viernes, 1 de julio de 2016

Eternizador de fantasmas amados

Dionisio Santana veía muertos, caminaba por las calles del mercado de Vegueta y al doblar alguna de las esquinas se encontraba a sus compañeros, con Ramón Tejera, el sindicalista de la CNT en los tomateros del Conde de la Vega Grande, su amigo y camarada Esteban Trujillo, Juan del Peso, Manuel Monasterio, Juan Santana Vega, Pancho “La Mahoma”, Antonio Ramírez, Manuel Fernández “El periodista”, todos se le acercaban, le sonreían o simplemente levantaban el puño a su paso, otros se paraban y le hablaban de lo imposible, de aquella hermosa revolución que comenzó con la Segunda República, los años de luchas implacables contra el caciquismo ancestral, el que venía incrustado en la sociedad canaria desde los tiempos del brutal genocidio indígena, las movilizaciones y huelgas por los derechos laborales, contra el hambre y la sanguinaria explotación de unos terratenientes criminales.

La gente hacía comentarios de burla a su paso cuando lo veían hablando solo, gesticulando, con los ojos enrojecidos de rabia alguna vez, otras sonriente y enarbolando una bandera roja imaginaria, cantando las viejas canciones obreras, “La Internacional” “El himno de riego”, “A las barricadas”, “En la plaza de mi pueblo”…

-Está chalado este cabrón, déjalo, no lo detengas todavía, es un pobre diablo, ya lo cogeremos cualquier tarde de estas y le damos candela- dijo el guardia civil castellano, Enrique Lucena, mientras lo miraba con sorna en la cara, haciendo bromas sobre los miles de rojos asesinados con los falangistas que lo acompañaban, levantaba el puño con el dedo hacia abajo, tomando ron en las mesas del bar Facundo en la Plaza de Santa Ana-

Dioni se paraba en cualquier calle, en la Alameda, cerca del Hotel Madrid, donde durmió Franco antes del golpe de estado, cojeaba y había perdido un ojo por las secuelas de la tortura en el centro de detención ilegal de la calle Luis Antúnez, no paraba de hablar, hasta se sentaba cerca del Gobierno Militar en la calle Triana, como si estuviera en una asamblea de trabajadores, se quedaba largo tiempo como escuchando otras intervenciones, pedía la palabra levantando la mano, se incorporaba con dificultad y hablaba.

-Camaradas hay que repartir armas al pueblo, estos fascistas ya están conspirando para matarnos a todos- decía con voz trémula, emocionada, casi llorando, como si realmente supiera que estaba loco, pero que esa locura lo mantuviera vivo-

Aquella tarde de sábado mientras la gente salía de la misa de la ermita de San Telmo fue detenido, no hacía nada, solo hablar al vacío, a una pared blanca del recinto religioso, un alegato sobre la explotación del hombre por el hombre, de la lucha de clases.

El sargento Lucena lo tomó por el brazo, le puso los grilletes mientras lo golpeaba con la culata del fusil en la cabeza.

-Vamos perro, ya está bien de tanta charla hijo de la gran puta, rojo de mierda-

Lo metieron en un coche negro propiedad del hijo de la Marquesa de la ciudad de la piedra de cantería, un vehículo lujoso, el tubo de escape expulsaba un humo negro, tan oscuro como el asiento de atrás donde Dioni era golpeado salvajemente por dos miembros de Falange, le rompieron la mandíbula de un cabezazo, el no gritaba, seguía viendo como la calle se llenaba de compañeros, de camaradas bandera en mano, rojinegras, rojas, hoces y martillos, emblemas de la FAI, del PCE, de la UGT, hombres y mujeres que venían a liberarlo en su camino de muerte hacia los pozos del barranco de Guayadeque.

En su delirio no vio ni el agujero, eran casi las diez de la noche cuando llegaron al barranco sagrado, donde los antiguos colocaban las momias de sus muertos en las miles de cuevas, el castellano lo levantó por el cuello, le dio un rodillazo en los testículos antes de tirarlo.

-¡Viva la República! ¡Viva la clase trabajadora!- -gritó cuando lo arrojaban al abismo-

Un golpe seco sonó sobre el agua fría, un sonido y el chapoteo final, seguía vivo, trataba de no hundirse en la oscuridad, por un instante se le escuchó gemir, llorar, reír, hablar con sus fantasmas queridos, hasta que de repente un silencio terrorífico inundó el cauce del genocidio.

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Lienzo "La locura o el tormento de llamarse nada" de Juan M. Carrasco (Venezuela)

martes, 28 de junio de 2016

En la casa encantada

Las gotas caen en la ventana y es casi julio, desolado verano en estas islas perdidas, donde el viento enmaraña las hojas al viento del recuerdo, triste reminiscencia de cuando todos todavía estaban vivos, cuando la casa estaba repleta de gente en aquellas tardes de helados, fútbol, charlas y risas.

No sabíamos apreciar lo que teníamos, ni siquiera habían nacido las que ahora viven lejos de mi vida, quizá se presentían en las noches silenciosas, cuando se fraguaba este pequeño instante en que existimos, un breve recorrido donde no da tiempo a darse cuenta de que estamos en la gran masa estelar, en un rincón antiguo del universo, allá donde un día habitó el murmullo del infinito.

Ahora la vieja casa está casi vacía, a veces en mi soledad se escuchan voces, remotos sonidos, bromas, besos y palmas, carcajadas conocidas, reconocibles en kilómetros de angustia, en millones de años y lágrimas.

Me asomo a la ventana de la casa de madera, el viejo jardín, los árboles, la araucaria gigante, no hay nadie, solo los pájaros cantando, el mirlo que viene cada mañana, muy temprano, cada tarde, anocheciendo para bañarse en los bebederos, para luego partir entre un silbido vertiginoso, como quien viaja desesperadamente a otro tiempo remoto, cuando no había casas, ni coches, ni humanos.

Seguramente tenía que haberme marchado hace tiempo de aquí, irme lejos, volar al otro lado del mundo, dejar que las enredaderas se comieran cada tabique de piedra blanca de cantera, que los dragos se abrazaran a la vieja higuera, se fundieran en un solo ser monstruoso, repleto de flores y frutos de agosto.

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Serpientes emplumadas

El cura de San José sacó a las dos niñas de la casa de Antonio Chirino, las llevaba de la mano hacia el coche negro que esperaba en la cuesta, cerca de la vieja ermita. Eva y Rosita habían visto como se llevaban a su padre semanas antes, los golpes en la puerta de la “Brigada del amanecer”, los falangistas José Samper, Pablo Samsó, Santiago Ascanio, Juan Cardona, Ernesto Bento, el famoso tabaquero Eufemiano, todos vestidos de azul con pistola al cinto, sus ojos asustados vieron como le ataban las manos a la espalda con la cortante soga de pitera, las patadas en la cabeza y la barriga, para más tarde en la misma cama de matrimonio violar salvajemente a su madre Julita Cabrera, de forma colectiva, uno a uno, haciendo cola entre risas y alcohol en el pequeño patio canario, con la pila de agua y el viejo drago centenario que esa noche parecía tener las ramas negras.

El destino del joven Chirino, jornalero y sindicalista en los tomateros del cacique inglés Emiliano Bonny, era desconocido, nadie sabía nada, solo que después de abusar de Julia, de dejarla semiinconsciente y con la vagina y el ano desgarrados entre un charco de sangre, lo metieron en el camión, donde ya habían más de catorce hombres destrozados, acurrucados, desalados en la oscuridad del vehículo de transporte de los racimos de plátanos de los Betancores.

La Marfea, la Sima de Jinámar, los pozos de Cardones o Arucas, los de Guayadeque o del barranco de Tamaraceite, podía haber sido su fatal destino, cualquier lugar de los cientos donde los fascistas desaparecieron a más de 5.000 canarios en menos de cinco años, al día siguiente del golpe de estado del sábado 18 de julio del 36.

Julia fue internada en un manicomio a los pocos días de la violación múltiple, se comía los dedos, se arrancó el anular y se lo tragó, se comportaba como un animal herido en un rincón del viejo cuarto de la abuela Luisa González. Las chiquillas la miraban asustadas, estremecidas por tanto terror en tan pocas horas.

-Está poseída por el diablo, hay que liberarla por la infinita misericordia de nuestro señor Jesucristo. –dijo Don Benito Fonte, el párroco del barrio capitalino-

-Estas rojas de mierda como viven en pecado viven rondadas por el espíritu de Satanás, es normal que esto le suceda, debemos internarla para siempre a esta hija de la gran puta. –afirmó vehemente el clérigo, mientras se echaba un pizco de ron aldeano junto a Borja de Lugo, el hijo de la marquesa y el capitán Soria, el brutal criminal de Telde, que fueron a visitar a las niñas, mirarlas bien para valorar su precio, los buenos dividendos que sacarían con su venta, ya que varias familias de la península estaban muy interesadas en comprarlas-

Las dos menores rubias como el trigo y los ojos azules, fueron trasladadas en principio a la Casa del Niño en el Paseo de San José, allí las monjas las bañaron con un camisón blanco para que no se vieran su incipiente cuerpo preadolescentes, Sor Lucía Castejón, la hermana más vieja, les hizo tocamientos en sus pechos y en el sexo, mientras las niñas gritaban de terror. Luego las vistieron con ropas donadas por la gente rica de Vegueta, las instalaron aparte de las demás huérfanas, las hijas de los asesinados por el fascismo, para esperar que llegaran las familias “de bien” que pagarían por ellas una buena cantidad de dinero.

Ya en la pequeña camita se abrazaron, no hablaban desde la noche del crimen de su padres, solo se miraban, se acariciaban, durmieron pegadas, calentitas en el frío recinto, soñaron lo mismo, no lo sabían, nunca lo supieron, nubes de colores, serpientes buenas, emplumadas, voladoras, gigantes, mientras su madre las llevaba flotando entre un cielo de caramelo y tortas de carnaval, olía mucho a flores.

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Dos hermanas refugiadas por el franquismo. Fuente: ELPAIS.com

lunes, 27 de junio de 2016

El voto que mata

Un pueblo que no aprende a reconocer a sus enemigos está condenado a sobrevivir para siempre en la miseria, el hambre y la muerte. La victoria del PP en las elecciones del 26J solo se puede entender desde el pucherazo, de lo cual son capaces con un ministro metido hasta el cuello en la mierda de las escuchas y los espionajes, seguramente desde la supina ignorancia de una ciudadanía entregada, arrodillada, a cuatro patas ante un partido infectado de corrupción hasta la médula.

De confirmarse los apoyos que parece van a tener, con la abstención del casi desaparecido PSOE, nos esperan cuatro años terribles, donde lo mejor será marcharse de esto que llaman país, de la piel de toro del “Soy español, español, español”.

Hoy más que nunca me siento menos integrante de esta patria de delincuentes de estado. Me avergüenza  tener un DNI de un régimen que sacrifica al pueblo trabajador para llenar los bolsillos de todo tipo de ladrones y mafiosos.

Sinceramente ya no se que piensa la gente, quienes han votado masivamente por este engendro o partido, da la impresión que el masoquismo es la nueva tendencia, dejar que nos avasallen, que nos pisoteen que nos roben el dinero de la sanidad, de los servicios sociales, de la educación, que cuatro energúmenos sin escrúpulos sigan saqueando las arcas del estado, ahora con total impunidad durante cuatro años más.

La Reforma Laboral se convertirá en un instrumento mucho más fuerte de alienación y vulneración de derechos fundamentales, la fascista Ley Mordaza tendrá cancha libre para seguir encarcelando al disidente, a quien piense diferente, las recetas de la criminal troica será aplicadas al 200%, todo un listado de aberraciones que consolidaran un genocidio social sin precedentes en la historia de Europa.

¿Qué más se puede decir que manifestar una infinita tristeza o asumir que tenemos lo que nos merecemos?

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sábado, 25 de junio de 2016

Hacia el infinito temblor del horizonte

El pequeño barquillo rondaba ya las aguas oscuras de Taganana, hacía dos días que había partido del Puerto de Agaete, repleto de hombres y mujeres, entre ellos, Alberto Góngora, el joven anarquista gallego en plena huída de la brutal represión en la isla redonda, albañil de profesión, sindicalista, pintor en sus horas libres de cuadros que nadie entendía, algo así como surrealismo, trazos irreales, dibujos amorfos de árboles repletos de hojas irreconocibles, alguna sombra entre la turba de nubes rojas, azules, verdes, como la hierba de los sueños.

Por un instante en la negra noche se acercaron a la costa, allí subió más gente, tristezas andantes, desconocidas, que venían de una barcaza de los pescadores solidarios de San Andrés, dos mujeres, un niño pequeñito, tres hombres, uno con boina y una raída chaqueta gris. Se acomodaron en el pequeño espacio de cubierta, el viejo Matías Cúrbelo de La Isleta les alcanzó varias mantas viejas, hacía frio, el mar del norte los dirigía hacia la América lejana, Venezuela, Argentina, quizá Brasil, la búsqueda de aquel anhelo, escapar del terror, del genocidio que había comenzado la noche del sábado 18 de julio del 36.

El inmenso océano estaba revuelto, las olas azotaban la frágil madera de la embarcación atunera, ahora convertida en el refugio de gente maldita, perseguida, sin esperanza, tratando de sobrevivir el embate terrible de la historia.

Cerca de Alberto se sentó Mónica Zaragoza, la joven maestra republicana de La Matanza, se miraron un instante, la cara de niña, sus gafas redondas, el pelo negro recogido, el abrigo marrón que olía a perfume del salitre, iba sola también, no quedó nadie vivo de su familia, los mataron a todos, a sus hermanos, a su padre, al abuelo dirigente obrero en el sur, cerca de Arona. Ella tuvo la suerte de escapar, de recorrer media isla andando junto a los compañeros, pasar varias noches entre la niebla y la lluvia del bosque de Anaga.

Los dos allí solitos, casi no articularon palabras, se divisaban luces en la orilla de la isla cada vez más lejana, hogueras en las playas repletas de falangistas que seguían con las detenciones, agrupando hombres y mujeres para arrojarlos al mar dentro de sacos, atados de pies y manos, repletos de piedras.

Al cabo de varias horas de viaje Alberto le contó cómo había escapado de la persecución escondido varias semanas en Tamadaba, sobreviviendo con las sardinas saladas y el agua que destilaban los pinos, historias tan comunes, unos destinos unidos por la miseria del tiempo.

La voz de la muchacha le relajaba, era como un sedante en medio de la destrucción y la sangre, se fueron acercando, primero sus manos que se rozaron y decidieron agarrarse, acariciarse los dedos, Alberto usó la manta para refugiarse del viento, unirse todavía más, acurrucarse uno contra el otro, como buscando una protección maternal, infantil, ella olía a flores, a sudor, a un perfume irreconocible, el aroma de la clandestinidad, de muchos días evadida entre la hierba y la fragancia de la inmaculada laurisilva.

Sus labios se tocaron, un beso cálido, dos lenguas suaves buscando viajar a ese lugar remoto donde reside la ternura, la piel erizada, no se escuchaba nada, solo el mar, el canto de las pardelas que buscaban la seguridad de la costa para llevar comida a sus crías. El hombre y la mujer se acoplaron, no se conocían, pero se conocían desde siempre, solo sentían el temblor, el sabor de unas bocas ansiosas de libertarias madrugadas.

Ella recorrió su cuerpo bajo la camisa blanca abotonada hasta el cuello, el botón de luto por la vieja muerta hacía varios meses, el sintió unos pechos suaves, pequeños, con pezones turgentes, como la frágil piel del invierno en sus manos, un vientre vacío de comida, repleto de sueños, los ronquidos de aquellos hombres rendidos, las pesadillas del chiquillo, un llanto silencioso, inaudible, no interrumpieron aquel ritual mágico. Se amaron durante horas, como quien busca refugio en otro cuerpo, penetrar en el mundo de la fantasía, sintieron que se habían buscado desde que nacieron, el miedo se convirtió en dulzura, la sensibilidad de dos cuerpos unidos que casi no hacían ruido mientras viajaban por cada centímetro de sus desconocidas geografías, acostumbrados a huir, a refugiarse en rincones inimaginables, no respirar, gemir como cantan los pájaros silenciosos de la noche acabaron por dormirse, abrazados, un estrujón de ropas y olores, una mezcla de tabaco Virginio, ron de caña, colonia de lavanda y la sal, el salitre, en unos labios enrojecidos por la travesía del placer infinito.

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El buque Stanbrook con los republicanos en el puerto de Orán (Argelia) en 1937. 

viernes, 24 de junio de 2016

Hasta nunca criminales de la Unión Europea

De nada sirvieron las peregrinaciones de los defensores del NO  a salirse de la UE, la doctrina del miedo tampoco esta vez ha funcionado, anunciando esta gentuza el caos si ganaba el abandono de esta organización criminal. Fueron incapaces de convencer a la mayoría de los ingleses. Ni los Obama y sus ridículos bailes de salón, la mafia de las multinacionales, los dueños de los emporios económicos, la  Alianza Terrorista OTAN, el genocida FMI y su “Lagarta” presidenta, instigadora de la exterminación de las personas mayores, también la socialdemocracia de “estos son mis principios si no le gustan tengo otros” “ya no soy comunista, fue una locura de juventud con coleta”, se sumaron a la orgía, a la fiesta de la sangre obrera, “Los Verdes” insistentes en su vergonzosa idea de que dentro se está mejor que fuera.

Hoy los dueños del sistema en España, en sus patéticos debates electorales, sin casi diferencia entre los que se presentan a gobernar chupándole los dedos de las apestosas patas al heredero del franquismo rey Borbón. No importa que la puta UE haya destruido millones de puestos de trabajo, haya recortado derechos fundamentales de los trabajadores, la estafa que llaman “crisis económica”, que solo sirve para enriquecer a la sanguinaria mafia político-empresarial.

Solo en el norte de Inglaterra donde existe una gran presencia obrera, arrasó el salirse de este engendro de la caterva, al igual que en sectores como el metal y la pesca, respaldados por la izquierda revolucionaria británica, la que no se vende por un plato de lentejas, ofreciendo gobiernos pactados con los culpables del genocidio social.

La Europa de los criminales mercaderes ha sufrido un duro golpe, una gran mayoría de la población europea está en situación de miseria, solo en España seis millones de niños y niñas pasan hambre, según datos de Unicef o Save The Children, más de veinte millones de familias al borde de la exclusión social, sin ningún tipo de ingresos, haciendo cola en los bancos de alimentos, los “torniquetes del estallido social”. 600 desahucios diarios a punta de porras, patadas y pistolas de los esbirros policiales españoles, más de 25.000 suicidios por motivos económicos en los últimos cinco años.

Datos demoledores que demuestran para lo que sirve la Unión Europea, el instrumento perfecto para saquear a los pueblos, para enriquecer a las sanguinarias mafias financieras, a una banca podrida, instruida para destruir las vidas de millones de ciudadanos mientras la troika roba los recursos públicos de cada estado integrante, invade y promueve el terrorismo internacional, la guerra en países soberanos como Libia o Siria para quedarse con sus recursos naturales, con posiciones geoestratégicas para el fomento de futuras guerras y genocidios sobre población civil.

Una Unión Europea responsable directa de más de 30.000 muertes por ahogamiento en el Mediterráneo, en su mayoría niños, financiadora del gobierno nazi de Ucrania, de un Maidan que asesina impunemente a los pueblos de este desgraciado país.

¿Para esto sirve la puta Unión Europea?

El resultado de este referéndum del Brexit en el  Reino Unido dice adiós a esta mierda, a esta organización criminal creada para favorecer al gran capital, la guerra, el exterminio de los pueblos. Un club de asesinos de estado, de ladrones elitistas de guante blanco, que solo sirve para oprimir y asesinar, llenar bolsillos de mafiosos como los que tenemos en España integrados en el Partido de la Gürtel.

Chantajistas del pueblo griego, pagadores fieles de las armas del Maidan ucraniano, de los “rescates” bancarios con dinero de la sanidad, la educación, los servicios sociales, las ayudas a la dependencia. Asesinos de estado es lo que son, abandonando a su suerte a miles de refugiados en campos de concentración nazis en Turquía o Grecia, cargándose la industria en España en los tiempos del terrorista presidente “sociolisto”, “Señor X” de los GAL, generando desempleo masivo, donde solo en Canarias ya supera el 40%, con uno de cada tres niños isleños en situación de desnutrición.

¿Estos son “los deberes”, las “recetas europeas”?

¡Váyanse a la mierda criminales ladrones!

Muy triste contemplar cómo este viernes 24 de junio de 2016 a pocas horas de una elecciones generales, una “izquierda” en España palanganera, acomplejada, en este día grande sigue defendiendo esta mierda de la UE, con el único fin de captar votos, de seguirnos apretando las clavijas a la clase trabajadora, pandilla de vendidos a esta banda de delincuentes.

Solo los partidos comunistas como el británico, el irlandés, el KKE griego o el PCPE español tienen una postura clara de rechazo a la UE y a la criminal banda terrorista de la OTAN. Una colección de mentiras para mantener el establishmen de la mafia financiera internacional.

La UE ya está muerta, lo que ha perdido no solo es la pertenencia del Reino Unido, sino un nuevo fracaso de la convergencia capitalista europea. Un proyecto europeo que apesta a putrefacción y muerte, a suicidios, a niños refugiados flotando muertos en el mar.

¿Para esto sirven? ¡Déjennos vivir en paz y con dignidad malditos asesinos!

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La comunidad congoleña en España quema las banderas de la UE y USA

miércoles, 22 de junio de 2016

Marfea: La ocultación premeditada del genocidio fascista en Gran Canaria

Saliendo de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria hacia el sur, justo después de la Playa de La Laja, están los acantilados de la Marfea, lugar donde los fascistas canarios arrojaron vivos a partir del golpe de estado del 36 a cientos de republicanos dentro de sacos de plátanos con piedras dentro.

Cada noche llegaban los camiones cargados de hombres, vehículos de las empresas agrícolas cedidas por los criminales terratenientes de la oligarquía canaria, que las “Brigadas del amanecer” se encargaban de llenar recogiendo casa por casa a cada reo, sacándolos también directamente del campo de exterminio de El Lazareto en Gando, junto al actual aeropuerto, o del campo de concentración de La Isleta, además del centro de tortura y detención ilegal de la calle Luis Antúnez.

Hombres destrozados por las brutales torturas, alguna mujer vejada y violada, llegaban al borde del abismo atados, golpeados, humillados, para que los señoritos ordenaran a sus esbirros introducirlos en los fardos, la sangre inundaba aquel trocito de isla, la madrugada y la oscuridad, solo desvelada por los faros de los automóviles de los millonarios psicópatas, para uno a uno ir tirándolos al vacío entre gritos, alaridos de terror, algún insulto en el último instante de algún valiente luchador por la democracia y la libertad.

Actualmente este espacio de la capital de la provincia isleña, de la “Europea” y “cosmopolita” ciudad de Las Palmas no tiene ni siquiera una placa, un monumento que explique lo que en ese lugar del terror y el crimen organizado sucedió. Un municipio ahora mismo gobernado por esa supuesta “izquierda” que presume de socialdemocracia (PSOE-Podemos-Nueva Canarias), cada vez más alejada del comunismo, de las heroicas ideas revolucionarias, las que tenían las personas asesinadas por defender la legitimidad constitucional republicana.

Se hace necesario ese homenaje, dejar de centrar los esfuerzos del Ayuntamiento en bloquear la exhumación de la fosa común del cementerio de Las Palmas, dignificar a quienes fueron arrojados al mar en ese punto negro del genocidio premeditado, planificado y que se llevó por delante las vidas de más de 5.000 canarios.

Seguimos esperando, pero todo tiene un límite, de lo contrario será cuestión de organizarnos y colocar en los riscos de la Marfea una placa popular, para que se deje de seguir encubriendo a los criminales, para que se conozcan los lugares del holocausto fascista, lo que sucedió en este rincón olvidado por quienes ostentan el poder para presumir de una democracia fallida y corrupta.

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Acantilados de la Marfea (Las Palmas de Gran Canaria)

lunes, 20 de junio de 2016

Incierto presagio

En la estancia de al lado estaban los cuerpos de los cinco hombres fusilados, olía raro, como a una mezcla de pólvora y sudor frío. El tiro en la nuca se lo dieron a Matías López en el ojo izquierdo, la bala le salió por la sien, todos parecían bebés acurrucados en el suelo, como esperando el amparo maternal imposible, desamparados por el brutal estruendo que les atravesó el pecho como una bola de fuego. Los hijos de Pancho lloraban más allá de los arenales, el camión partió hacia la fosa común y el reguero de sangre marcaba el camino, la señal más terrible, desde La Isleta al cementerio de Las Palmas.

La gente miraba sin pararse por miedo al paso del vehículo, su avance lento dejaba entrever lo que había dentro, cuerpos amontonados unos sobre los otros, una energía desconocida, la que se produce cuando se junta todo el dolor, el odio más feroz que solo puede partir de mentes criminales, las que dejaron una estela de muerte, más de cinco mil canarios asesinados tras el golpe de estado del 36.

A la altura de la calle Albareda un brazo quedó colgando con un reloj de pulsera destrozado, gotas de sangre manando de los dedos morenos, ningún falangista hizo nada, la mano parecía señalar a quienes miraban desde las ventanas y las azoteas, se cerraban las puertas al paso de la caravana de la muerte, un silencio sepulcral que atravesaba las Alcaravaneras, la soledad de las dunas, la oscuridad de la calle Triana y el colonial barrio de Vegueta en aquel lluvioso y triste día de marzo.

En el exterior del cementerio varias mujeres vestidas de negro con pañuelos en la cabeza, la guardia civil custodiando la entrada de los camiones, las fosas abiertas manaban sangre, cientos de cuerpos eran arrojados de uno en uno, algún tiro en la nuca si alguna de las víctimas se movía o parecía seguir respirando.

Aquel sangriento rigor, una especie de ritual terrorífico que inundaba el corazón muerto de la vieja ciudad, una urbe para el crimen, mientras en cada rincón de las islas eran asesinadas miles de personas, no había escapatoria del laberinto, solo presagios terribles, también campanas en la catedral que tocaban a rebato el son de la muerte, sotanas manchadas de sangre daban la comunión en cada parroquia, confesaban a quienes seguían creyendo que un Dios superior estaba detrás del genocidio, la construcción de un mundo de razas superiores, consignas y arengas, la patria más tenebrosa, siniestras flores negras, el incierto futuro.

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Varias personas muertas después de un bombardeo fascista sobre Madrid 

viernes, 17 de junio de 2016

Con las manos ensangrentadas

El teléfono sonó en el despacho del concejal de memoria histórica, delante tenía a los que encargó el montaje para evitar la exhumación de la fosa común, ya les había pagado con facturas en negro el “apreciado trabajo”. Descolgó el auricular, sabía quien era, lo había cerrado todo antes de salir elegido al Ayuntamiento con el hijo de la Marquesa, el sobrino de Eufemiano, junto a los de la constructora fundada con material de Colombia, vinculada al narcotráfico, testaferros del Conde, la que blanqueaba todo el dinero que sacaban de la venta de coca y heroína en las Islas Canarias.

-Don Sergio usted sabe que esa fosa no se puede abrir ni de coña, aunque esas familias sigan insistiendo en los medios de comunicación. –El concejal asentía sumiso, bajo la atenta mirada de los esbirros-

El concejal nada más colgar dio de forma inmediata instrucciones claras:

-Ataquen al portavoz  de las familias en las redes sociales, descalifiquen, insulten, digan que es un “payaso”, así lograremos que pierda los papeles, que la ciudadanía no los apoye. La consigna compañeros sigue siendo la misma, la fosa común del cementerio no debe exhumarse bajo ningún concepto, ya le hemos pagado los primeros 5.000 al escultor, faltan varios plazos hasta los 20.000 euros y el monolito tiene que estar terminado este verano.

Los sicarios miraban con atención, el madrileño hablaba pausadamente y con media sonrisa.

-No os preocupéis tengo mucha experiencia en cargarme exhumaciones, ya los he desactivado en la asamblea que hubo en Madrid, mi hermano y yo nos encargamos de que se les desacredite en toda España. Esta fosa no se abrirá por nuestros santos cojones, digan lo que digan esas familias indecentes y barriobajeras. Vosotros a lo vuestro, no contestar a los comunicados de prensa, seguir difamando y desprestigiando en las redes sociales.

-Te han llamado “Godo” estos ignorantes, usan al viejo de 90 años para que exhumemos la puta fosa. –dijo entre risas el que vivía en el extranjero y venía meses cobrando mucho dinero público por falsear datos de asesinados y ocultar documentos en el archivo del cementerio-

-Parece que las llamadas a la dirección de Podemos no han funcionado, no se arriesgan a meterse en mis competencias, así que estemos tranquilos que lograremos el objetivo en pocos meses, cuando esto se enfríe en la prensa, montamos el monolito en noviembre, convocamos a los nuestros a toque de pito, y hacemos un acto homenaje con alguna bandera republicana y algún falso familiar sin muertos en la fosa, una operación maestra.

Los tres se felicitaron de “lo bien que iba la cosa”, que nadie hiciera nada, ni siquiera el gobierno municipal socialdemócrata, que permitieran su viejo objetivo, el que se fraguó en aquella reunión con los herederos de los asesinos franquistas, ese acuerdo para edulcorar el genocidio, encubriendo a los criminales de lesa humanidad que asesinaron a más de 5.000 canarios.

En el club de La Puntilla se tomaron los cubatas a precio de costo. El día en la Playa de Las Canteras estaba despejado, repleto de gente aquel viernes 17 de junio. En Tamaraceite un hombre de 90 años seguía preguntando a su familia si por fin iban a sacar los restos de su padre asesinado del agujero del terror, su mujer demoraba la respuesta, los perros seguían ladrando como la noche de la matanza.

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Fosa común de asesinados por el franquismo en el monte de Estépar, cerca de Burgos

miércoles, 15 de junio de 2016

Estado pocilga

Liberan delincuentes de guante blanco y encarcelan a personas que cometen delitos menores como robar comida en un supermercado. Hoy o mañana Mario Conde el banquero corrupto será liberado por tener dinero para pagar una fianza de 300.000 euros, todo tipo de maleantes peligrosos son protegidos por el régimen español, condenan al humilde trabajador a la cárcel y premian o indultan a banqueros, políticos o empresarios implicados en tramas mafiosas, todo para mantener una cleptocracia legalizada y protegida, amparada por quienes destruyen las vidas de millones de familias con políticas austericidas, basadas en reformas laborales de la edad media, más de 600 desahucios diarios a punta de porra y pistola, generando que más de cinco millones de niños y niñas estén pasando hambre, que más de 25.000 personas se hayan suicidado por motivos económicos en los últimos cinco años. El territorio perfecto para lo peor de la especie humana, el imperio del crimen, donde el sufrimiento ciudadano parece formar parte de la absurda “normalidad” de un gobierno podrido.

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Mario Conde y el dirigente del PP gallego Alberto Núñez Feijóo