viernes, 7 de diciembre de 2018

Lola y el taller de costura.

"(...) Aquella tarde los falangistas llegaron a la casa de Lolita Jaimez en Tamaraceite durante las clases de costura, su jefe Penichet quería que le bordara el yugo y las flechas en una bandera azul muy grande. Todas las niñas nos asustamos mucho porque llegaron borrachos, gritando, armados con fusiles y pistolas al cinto.
En la entrada se quedaron dos esbirros que custodiaban a Suso, hijo pequeño de Agustinita Rodríguez, que lo traían con las manos amarradas a la espalda con hilo de pitera. El muchacho al que conocíamos de toda la vida, muy famoso en el pueblo por lo buen futbolista que era, venía con una enorne brecha en la cabeza bañado en sangre, no se quejaba y eso le jodia a los falanges que indignados no dejaban de pegarle culatazos con los mauser y patadas.
Lolita, mi maestra de costura, se levantó y le dijo al fascista que ella no iba a coser ninguna bandera de Falange, que bastante dolor sentía ya con el asesinato de su sobrino Carlitos que llevaba desaparecido dos meses, desde el domingo 19 de julio del 36. El Falange Penichet se le encaró gritándole y le levantó una mano para pegarle. Lolita le dijo que era un cobarde y que si querían llevarsela detenida ella no tenía ningún miedo, las niñas todas llorabamos desaladas, en un instante el fascista se dio la vuelta cagandose en Dios, salieron de la habitación y enfilaron hacia Las Casas de Abajo en El Puente, donde les oímos decir que iban a llevarse a varios hombres más.
Lolita nos abrazó a todas y nos dio una tácita de leche de la cabra Matilde..."

Extracto de la entrevista a mi madre Lola Tejera el 5 de julio de 1997.

Foto de Lola, mi padre Diego y la perrita Loba, en su casa de Tamaraceite en septiembre de 2018, un mes antes de fallecer su compañero del alma.

jueves, 6 de diciembre de 2018

Diego González el reparador de sueños.


Mientras muchos niños se entretenían jugando a fusilar en el franquismo, mi padre víctima directa de esta dictadura tras fusilar los fascistas canarios a su padre y asesinar a su hermano el bebé Braulio, estudiaba el mundo de los hierros, las máquinas y la cerrajería, luego cuando yo nací me hacía para Reyes este tipo de regalos como esa grúa que todavía funciona a la perfección.

Diego González García, nunca sintió rencor, ni odio, solo quería justicia con sus muertos, con los cientos de miles de asesinados por el fascismo en toda España. Esa grúa simboliza su legado, el del amor a la vida, a todos los seres y su empeño en que ninguna niña, ningún niño sufriera lo que el sufrió.




martes, 4 de diciembre de 2018

Juan Tejera y de su saber

"(...) Cuando nos llevaron a Los Giles, aquella madrugada de agosto del 36, nos molieron a palos entre el "Verdugo de Tenoya" y tres de los encargados de los tomateros de los Betancores, unos bestias sin piedad que nos pegaban con las pingas de buey y las varas de acebuche por todo el cuerpo rajándonos la ropa y la piel a cachos, esa noche murió Juaneque, el chiquillo de 16 años hijo de Antonio Tejera de Jacomar, al pobre le cortaron el cuello con el látigo de Don Ezequiel Betancor y la sangre le salía como el chorro rojo de una fuente de agua caliente. Los falangistas bebían mucho ron de caña, estaban todos borrachos y se reían y burlaban mientras nosotros gritábamos de dolor, a Valencia le cortaron la barriga y se le salieron las tripas, mientras Manolo Acosta el jefe falangista le pateaba la cabeza.
Tu debes saber que las derechas siempre acaban uniéndose para pisar los derechos de los trabajadores y robar todo el dinero que puedan, por eso nos hicieron tanto daño, esas palizas se repitieron diariamente durante dos meses hasta que nos llevaron al campo de concentración de La Isleta, no nos perdonaron que ganáramos las elecciones con el Frente Popular, donde toda la izquierda formamos una unidad que jamás se ha visto en la historia de España.
La única salida para los trabajadores es estar unidos, dejar a un lado las diferencias, unirnos contra el fascismo que nunca muere del todo, siempre vuelve a nacer cuando el capitalismo necesita matar para seguir manteniendo los privilegios de los ricos..."
Extracto de la entrevista a mi abuelo materno Juan Tejera Pérez el 19 de noviembre de 1979.

Juan Tejera en la entrada de su casa de Tamaraceite (Gran Canaria), con 84 años mostrando una foto de cuando tenía 19 años y jugaba de extremo izquierdo
en el "Luz y Vida".

martes, 20 de noviembre de 2018

La memoria de Diego siempre viva (9)

"(...) Todavía recuerdo aquella reunión en la alcaldía de Las Palmas para intentar abrir la fosa común del cementerio de Vegueta donde está tu abuelo enterrado, como aquel alcalde del partido de Franco, el PP, nos amenazó a tu madre y a mi con que iba a despedirte de tu trabajo en el Ayuntamiento.
En aquella mesa había gente muy importante, bien vestidos, enchaquetados y muy perfumados algunos, gentes tales que parecían de dinero, a su lado estaba esa concejala de la ultraderecha, la tal Carmen Guerra, que le gustaba montar fiestas de sevillanas en la Carretera General de Tamaraceite y reírse de nuestra cultura canaria. Nos dolió mucho como aquel sinvergüenza de alcalducho usó la reunión para lanzarnos amenazas, que te iba a despedir porque decía que tu escribías en muchos medios de comunicación contra el PP y los acusabas de fascistas. Allí estaban todas las cámaras de televisión, muchos periodistas sacando fotos y a tu madre tuvimos que llevarla a Urgencias porque lo que vimos allí fue una repetición de lo que pasó en el 36 y 37 cuando asesinaron a mi hermano, tu tío, el bebé Braulio de cuatro meses en su cuna los falangistas, para a los pocos meses fusilar a tu pobre abuelo Pancho en el campo de tiro de La Isleta. La cara de Juan José Cardona era la misma de aquellos cabrones que mataron a nuestro pueblo, que tiraron por los pozos y simas volcánicas a tanta gente de bien que luchaba por la democracia y la libertad.
Salimos de allí indignados, yo me enfadé mucho, tu madre la pobre fue la que no resistió y se vino abajo, tenía mucho miedo de que te mataran, de que te cogieran en cualquier esquina y te metieran en un coche y te tiraran a algunos de los pozos donde estos criminales cometían sus fechorías y crímenes.
Fue así, así te lo cuento y cuando yo esté muerto quiero que lo publiques en tus libros, que lo saques en la prensa para que las personas buenas sepan el daño que nos hizo esta gentuza del partido de los falangistas el PP..."

Extracto de la entrevista a mi padre Diego González García el 11 de octubre de 2013.
Foto publicada en varios medios de comunicación de la reunión celebrada el 3 de septiembre de 2013 en el despacho de alcaldía del Ayuntamiento entre familiares de los fusilados de San Lorenzo, algunos asesores y el alcalde de Las Palmas de Gran Canaria Juan José Cardona. A la derecha la esposa de Diego, Lola Tejera y su sobrina Pino González.

Diego hospitalizado meses antes de su fallecimiento con la foto de su padre fusilado con 41 años, Francisco González, tomada por el periodista Edu Robayna para reportaje en Diario Público.

domingo, 18 de noviembre de 2018

Un suave recuerdo que sabe a miel.

La grandeza de Diego consistía en haber perdido una parte remota de su mente y seguir sensible a la mirada limpia de una niña, de un niño, parecía como si los tiempos en que jugaba en el suelo con 80 años con sus nietas jamás hubieran pasado.
Por eso aquella mañana fue tan especial, cuando comenzaba la demencia no dejaba de preguntar por su nieta de Las Palmas, mi madre le decía que vendría ese fin de semana, tal vez mañana y llegaba ese día y seguía preguntando, era lo que más quería en el mundo, le dio tanto amor que un hilo imaginario de luz lo unía con aquel trocito de brisa marina con cuerpo de niña. Aquella mañana, meses antes de su muerte, con la memoria perdida, solo en su mundo, sin querer comer, incómodo en la silla de ruedas, cuando vio aquella niña, hija de una prima, su cara casi insensible se llenó con una sonrisa casi pétrea, sus ojos se tornaron repletos de luz y fantasía, como cuando jugábamos entre la vegetación de los estanques de barro.
-¡Hola mi flor linda! ¿Por dónde entraste qué no te había visto?
La niña lo miró con ternura, sonreía, pero Diego veía a su nieta querida, tal vez pensó que algo mágico hizo que aquel pedacito de amor había atravesado las paredes, que cualquier flor de jardín se había convertido en la niña con la que jugó cada día durante seis o siete años, revolcándose en el suelo, metido en la caseta infantil entre muñecas, dinosaurios de colores y perras dormilonas.
Al rato volvió a su estado natural, el silencio, la seriedad, la molestia de los años, de la enfermedad, la niña se había marchado, supe al instante que era un sueño más, la manifestación del amor que anduvo entre sus venas hasta el último instante de vida.


La memoria de Diego siempre viva (8)

"(...) Tu madre tuvo que cuidar a los cuatro hermanos pequeños cuando a tu abuelo Juan lo encarcelaron los fascistas, ella casi no pudo ir a la escuela, porque tu abuela tenía que ir a pedir limosna a Las Palmas, ya que por ser la esposa de un comunista nadie le daba trabajo.
Era terrible ver como los chiquillos no tenían nada que comer y las barrigas se les inflaban por el hambre. En el campo de concentración de Gando tu abuelo vio como se llevaban a mi padre tu otro abuelo la madrugada del 29 de marzo del 37 para fusilarlo junto al alcalde de San Lorenzo Juan Santana y el resto de los camaradas del Frente Popular.
Toda esa miseria fue por culpa de quienes dieron el golpe de estado contra la democracia, fue culpa de los terratenientes, de los curas, de todos aquellos fascistas que llenaron Canarias de fosas comunes, de pozos, simas y agujeros volcánicos con miles de cadáveres, de hombres que solo querían un mundo mejor para todos, personas que no habían hecho ningún mal a nadie, que solo defendían la legalidad que aquellos criminales vinieron a violar con sus falangistas, sus requetés, sus militares, sus brigadas del amanecer, sus torturas, sus misas, sus camiones repletos de hombres destrozados hacia un destino desconocido para ser desaparecidos.
Mientras tanto tu madre Lola seguía cuidando a los chiquillos, se hizo costurera en la casa de Lolita Jaimez, aquella mujer de Tamaraceite que se negó a coserle la ropa y las banderas azules con el yugo y las flechas a los falangistas.
Tu madre nunca dejó de cuidar, de ayudar, años más tarde a tus abuelos hasta su muerte, sin tiempo siquiera para disfrutar de la vida. Por eso los dos no podemos olvidar tanto daño que hicieron esos asesinos a nuestro pueblo, aunque nos callemos no podemos olvidar, tampoco perdonar a quienes mataron a nuestros familiares, a nuestros vecinos, a los padres de nuestros amigos de la infancia...".

Extracto de la entrevista a mi padre Diego González García el 29 de junio de 1999.
Foto de mi madre Lola Tejera tomada por el periodista Edu Robayna en el homenaje a los fusilados de San Lorenzo en marzo de 2018 en el Parque de la Mayordomía en Tamaraceite (Gran Canaria).

Foto de Lola Tejera con el presidente del Cabildo de Gran Canaria Antonio Morales, en el homenaje a los asesinados por el franquismo en La Marfea en noviembre de 2018 (Canarias Diario).



sábado, 17 de noviembre de 2018

La memoria de Diego siempre viva (7)

"(...) El día de lo que le hicieron a la tía Rosa fue muy triste para mi y mis hermanitos, ella llegó del trabajo en los tomateros casi desnuda desde el Camino Viejo de San Lorenzo, por la Carretera General de Tamaraceite todos se apartaban con miedo al verla ensangrentada, llevaba su vestido roto tapándose el pecho y algo del vientre, no lloraba, en su rostro solo había una mezcla de tristeza y rabia, la vimos desde la escuelita de Don Antonio, todos los chiquillos salimos a la ventana, el maestro nos dejó, no dijo nada, se quedó sentado en la mesa con las manos en la cabeza, Rosa avanzaba y se la veía toda llena de heridas, le caía la sangre por los muslos y dejaba un rastro de gotas de sangre. En la puerta de la sede de Falange varios hombres le decían cosas, la llamaban putona, malnacida, hacían comentarios diciendo que ese día había descubierto lo que eran verdaderos hombres de la patria, no los maricones rojos con los que se había acostado.
Cuando llegamos a casa de la escuelita ella estaba sentada en la silla junto a la cama de la única habitación donde dormíamos todos juntos, nos acogió en un abrazo a los tres, no decía nada, nosotros tampoco, en ese silencio nos dio su cariño, olía a jabón, se había bañado, tenía muchas heridas por todo su cuerpo que se le notaban en los brazos y las piernas, ella tenía 23 años cuando esos criminales la violaron, nada fue igual desde entonces en la casa, tu abuela no paraba de llorar por el asesinato del chiquillo, tu abuelo ya se había entregado y lo habían condenado a muerte, nosotros casi no jugábamos porque estábamos muy tristes, afuera se aparcaban todos los días coches negros y grandes con hombres bien vestidos que vigilaban a todo el que entraba y salía de la humilde vivienda. Rosa era la única que salía a la puerta y los miraba fijamente, parecía que no tenía miedo, el pelo rapado, cojeando de una pierna, se les quedaba mirando hasta que aquellas bestias bajaban la vista..."
Extracto de la entrevista a mi padre Diego González García el 8 de marzo de 1999.

Foto de una visita de mi madre Lola Tejera a mi padre, ingresado a la Clínica Cajal de Las Palmas, meses antes de su fallecimiento el 10 de octubre de 2018.



La memoria de Diego siempre viva (6)

"(...) Yo conocía a tu madre desde que los dos eramos muy pequeñitos, mi padre y su padre eran camaradas del Partido Comunista y grandes amigos, vivíamos en la pobreza pero con una gran esperanza de cambio por la esperada revolución, sabíamos que si todo iba bien con la República se acabaría la esclavitud, la explotación de los terratenientes canarios e ingleses sobre nuestro pueblo, el jodido derecho de pernada sobre nuestras mujeres, la persecución de una Guardia Civil al servicio de los poderosos.
Lola y yo enseguida nos enamoramos, no quisimos a nadie más, desde niños bromeabamos con casarnos y tener hijos, pero todo se vino abajo cuando estalló el golpe fascista, arrasaron por lo mejor de nuestra tierra, asesinaron a miles de hombres y mujeres de bien que sólo defendían la democracia y la libertad. Fusilaron a tu abuelo Pancho, encarcelaron por muchos años a tu abuelo Juan, mataron al chiquillo en su cuna, a tu tío Braulio, aquellos asesinos, pero tu madre y yo sabíamos que siempre estaríamos juntos, que solo la muerte nos separaria..."
Extracto de la entrevista a mi padre Diego González García realizada el 19 de enero de 1999.
Imagen: Lola Tejera y su hermano Juan en su casa de Tamaraceite cuando su padre estaba encarcelado por los fascistas en el Campo de Concentración de Gando (Gran Canaria).



viernes, 2 de noviembre de 2018

De la ternura del nacer

A estas horas me revolvía en la placenta, algo raro sucedía, mi madre se movía más que otros días, aquella placentera existencia parecía acabarse, se salía todo el líquido que me sostenía en la ingravidez del amor y la ternura.

Francisco, se llamará Francisco, escuchaba afuera, Francisco por Pancho su abuelo fusilado decían voces en susurro, yo me aferraba al minúsculo espacio, no sabía de qué  forma mantener el placer, la sensación de protección, el cariño de los fluidos que entraban por mi ombligo en unas cosquillitas dulces.

Las seis de la mañana marcaron mi vida, me asomé al mundo, llovía a cántaros aquel 3 de noviembre, mi abuela esperaba su segundo nieto, la Tierra parecía abrirse de par en par, olía a salitre allí tan cerca del mar, no imaginaba que fuera tan duro transitar por el mundo, verme esta noche de un siglo perdido ante un teclado recitando en silencio una dulce letanía de resistencia.


Ternura de Oswaldo Guayasamin

martes, 30 de octubre de 2018

La memoria de Diego siempre viva (5)

"(...) El entierro de Braulio era pequeñito, solo íbamos mi madre, mi tía Rosa García, mis hermanos Paco y el pequeñín Lorenzo, nadie más se acercó a nuestra casa por miedo a que lo relacionaran con una familia republicana, caminamos desde Tamaraceite a San Lorenzo por el Camino Viejo, Lola García, mi madre, con la cajita de tomates con el bebé de cuatro meses dentro, era desolador, llovía mucho aquel 26 de diciembre del 36, ni siquiera el cura del pueblo vino a decir uno de sus rezos de difuntos, nadie nos miraba cuando empezamos a caminar desde la Carretera General hacia el cementerio, lo único que se escuchaban eran los llantos de mi madre y mi tía, el bebé parecía un muñequito, iba calladito, parecía sereno, tenía una pequeña sonrisita, la cabecita destrozada por el brutal golpe contra la pared del falangista, aquel hombre gordo vestido de azul que lo sacó de su cuna para asesinarlo.

En el cementerio el sepulturero se abrazó a mi madre jugándose la vida, había estado en la Federación Obrera con mi padre, pero no pudo contenerse al ver nuestra cara de dolor y la inmensa soledad en el entierro del angelito..."


Entrevista a mi padre Diego González García el 7 de agosto de 1998.


Foto: Las manos de mi madre Lola Tejera y mi padre Diego González, de Eduardo Robaina Artiles para reportaje en Diario Público.