viernes, 18 de agosto de 2017

Llueve sobre la fosa de los amantes

La llamarada de la hoguera se iba extinguiendo en las brazas rojas y Eduardo y Julia se abrazaban bajo la manta de la abuela Rosa, el viento traía un leve olor a flores del fondo de la Caldera de los Marteles, septiembre era una transición de calor y frío en la nocturna cumbre de la isla, parecía que nadie ni nadie podía interrumpir aquel rito de amor bajo el cielo estrellado.

Entre los pinos pensaban que la pequeña hoguera no podía despertar sospecha, pero sabían que los falangistas y guardias civiles recorrían cada paraje buscando a los evadidos, desde la noche del sábado 18 de julio ya habían comenzado a matar, miles de hombres y mujeres en aquel pequeño tramo de tiempo ya estaban en el fondo de los pozos y simas, en las profundidades marinas atados de pies y manos dentro de los sacos de plátanos.

Julia Sosa recordaba cuando salieron los dos huyendo aquella madrugada por las callejuelas empinadas de las Lagunetas, justo en el momento en que subía de San Mateo el camión de los fascistas, recogiendo casa por casa a todas las personas que tenían en sus listas negras, la voz del tabaquero Eufemiano ordenando a quien llevarse, a quien desaparecer, a quien torturar, a quien violar hasta la muerte.

En la oscura noche dos pechos unidos, dos corazones que se escuchaban, ambos se hacían los dormidos para tranquilizar al otro, ella se pegaba mucho a Eduardo, hubiera querido entrar en su cuerpo y no salir jamás, ser uno solo para poder escapar mejor de aquel laberinto insular sin salida, el miraba las estrellas y se entretenía viendo los trocitos de polvo estelar que entraban en la atmósfera y se hacían pedazos, los restos de Las Perseidas, las últimas lágrimas de San Lorenzo el 11 de septiembre del 36.

Desde lo profundo del bosque se escucharon pasos y los dos se pusieron en alerta, apagaron la brasa con la manta, la voz de un hombre que mandaba peinar en zig zag, botas militares arrasaban la pinocha.

-Huele a hoguera y perfume mi teniente- dijo alguien joven mientras el pinar comenzaba a convertirse en un infierno.

No tuvieron tiempo ni de soltarse del abrazo, llegaron como fieras salvajes y a golpes los separaron, a ella se la llevaron a una ensenada, el tabaquero ordenó que se la dejaran para el, para luego entregarla a la soldadesca para la habitual violación múltiple de cada roja republicana.

Eduardo Cabrera le gritaba a Julia mi niña que la amaba, que la amaba, que la amaba, que jamás podrían acabar con su amor, que resistiera, que la muerte sería la salida, pero un culatazo lo dejó sin sentido y con parte de su masa encefálica cayéndole por la nuca.

El jefe de centuria Borja Manrique de Lara destinó a varios falanges que abrieran una pequeña fosa para la pareja de amantes, al el lo tiraron primero, ya Eufemiano le había hecho de todo a Julia, que en el suelo con la ropa destrozada respiraba aceleradamente en un charco de sangre.

Luego los falangistas en fila de uno, un grupo de doce hombres borrachos entre risas y botellas de ron de caña que iban violando a Julia uno tras otro, incluso después de muerta desangrada, hasta que el empresario tabaquero junto al hijo del conde dio la orden de arrojarla a la fosa.

-Bien follada se va la hija de puta- dijo con acento inglés el hijo del terrateniente Bonny, que también se había unido al genocidio junto a otras familias de la sanguinaria oligarquía isleña.

Comenzó a lloviznar a poco de marcharse los hombres en los camiones hacia la mansión de Santa Brigida del tabaquero donde los esperaba un buen desayuno.

La fosa comenzó a recibir las lluvias interminables, brotaron en pocos días las primeras flores preludio del otoño, de aquel espacio de ternura germinó la tierra con dos cuerpos que siguieron abrazados para siempre, perdidos entre la niebla y la esencial energía del amor.

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jueves, 17 de agosto de 2017

La telaraña del tiempo

La joven Adassa no entendía nada de aquella extraña lengua, los hombres parecían ladrar cuando emitían alguna palabra, solo veía a sus hermanos muertos en el poblado de Tufia en Tamarán, cerquita del mar, lo que hasta hacía unos instantes era un lugar de armonía y respeto por los ancestros, ahora se había convertido en un espacio para la sangre y la muerte, cuerpos esparcidos de niños, mayores, ancianos, hasta los perros yacían inertes, mientras los demonios de hierro apartaban a las mujeres, a la niñas adolescentes que se iban a llevar en sus embarcaciones de madera.

Al otro lado del tiempo otra mujer esperaba junto al paredón de La Isleta como iban a fusilar a su marido, Carmela veía llegar a los falangistas y a sus familias eufóricas para presenciar una nueva ejecución, varios paisanos eran sacados a empujones de los nidos de ametralladora, cinco como siempre, siempre fusilaban cinco como si ese número fuera ideal para quienes dependían del crimen para sustentar unas ideas impuestas sobre un pueblo libre, la letanía del cura pistola al cinto, el grito del oficial, “Apunten, fuego”.

Como en una telaraña infinita Adassa y Carmela parecían encontrarse en el fragor de los años, el mismo viento enredaba sus cabellos, el mismo salitre, la misma arena sahariana que traía el siroco de más allá del horizonte, las unía el dolor, la desesperación de un pueblo víctima de los genocidios, dos holocaustos con una pequeña franja de 400 años de hambre, miseria, esclavitud, derecho de pernada, abusos de poder y explotación.

Las dos se tomaron de la mano, parecían conocerse desde siempre y se reflejaban en sus ojos azules en aquel bosque de pinos de la cumbre de la isla redonda, la muchacha indígena le habló en su lengua libico-bereber en muy baja voz, Carmela asintió, entendía todo, ambas descubrieron que estaban muertas y que llevaban cientos de años flotando en la niebla que sube de Agaete a Tamadaba en las tardes mágicas de agosto.

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lunes, 14 de agosto de 2017

El "Paredón de España"

En el “Paredón de España” (Paterna, Valencia) los impactos de las balas asesinas ahí siguen como sombras de genocidio, entre el bosque, el abandono, la basura, los animales muertos y los restos de rituales satánicos pervive la esencia del crimen de estado. Más de 2.500 fusilados que podían ver como acribillaban a balazos a sus compañeros y camaradas antes de ponerlos a ellos, a ellas frente al pelotón. Sentí esa tristeza añeja, esa desesperanza curtida desde mi infancia como familiar de víctimas del franquismo, esa dignidad universal que florece en cada puño que se alza en defensa de esta lucha sin tregua por el amor y la memoria.

Allí sentí lo mismo que en la Sima de Jinámar en Gran Canaria, en la chimenea volcánica se respira la misma sensación inquietante, como si el aire no quisiera correr, como si el silencio estuviera petrificado, anudado al dolor, entre los gritos de los cientos que fueron arrojado al abismo por los falangistas criminales.

La historia de aquel niño que junto a sus amigos se encaramó a uno de los árboles para ver los fusilamientos en el paredón de Paterna, y al que un Guardia Civil al ser el último en intentar escapar lo colocó en la fila de los que iban a ser asesinados, según diversos testimonios ese niño jamás volvió a hablar.

Esto es el paredón de Paterna, un conjunto de historias terroríficas, un lugar de muerte y terror que jamás podrá ser olvidado ni perdonado, donde miles de mujeres y hombres fueron masacrados, anarquistas, comunistas, socialistas, masones, intelectuales, profesores, sindicalistas, cualquier persona que se hubiera declarado antifascista y defendiera la libertad.

La fila de la muerte, el sonido de los disparos de los militares, muchas veces jóvenes que hacían el servicio militar en su primera fase desde abril del 39, los que en algunos casos quedaron con secuelas psíquicas de por vida al tener que asesinar más de una vez a personas conocidas, hasta que los criminales se decidieron por la llamada “Benemérita” o Guardia Civil, para que a ráfagas de ametralladora continuara con los fusilamientos masivos hasta noviembre del año 1950.

Los asesinados eran paseados en camiones por el pueblo de Paterna dejando un reguero de sangre, antes de llevarlos a las fosas comunes del camposanto, la idea era clara, generar terror, sembrar el virus de la pasividad, el ver, oír y callar que todavía pervive en nuestros días, la siniestra “procesión” con los cuerpos acribillados de sus conciudadanos a la vista de todos, de todas, mujeres y hombres que contemplaron con horror el brutal holocausto fascista.

Paterna, su paredón, sus fosas comunes repletas de huesos justos y eternos, son un símbolo, un referente de dignidad y coraje para todo el estado español, para las personas de bien que luchan por la memoria democrática, por la justicia, por la reparación, para que esta pseudodemocracia en la vivimos no siga manchada de sangre.

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viernes, 4 de agosto de 2017

Por las heroínas, por los héroes de la clase trabajadora

Cuando me llamaron del Partido Comunista del Pueblo Canario para participar en el acto homenaje a las heroínas y héroes de la clase trabajadora canaria, en este nuevo aniversario de los fusilamientos del diputado comunista Eduardo Suárez y del Delegado Gubernativo Fernando Egea, pensé en el inmenso honor, pero también en el orgullo de aportar mi granito de arena a la dignificación de quienes de forma ejemplar destinaron sus vidas a la mejora de las condiciones de vida de las personas más desfavorecidas, de quienes son pisoteadas por un sistema capitalista criminal, que prioriza el enriquecimiento de unos pocos sobre la miseria de la inmensa mayoría.

En Canarias el golpe de estado fascista del 36 como en el resto de España se produjo para aplastar los avances sociales generados por la República, por un gobierno de izquierda y revolucionario que apostaba por la clase obrera, por el cambio social, por acabar con las injusticias de la oligarquía y la Iglesia Católica, en unas islas con desproporcionados niveles de pobreza, condiciones laborales de semiesclavitud,  junto con altos índices de mortalidad infantil, miseria y hambre.

El genocidio fue brutal, asesinando a miles de personas en una zona del estado sin confrontación armada, con listas negras elaboradas meses antes del alzamiento faccioso, llenando las fosas comunes, el mar, las simas, las chimeneas volcánicas, los pozos con lo mejor de nuestro pueblo.

En estos meses desde el Comité Popular por la Exhumación de la Fosa Común del Cementerio de Las Palmas integrado, entre otras organizaciones, por el PCPC, Familiares Fusilados San Lorenzo, Foro Canario Víctimas del Franquismo, Comisiones Obreras, FSOC, colectivos vecinales y sociales, se han logrado importantes avances, concretamente con la fosa común del cementerio de Vegueta, donde ya se está trabajando para su exhumación, con la implicación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, el Cabildo y el Ayuntamiento capitalino y posiblemente en la próxima primavera ya se empiecen los trabajos para recuperar los restos de las decenas de personas asesinadas y enterradas en este agujero del horror.

Además también hay acuerdos muy importantes con el Cabildo para la investigación hacia la excavación de la Sima de Jinámar y tratar de recuperar cada hueso, así como la creación de un espacio de homenaje a las víctimas en este símbolo de la lucha contra el fascismo en la isla de Gran Canaria.

Vamos avanzando y está demostrado que la única manera es la lucha en la calle, la movilización, la concienciación de nuestro pueblo, la brega sin tregua por recuperar toda esa memoria silenciada y ocultada premeditadamente por el terrorismo de estado, por un régimen que sigue siendo culpable de este genocidio en Canarias, en todo el estado español, donde actualmente se sigue respaldando el franquismo y sus criminales y torturadores, algunos reclamados por la justicia internacional por crímenes de lesa humanidad.

No lo podemos permitir, jamás podemos perdonar y mucho menos olvidar tantos asesinatos, tantas humillaciones, tanta sangre derramada para perpetuar el neoliberalismo, la explotación, las guerras imperialistas, el sometimiento de los pueblos del mundo a los dictámenes de los opresores.

¡Hasta la victoria siempre camaradas!

¡Viva la lucha de la clase trabajadora!

¡Abajo el fascismo!

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jueves, 3 de agosto de 2017

Toda esa maldad

La táctica habitual del PP con las familias que quieren exhumar los restos de sus muertos asesinados por el franquismo es acusarlas de fomentar el odio, el rencor, la venganza, la exaltación de las “dos Españas”, cuando lo que en realidad ocultan es un genocidio cometido por muchos de sus abuelos y padres biológicos y políticos que se llevó por delante, solo en la dictadura, más de 150.000 personas que defendían la libertad y la democracia.

Es de vergüenza que un partido inundado de corrupción hasta la médula salga en defensa de todo tipo de criminales de lesa humanidad, humillando a quienes exigen recuperar los huesos de sus seres queridos para darles sepultura digna, para que sean reconocidos en la historia y no sigan enterrados como basura en miles de fosas, pozos, simas y cunetas por todo el territorio del estado.

Mientras no se exhume hasta el último resto de cada lugar de exterminio no habrá democracia en España, seguirá gobernando el fascismo gobierne el partido que gobierne, digan lo que digan la sombra de los crímenes de lesa humanidad seguirá en cada ayuntamiento, diputación, cabildo, comunidad, juzgado, comisaría y toda instancia donde el hedor a sangre, tortura, desapariciones masivas y crímenes siga infectando lo que desde hace 40 años debería haberse erradicado para siempre, convirtiendo los espacios del horror en museos, monumentos y homenajes como en cualquier país civilizado que condena cada holocausto honrando a sus víctimas.

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Exhumación en Velilla de Jiloca. Foto: ARICO

lunes, 24 de julio de 2017

Laura Puga en su laberinto de memoria y justicia

Laura Puga, era una niña rubia que desde muy chiquita escuchaba a su abuela los relatos sobre lo sucedido a su familia en las Islas Canarias, de aquellos tiempos del franquismo cuando fusilaron injustamente a su tío-abuelo el Gobernador Civil de Tenerife, Manuel Vázquez Moro.

Desde temprana edad percibió que su familia era diferente, que tuvieron que partir desde el archipiélago africano al exilio del hermoso país sudamericano huyendo del terror, de la miseria, de las represalias de una jauría represora con ansias de sangre, dispuestas a todo por mantener una dictadura que se llevó por delante las vidas de más de 150.000 personas inocentes.

Luego su adorado padre nacido en Las Palmas se encargó del resto, juntos recorrían los parajes de la mágica ciudad de Buenos Aires compartiendo charlas y momentos inolvidables, estuvieron en Plaza de Mayo resistiendo aquella histórica Semana Santa de otro intento de golpe de estado, Laura solo tenía 18 años y observó claramente el rostro del salvajismo de un ejército traidor como el de España, el mismo olor a sangre, a odio, a violencia ilimitada, a torturas indescifrables por su dureza y sadismo.

Tantos años después Laura es profesora de antropología en la Universidad de Buenos Aires (UBA), licenciada en Geografía Historia, compagina su docencia universitaria con clases de secundaria en un humilde barrio, donde cuenta con orgullo que desarrolla un estudio antropológico con niños camboyanos víctimas del horror y los crímenes de los Jemeres Rojos de Pol Pot.

Para orgullo de su padre allá donde esté, de toda su familia a un lado y a otro del Océano Atlántico, existe la posibilidad de que la cátedra de antropología de su universidad lleve su apellido Puga, ante esta situación si le preguntas solo sonríe con cierto rubor, con una humildad que solo puede venir de alguien que sabe lo que es el dolor de una familia exiliada, que ha tenido que luchar y esforzarse como mujer comprometida y revolucionaria para llegar donde ha llegado.


Laura está por Canarias acompañada de su hijo Lautaro, para desgracia de un estado español que sigue encubriendo el terrorismo de estado ha venido a reclamar la memoria de su tío-abuelo, ya no lo esperaban porque Manuel Vázquez Moro no tenía hijos y pensaban que nadie vendría a exigir justicia tras su fusilamiento, pero aquí esta una mujer que lucha hasta la victoria, aquí ha venido a pedir verdad y reparación aunque el heroico Gobernador Civil repose en una fosa común del cementerio de Santa Cruz de Tenerife donde han construido encima todo un entramado de nichos, posiblemente para ocultar dichos crímenes de lesa humanidad, obstaculizando que estos hombres de bien puedan ser exhumados algún día, para que los apellidos de los asesinos vinculados a los partidos más corruptos del actual régimen español no salgan nunca a la luz.

Esto no acobarda a Laura, ella sigue sonriendo, enarbolando la bandera de la República con el anagrama de la Agrupación Federico García Lorca, la ejemplar organización donde milita junto a otros familiares de exiliados españoles en la Argentina, no pierde la esperanza es inagotable, se va a en breve para Buenos Aires con ansias de de volver y seguir recuperando esa memoria pisoteada, la dignidad de su tío abuelo, la de su familia, la de las miles de víctimas del franquismo en Canarias y todo el estado español.

Quienes hemos sufrido en nuestras familias el genocidio fascista sabemos bien lo que ronda por la cabeza de Laura, esa sensibilidad que brota ante cualquier fosa exhumada, las lagrimas de emoción ante cada avance en la recuperación de la memoria democrática en un país llamado España donde su régimen de borbones y gürteles sigue tapando vergonzosamente el terrorismo de estado, los cientos de miles de asesinatos fascistas, el rostro de los sanguinarios torturadores, los nombres de quienes sembraron de sangre y muerte cada rincón, cada pago, cada pueblo, cada ciudad, cada cuneta, cada fosa, cada pozo, cada sima, cada agujero volcánico.

Con Laura no nos sentimos tan solos, compartimos la misma lucha, el mismo fragor libertario y democrático, como ella miles de personas en Canarias, España, Argentina seguimos apostando por cerrar heridas haciendo justicia, exhumando fosas, juzgando a los criminales fascistas estén vivos o muertos, reparando el dolor de nuestras familias, construyendo un futuro donde cada espacio del terror sea abierto, cada lugar de tortura y exterminio tenga su homenaje y reconocimiento, cada hueso sea recuperado con el honor que merecen como héroes de la libertad.

¡Gracias inmensas Laura de corazón, nos seguiremos viendo en la lucha en las calles y alamedas de las dignidad!

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Laura Puga en Las Palmas de Gran Canaria (Foto ALEJANDRO RAMOS)

miércoles, 19 de julio de 2017

La sombra del tiempo

Valentina entonaba una canción junto a Locomotoro, el Capitán Tán miraba por un telescopio pequeñito las estrellas que podía abarcar la exigua pantalla de televisión en blanco y negro de la comisaría del viejo barrio de San Andrés, al sargento Cristo Fumero le gustaban los Chiripitifláuticos, aprovechaba los interrogatorios para hacer un descanso y sumirse en aquel sueño perdido. Los gritos y alaridos de los torturados no inmutaban su cara de niño realejero, todo lo contrario, se metía más en el papel, sentado sobre el banco de madera con las manos manchadas de sangre.

La rutina más siniestra cada día en aquellos finales de los 60, cuando habían llegado noticias recortadas del asesinato del guerrillero heroico, de que en París los jóvenes levantaban los adoquines para que crecieran flores entre el asfalto.

Detener, torturar, maltratar, vejar, humillar, encarcelar era la consigna y contaba con el beneplácito de gran parte del pueblo, de empresas, constructoras, curas y obispos que respaldaban al régimen fascista en aquellos años negros.

Las islas no despertaban de la pesadilla de los años 30 y 40, cuando el genocidio sin guerra se llevo la vida de miles de canarios, esa losa de horror sigue pesando, se lleva en las entrañas de la conciencia, allí donde el terror deja marcas eternas.

El sargento chiripitifláutico veía como los promotores del crimen iban reciclando ideas para el cambio que se avecinaba, seguir robando, enriqueciendo sus fortunas en lo que empezaban a llamar “democracia”, y no era más que una burda mentira para que los mismos asesinos y sus herederos siguieran en el poder para siempre.

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lunes, 17 de julio de 2017

Ya está pagado de sobra con mucha sangre y dolor

“Eso está pagado, no hemos  pedido, ni debemos a nadie nada”, le dijo Ascensión al ultraderechista alcalde del PP de Guadalajara, está pagado el asesinato de estado de su padre Timoteo Mendieta, a manos de la terrorista caterva franquista fundadora de este partido, la misma que avaló con su firma sentencias de muerte y ordenó a sus esbirros uniformados disparar contra los obreros en Vitoria.

2.057 euros en tasas pretenden cobrarle a esta honesta luchadora por recuperar los restos de su padre tras 30 años de lucha, una cantidad de dinero que muestra el carácter encubridor de un partido con fama de podrido, con miles de casos de corrupción política entre sus cargos públicos, que no se corta a la hora de encubrir a los asesinos fascistas, poniendo todo tipo de trabas para que la memoria y la justicia dignifique a quienes reposan bajo tierra con tiro en la nuca y cal viva, héroes y heroínas masacradas por defender la democracia y la libertad en la legítima democracia republicana.

El rostro triste de Ascensión Mendieta refleja el de cientos de miles de familiares que siguen resistiendo a pesar de su avanzada edad para poder abrazar sus huesos amados, el de otros miles de entrañables seres humanos que han muerto esperando ese acto de justicia universal que el vergonzoso régimen español deniega, demostrando su estructura nacional-católica encabezado por una desprestigiada monarquía elegida a dedo por un criminal de lesa humanidad llamado Francisco Franco.

Habla esta carroña política de Venezuela mientras provocan que en su España de pelotazos, robos y putas caras, gente honrada y de bien como esta gran señora no puedan recuperar a sus muertos, encubren crímenes horrendos, torturas brutales, violaciones de derechos humanos, abusos sexuales, robo de niñas y niños, saqueo de propiedades, llenándose la boca de su corrupto concepto de “democracia” mientras protegen a sus sanguinarios abuelos y padres políticos y biológicos.

El ejemplo de Ascensión inunda este desgraciado país de esperanza, es la voz de la memoria, la mirada de una democracia secuestrada por monstruos, la brisa fresca y libertaria que agita las hojas para que un día se haga justicia y se abra cada fosa, cada cuneta, cada pozo, cada agujero volcánico donde reposan acribillados a balazos lo mejor de la historia de nuestro pueblo.

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Ascensión Mendieta, durante la exhumación de los restos de su padre. | REUTERS

miércoles, 28 de junio de 2017

La sombra marina de los sueños

Las rayas negras como azabaches llegaban lentas en la majestuosa nocturnidad del puerto de La Aldea de San Nicolás, algunas venían de lo más lejano del Atlántico en pareja, otras solas como la luna de San Juan, recorriendo y bordeando la orilla repleta de peces y vida oceánica. Parecían volar sobre el agua limpia como bailando lentas una nueva oración del remanso, la melodía más triste de aquella inmensa soledad, la de finales de junio del 36, cuando ya estaba organizado el genocidio.

Las dos niñas, Dolores y María, descalzas contemplaban aquellos seres mágicos, casi podían tocarlos, acariciarlos bajo el manto salado y frío, ambas desconocían lo que pasaría en menos de veinte días, que los fascistas se llevarían para siempre a sus padres Diego y Facundo, la madrugada más negra de sus vidas cuando el camión de los falangistas llegó de Agaete tras los coches de la “Brigada del amanecer”.

El año siguiente también en junio las dos, ya adolescentes, el mismo día a la misma hora sentadas, muy pegaditas para evitar el frío del viento sur del verano isleño las vieron llegar, venían a grupitos, muy negras, parecías naves nocturnas al amparo de la madrugada y en los momentos que jugueteaban se veía el blanco intenso de la parte inferior de sus cuerpos.

Loly cogió de la mano a María, se la apretó con cariño, rememoraron en silencio a sus padres, recordaron los días de pesca en la remota playa de Guguy, cuando aparecían en la noche las tortugas gigantes a poner los huevos en los agujeros de la arena, ese instante de quedarse los cuatro paralizados, mirando con asombro, viendo aquellos monstruos salir de las profundidades marinas, volviendo después de treinta años al mismo lugar donde nacieron.

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Pintura de Dimitra Milan (Arizona, Estados Unidos)

jueves, 22 de junio de 2017

Piojos, liendres y pulgas en las políticas del PP

José Miguel Álamo, concejal del PP en el ayuntamiento de Las Palmas GC, ha denunciado que en el Centro Ganigo, donde dicha institución pública acoge a personas en exclusión social, hay piojos, pulgas y liendres, crítica la mala gestión del grupo de gobierno municipal (PSOE-Podemos-Nueva Canarias) y de su concejal de Servicios Sociales, Jacinto Ortega.

No habla el edil de la derecha cavernaria de las políticas austericidas de su partido en los últimos años, del aumento desmesurado del hambre infantil, de los miles de suicidios por razones económicas, de leyes fascistas como la de la “Mordaza”, de las cientos de miles de personas enfermas dependientes asesinadas por la retirada de las ayudas, del holocausto social de los recortes, de las cientos de tramas de corrupción de miembros destacados de su propia organización política, caracterizadas por un saqueo generalizado de miles de millones de euros de los presupuestos del estado.

Los piojos, las liendres y las pulgas para los privilegiados señoritos y señoritas del PP son inherentes a los pobres, a los nadies, a los que la diputada Andrea Fabra gritó su vomito de odio de clase con el famoso ¡Qué se jodan! celebrando otro nuevo atropello a sus derechos, a las millones de personas que han conducido a la pobreza extrema en el estado español con sus salvajes medidas neoliberales, con la vergonzosa aplicación de los criminales ajustes de entidades mafiosas como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o la Troica.

Es muy triste que este concejal hable de “plagas”, casi bíblicas, en un centro de personas sin hogar, donde es normal que quienes ingresan o acuden a comer o asearse por vivir en la calle puedan tener cualquiera de esos insectos encima, pero omita mencionar a las cientos de miles de familias que en este municipio sufren la verdadera plaga de un gobierno español sin escrúpulos, que no respeta derechos ancestrales, conseguidos a sangre y fuego en luchas históricas y que en pocos años han reducido a cenizas, privatizaciones, tramas mafiosas y otras juergas con putas de lujo y rayas de coca servidas en paelleras, tal como estamos viendo estos días una vez más, y ya son miles de veces, en los medios de comunicación.

El señor Álamo, el señor Cardona, antiguo alcalde, que machacó los derechos de los trabajadores municipales con sus perros de presa en el Servicio de Recursos Humanos, perdiendo en los tribunales todas esas asquerosas medidas vulneradoras de derechos fundamentales, nos vienen ahora a hablar con su hipocresía desmedida de “piojos y liendres”, de mejorar unos servicios sociales que no dan abasto para soportar tantas víctimas del genocidio social generado por un régimen manejado por psicópatas, por malhechores de coche oficial, sinvergüenzas a los que no les tiembla el pulso para firmar nuevas medidas para seguir destruyendo los pocos derechos que nos quedan.

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