mayor tamaño, más restos humanos, parecía un refugio de los últimos momentos de la guerra de resistencia, gente que prefirió morir de hambre antes que entregarse a los hombres de las armaduras, los caballos, las cruces y las espadas.

De repente miró hacia el techo que se abría en una especie de cúpula por donde entraba luz de otros agujeros similares al de la entrada, un lugar desconocido, jamás pisado desde hacía cientos de años, encontró un manantial donde pudo lavarse las heridas, refrescarse, beber un agua con un sabor y un frescor asombroso.

Se tumbó relajado en aquel remanso de paz y volvió a dormirse, soñó con hombres y mujeres cubiertos de pieles alzados contra los invasores, con un mundo imaginario donde todo se repartía, donde no existía la propiedad privada y el mejor momento del día era acariciar a los hijos antes de dormirse.

Entró en un sueño profundo, sintió el mismo placer de cuando era casi un bebé de dos años, los momentos en que su mamá Luisa, embarazada de su hermana Candelaria, le acariciaba el pelo en la cunita construida con cajitas de tomates.

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miércoles, 3 de agosto de 2016

Aquella rosa diseminada entre el fuego de agosto

Los perros ladraban desesperados en toda la Montañeta de Tamaraceite, la “Brigada del Amanecer” se subdividió en varios grupos, tenían las direcciones de cada persona que tenían que llevarse, se escuchaba a los podencos, los ratoneros, otros perros mezclados, los que presentían la maldad de aquel grupo de fascistas que llegaron al pueblo para secuestrar, asesinar, desaparecer para siempre a quienes luchaban por la libertad.

Iban casa por casa, barrían el humilde barrio, mientras un grupo de criminales venían de la zona alta con varios detenidos, chicos muy jóvenes con las manos atadas a la espalda, también una chica de apenas veinte años, Natalia la maestra, hija de Juan Cabrera, militante de la CNT, cabizbajos, algunos ya con signos de los golpes, las camisas manchadas de sangre, llenaban los camiones en la Carretera General, justo enfrente de la Casa Consistorial del antiguo Ayuntamiento, hasta hacía pocos días gobernado por el Frente Popular, encabezado por el joven alcalde comunista, Juan Santana Vega, fusilado el 29 de marzo del 37.

Cuando los subían al viejo fotingo les golpeaban con las culatas de los máuser en la cabeza, también con las varas de acebuche en espalda y pantorrillas, “El Verdugo de Tenoya”, conocido y brutal torturador, esperaba instrucciones en un coche del terrateniente agrícola, Ezequiel Betancor, junto a otros falanges, para ellos era una fiesta cada “noche de la sangre”, “El cojo Acosta”, famoso pederasta, pidió que separaran a la muchacha.

-Déjala pa Eufemiano que le gustan con las tetas grandes. –Dijo el jefe requeté entre risas mientras abría una botella de ron aldeano-

La chiquilla venía en camisón de dormir, no le dieron tiempo a vestirse, la sacaron de la cama, después de golpear y asesinar brutalmente a su padre por evitar que se la llevaran, no podía taparse los pechos por tener las manos atadas, andaba entre burlas al interior del Ayuntamiento, donde la iban a retener hasta la llegada del conocido millonario tabaquero, asesino, psicópata  y violador de mujeres.

Allí la dejaron encerrada en un pequeño cuarto oscuro. Acurrucada en una esquina se quedó sentada en el suelo, mientras escuchaba como partían los camiones repletos de compañeros, sabía que los iban a desaparecer en cualquier pozo, en la Sima de Jinámar o directamente en la Marfea, tenía claro que no vería más a sus queridos amigos del pueblo, fieles acompañantes de asambleas, reuniones sindicales, huelgas y bailes de taifas, como ella casi niños, que iban a ser asesinados simplemente por pensar diferente, por defender la legalidad constitucional, víctimas de un plan de exterminio preparado meses antes del golpe, donde la oligarquía, los falangistas, Acción Ciudadana, la Iglesia Católica y militares sediciosos, elaborando una lista negra con más de 10.000 canarios, de los que serían asesinados en pocos años más de 5.000.

Tamaraceite se quedó en silencio de repente, un silencio sepulcral. Los vehículos se encaminaron hacia los caminos de tierra de Arucas, Las Palmas y Telde, a un destino desconocido, no se escuchaba nada, solo algún perro que aullaba en un presagio de muerte, olía a hojas secas de platanera, al tabaco Virginio del Facio, a los licores que usaban para templarse y matar sin remordimiento, también a sangre que corría calle abajo desde la montaña troglodita, donde cada casa tenía una cueva indígena reutilizada, ninguna persona se asomaba, en su interior familias enteras se abrazaban y acariciaban a sus hijos con un miedo jamás conocido, un terror incrustado en el noble corazón del fuego de agosto en San Lorenzo.

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Florentina Rodríguez enseña la foto de su abuela Ana Ricarda, desaparecida en 1936 en Córdoba, 
minutos antes de exponer su caso ante los representantes de la ONU. (Periodismo Humano) 

jueves, 28 de julio de 2016

La arrimada de aquel fuego

Después de la carga policial por llevarle maletas a la criminal flota de la OTAN en el Puerto de la Luz, Teresa y Damián avanzaron hacia el laberinto de calles de La Isleta, se veía gente apaleada, ensangrentada en las esquinas, puertas que se abrían para acoger a quien se manifestaba contra los criminales de lesa humanidad.

La pareja corrió hasta Las Coloradas, allí ya no habían polizontes, solo alguien que con mucho miedo se asomaba a la rendija de la ventana ante el estruendo de sirenas y disparos de los gases lacrimógenos. Siguieron andando de la mano, aferrados como un solo cuerpo y bajaron el sendero de la playa del El Confital, el muchacho encendió el mechero de gasolina para no caer por el precipicio de las Cuevas de los Canarios, cada instante sentían más el olor del salitre, el ruido de las olas rompiendo en el paraíso natural, el sonido de la gente en las chabolas, olor a hachís y ron barato, pero se alejaron de cualquier resto de civilización, también de la miseria de los desheredados que habitaban en la ciudad de la tristeza.

Se adentraron en la parte más oscura y salvaje donde la arena acariciaba sus pies traspasando las sandalias de cuero artesano, Teresa tarareaba un canción de Lennon, no sabían casi nada de inglés, pero les inspiraba liberación, algo salvaje como el beso que se dieron en la boca al llegar a la frontera de la zona militar, a pocos metros del campo de tiro donde asesinaron a cientos de hombres desde el golpe de estado fascista del 36.

Ella le quitó la camiseta blanca Lee Jeans, hacía calor, se abrazaron en un paramo desconocido muy cerca de la espuma que fluía del inmenso Atlántico, el resto ya fue saliva, ropa que volaba entre la arena todavía caliente, dos cuerpos desnudos entregados a la tarea revolucionaria del amor ilimitado.

Después del mutuo estallido se quedaron quietos, en una calma solo interrumpida por el canto relajante de las pardelas cenicientas, pegaditos, casi un solo cuerpo, revueltos de arena, el pelo rubio de la muchacha parecía ser parte de la melena del joven de Zarate, se conocieron huyendo de la puta policía, en el momento en que a ella la apaleaba un gordo agente del desorden del corrupto régimen, atrapada en un portal de la calle Juan Rejón, ese momento de rabia en que golpeó la cabeza del esbirro con una dura tabla de madera, logrando emprender la huída entre los botes de humo y los disparos al aire de aquellos criminales.

El resto fue una especie de balada libertaria, donde el sabor de los besos sustituyó las consignas por la paz, contra el asesinato de niños africanos, miles de maletas quedaron tiradas en la calle Albareda entre el humo infernal que aquella jauría criminal generó en menos de unos minutos.

Pero en la playa no pasaba nada, dos seres que habían olvidado hasta sus nombres aguardaban ese instante infecundo en que parece que el tiempo no existe, allá lejos al otro lado del mar sabían que también se luchaba, el olor más sexual y marino acompasó aquella sonata de amor entre el sueño y la memoria.

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